Richard Read, presidente del sindicato de Pilsen y de la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida

"Todavía quedan empresarios vernáculos del siglo dieciocho"

-¿Cómo evalúa el sindicato el acuerdo alcanzando, teniendo en cuenta que no existen precedentes en la sindical uruguaya?

-Esto es una vieja reivindicación del movimiento sindical uruguayo. Lo que vemos, como resultado, desde el punto de vista político, es que se puede. Para poder lograrlo, primero los dirigentes sindicales tienen que estar convencidos de que es posible. Si la dirección sindical no está convencida que las utopías son posibles, es muy difícil lograr un acuerdo de esta magnitud. Cuando las grandes propuestas son solamente eslóganes y no se tiene detrás de las propuestas una convicción de que es posible, normalmente caen en el fracaso. Lo segundo es una demostración al sector empresarial de que es posible discutir la reducción de jornada laboral sin pérdida de salario, donde también las empresas se vean beneficiadas. Porque en este acuerdo con la Fábrica Nacional de Cerveza, la empresa se ve beneficiada. Tiene dos horas más de producción por día con la misma dotación.

-La empresa planteaba dos turnos de ocho horas…

-Exacto. Nosotros le planteamos tres turnos de seis horas y media, que serían diecinueve horas y media. Y le garantizamos dieciocho horas de producción. Por lo tanto, son dos horas más de producción. Esto rompe los esquemas de prejuicios que se ha tenido permanentemente por parte del sector empresarial. Muchos sindicatos han planteado la reducción de la jornada laboral y la respuesta siempre fue negativa porque las patronales han ideologizado, casi con un tinte partidario, el debate.

La experiencia obrera

-Pero en el caso de su sindicato se dio a la inversa.

-Nosotros fuimos a discutir técnicamente. Obviamente que tiene un trasfondo ideológico y político. Pero la discusión con la patronal fue técnica. Le demostramos que es posible trabajar una hora y media menos por turno produciendo más, sin perder salario. Claro que esto no nació de la noche a la mañana. Esto tuvo como sustento argumental la vivencia del obrero frente a la máquina. ¿Cómo sostuvo el sindicato y argumentó la reducción de la jornada laboral? Con la vida diaria del obrero en la máquina. Creamos una comisión de trabajo con los obreros que están vinculados a la producción. Nadie mejor que ellos conocen cómo funcionan las máquinas y la producción. Es parte de sus vidas. Esa vivencia solamente la genera el trabajador. No la genera ni el técnico ni el ingeniero que conduce la fábrica. En Japón, Toyota y Nissan crearon, a fines de la década del ochenta, los círculos de calidad. Sabiendo que el obrero tenía conocimientos que a ellos no les llegaban por la teoría, utilizaron a los trabajadores para que les entregaran a la empresa sus experiencias de vida ante la máquina. La empresa recogió esa experiencia, aplicó los círculos de calidad y fue un desastre. Lo mismo ocurrió en Argentina en la década del noventa.

-¿Y cómo fue el proceso en el sindicato de Pilsen?

-A la inversa. La experiencia obrera la capitalizó el sindicato. No se le entregó a la fábrica como una dávida de círculos de calidad. Siempre estuve en contra de los círculos de calidad porque entiendo que lo que hace la empresa es succionar la experiencia obrera. Les quita sus conocimientos que es patrimonio del obrero. En el sindicato de Pilsen, desde hace once años, empezamos a tener un banco de datos con la experiencia de los trabajadores. Fuimos albergando toda esa información y la empresa no tuvo argumentos en contra nuestro. Lo que nosotros sabíamos, lo aprovechamos para beneficio nuestro.

Cambio de mentalidad

-¿Cómo recibió la empresa la propuesta de la reducción horaria sin pérdida salarial?

-Discutimos la propuesta técnicamente y en quince días la empresa la aprobó. Fue contundente. También, hay que ser sincero, encontramos por parte de la empresa una disposición a sentarse a discutir. Esto fue posible porque las dos partes se acercaron.

-El hecho marca un precedente en el seno del PIT-CNT. ¿Cuáles han sido las repercusiones a nivel del movimiento sindical?

-Excelentes. El Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT nos recibió dos veces, la semana pasada y ayer (por el lunes), y están dispuestos a impulsarlo donde se pueda. Hemos recibido un apoyo muy importante de la Central Obrera. En la asamblea final estuvo un representante del Secretariado Ejecutivo y el economista Daniel Olesker del Instituto Cuesta Duarte.

-¿Cree que esta experiencia es extrapolable a otros gremios y sectores de la industria?

-Sí, creemos que es extrapolable, obviamente con sus matices y dependiendo de cada gremio y sector de producción. Habrá que ir viendo en la industria, en las ramas de producción, la aplicación de la misma. Puede llegar a ser difícil aplicarlo linealmente, a rajatabla, en todos lados. Pero independientemente de esto, lo que acá debe haber es un cambio en la mentalidad del empresariado. La derecha habla de que algunos sectores de la izquierda vernácula son setentistas. Yo diría que hay empresarios vernáculos del siglo dieciocho, que bregan por trabajar doce horas por día y no ocho. Esos empresarios se tendrían que preparar. Por ignorancia desconocen y rechazan, sin ningún miramiento, cualquier propuesta que provenga del lado sindical. Como bien dijo Olesker, este hecho que alcanzamos marca un antes y un después dentro de la historia del movimiento sindical uruguayo. *

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