Una entrevista con José "Pepe" D'Elía

"Reivindico la lucha de los trabajadores y la unidad sindical"

Un día antes del pasado 1º de Mayo, LA REPUBLICA entrevistó es su casa al presidente honorario del PIT-CNT. En la nota, el mítico gremialista reflexionó sobre su vida, sintetizada en seis decenios de militancia gremial. Lo que sigue es un resumen de la charla.

N.D.

Con 88 años, y setenta de militancia gremial, el presidente honorario del PIT-CNT no claudica en sus postulados. En su casa, ubicada sobre la avenida Larrañaga, D´Elía recibe a este cronista recostado sobre una silla. Tiene un ejemplar de la publicación «Trabajo y Utopía». El amplio ventanal, ubicado a su derecha, le sirve como velador de las lecturas que ocuparon gran parte de su vida.

–¿Recuerda cómo fueron sus comienzos como sindicalista?

–Empecé a colaborar a nivel gremial hace setenta años. Era un adolescente de 17 o 18 años. En ese entonces me interesaba colaborar en la parte de propaganda, reparto de volantes y pegatinas de carteles. Empecé a militar en el comercio y, simultáneamente, en la Juventud Socialista. A mediados de la década del sesenta ingresé en el Sindicato de la Industria del Medicamento y Afines (SIMA). En realidad, por el año 65 comenzamos a tratar de unir la organización de trabajadores del sector. Hasta ese entonces, los trabajadores de los laboratorios estaban divididos entre aquellos encargados de la parte de producción de medicamentos y los visitadores médicos y administrativos. Con el transcurso de la gestión sindical logramos unir ambas partes. Conseguimos, a través de una acción bastante dilatada, reunirnos todos los trabajadores, sin distinción, de los laboratorios. Así fue como se creó el SIMA.

–¿En qué laboratorio trabajaba usted en ese entonces?

–Estuve en el Fármaco Uruguayo, en el Abott, en el Greco, donde trabajé más años.

–Finalmente terminó siendo presidente de la histórica Central Nacional de Trabajadores hasta 1973 cuando la dictadura prohibió la organización sindical…

–El término usado por el gobierno de entonces fue «ilegalización». Así fue como se decretó que la CNT era, desde ese momento, una organización ilegal. La dictadura empezó a requerirse a los dirigentes que pasamos a ser personas «non gratas»… El coronel Bolentini, entre muchos otros, fue una de las personas que más se ensañó con nosotros.

–¿Y cómo fue la vida del movimiento sindical y la suya durante ese período?

–Antes que nada quiero decirte que previo a la prohibición fue una época muy dinámica, muy fermental. Estaba el Mayo Francés, la Revolución Cubana, el mundo era posible. Durante la ilegalidad nos continuamos reuniendo con los compañeros que aún estaban activos. En mi caso personal, viví a salto de mata como le dicen. Me mudé varias veces, nos reuníamos en diferentes lugares a escondidas. Seguimos trabajando, reuniendo en distintos lugares, como ferias vecinales y parroquias.

–Alguien me dijo que algunas de las reuniones «subversivas» tuvieron lugar en Rondeau y Mercedes…

–Claro, existieron muchas reuniones, en el local de un comercio facilitado por unos amigos. También teníamos una red de contactos en el exterior. La CNT llegó a concitar a treinta y cuatro organizaciones de diferentes países. Esto nos permitía seguir trabajando desde, digamos, la clandestinidad. Tuvimos mucha solidaridad, ideológica, de clase y económica, de trabajadores que estaban en el exterior.

–Tras la «desaparición» de la CNT, y previo a la salida de la dictadura, comenzó a formarse el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT). ¿Cómo fue ese proceso?

–Las primeras reuniones para la creación del PIT se hicieron en la Asociación de Cristianos del Uruguay. Posteriormente, me nombraron presidente honorario del PIT-CNT.

–¿Y qué se siente ser un referente ineludible para el movimiento sindical uruguayo?

–Para mí, la militancia sindical que desarrollé durante todos estos años es algo normal para cualquier trabajador. Siempre lo hice en forma totalmente honoraria, sin importarme horarios, ni réditos personales. Si me preguntas cuáles son las diferencias con las actuales generaciones de dirigentes gremiales, te digo que ninguna. Nos une el mismo objetivo: las reivindicaciones de la clase trabajadora por encima de las discrepancias. Si todavía hay discrepancias son por falta de profundización en los puntos de vista que tiene que tener el movimiento sindical. Estamos todos en la misma línea. Pedimos, hoy como ayer, trabajo, salario digno, enseñanza popular, vivienda y salud. Todos los temas que hoy está padeciendo el movimiento obrero. Sigo reivindicando la lucha por los derechos de los trabajadores y la unidad del movimiento sindical. *

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