Cuatro dirigentes gremiales explican cómo se preparan para el cambio de hábitos en caso de ser electos

La clase obrera va al Parlamento

Pese a que aún resta definir estrategias electorales en las internas partidarias, sectores del EP-FA han comenzado a manejar los nombres de algunos sindicalistas como posibles candidatos a ocupar un lugar en las listas a Diputados.

El Partido Comunista del Uruguay parece ser el más avanzado en la materia, ya que viene manejando la posibilidad de incluir a cuatro dirigentes gremiales. Ellos son Juan Castillo, presidente del Sindicato Unico de la Administración Nacional de Puertos (Suanp); Jorge Bermúdez, secretario general de la Federación Uruguaya de la Salud (FUS); Luis Goichea, presidente de la Asociación de Empleados y Obreros de Conaprole, y Jorge Castro, de la Asociación de Funcionarios de la Universidad de la República. A excepción de Bermúdez, el resto de los gremialistas integra el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT.

Por su parte, el Partido Socialista estudia incluir al presidente de la Federación Ancap, Hugo de Mello, y al secretario general de la Unión Ferroviaria –también integrante del Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT–, Juan Silveira.

En el caso de Castillo fue propuesto por el Comité Central del Partido Comunista para encabezar la lista a Diputados en las próximas elecciones. La iniciativa fue ratificada por la Conferencia Departamental de Montevideo del PCU que, a la vez, propuso que el primer lugar en la lista de Democracia Avanzada fuera ocupado por Doreen Ibarra, candidato del Frente Izquierda de Liberación (Fidel).

Por lo tanto, aunque Castillo sea electo para encabezar la lista a la Cámara baja por el Partido Comunista (a dirimirse este fin de semana cuando se realice el 4º Congreso Extraordinario, aunque todo indica que así será), el gremialista ocupará el segundo lugar de la lista.

«Esta vez hay expectativas reales de ser electo», concede Castillo, y acota: «Apostamos a que el Encuentro Progresista-Frente Amplio gane en la primera vuelta. Por eso es que Democracia Avanzada se ha trazado un objetivo claro: tratar de lograr un porcentaje de votantes afín y acorde a la historia del Partido Comunista», sostuvo el sindicalista.

El objetivo al que refiere Castillo es que Democracia Avanzada pueda lograr el 10% del electorado interno de la coalición de izquierda. De concretarse esta aspiración, y traducida a sufragios, significaría unos 110 mil votos y, por ende, una banca en el Senado y dos en Diputados, al menos por Montevideo.

El dirigente del Suanp dice ser consciente de que su candidatura, a seis meses de las elecciones nacionales, podría ser utilizada por algunos sectores políticos para acusar a la izquierda de «manejar» a la Central de Trabajadores. Pero contraataca y dispara: «¿Por qué ningún periodista le pregunta a los empresarios si no es contradictorio ser representante de ese sector y legislador? El ex ministro de Economía Alberto Bensión fue puesto al frente de esa cartera de Estado por Batlle, sacándolo de la presidencia de la Asociación de Bancos del Uruguay, que es el gremio de los banqueros».

Pero, al parecer, las reglas de juego –o la falta de ellas– están claras en la campaña electoral. «Seguramente la derecha salga a golpearnos. Como me han golpeado toda la vida, incluyendo a la izquierda. Estoy acostumbrado a luchar con tirios y troyanos. Entiendo que esto es parte del debate ideológico. Hasta ahora he dicho en todos los lugares que el Partido maneja nuestro nombre para postularnos como candidato, pero no estoy diciendo que vaya asumir. No me siento diputado. No creo que sea mi perfil», sostiene el gremialista.

«Independencia política e intereses de clase»

El secretario general de la Unión Ferroviaria, Juan Silveira, aclaró que, más allá de que su nombre se maneje en las socialistas, aún resta que la convención partidaria, a realizarse el 8 de mayo, se expida al respecto.

«Hasta este momento, más allá de comentarios, no he sido propuesto como candidato a integrar la lista a Diputados. El Partido Socialista es democrático y, en ese marco, definirá mi situación. De mi parte no está planteada ninguna expectativa, ni cambio de rol, mientras no haya una definición», señaló Silveira

Para el dirigente de la Asociación de Funcionarios de la Universidad de la República, Jorge Castro, no existe contradicción entre la militancia sindical y la actividad política. Asegura que los gremios que componen el PIT-CNT mantienen su independencia de clase, por encima de intereses partidarios.

«La derecha no tiene autoridad para hablar del tema. Nosotros también podríamos referirnos a la cantidad de integrantes de las cámaras empresariales y de la Federación Rural que han pasado al terreno político, sea como representantes legislativos o en cargos de gobierno. En definitiva, nunca hemos ocultado al movimiento sindical que también somos dirigentes políticos. La derecha siempre va a utilizar argumentos tratando de fortalecer su tesis de presentar al movimiento sindical como politizado», afirma Castro.

Para el secretario general de la Federación Uruguaya de la Salud, Jorge Bermúdez, el tema no admite dos lecturas.

«Prefiero votar toda la vida a un trabajador, que a un banquero, un estanciero o a un abogado, que en definitiva están más lejos de la concepción que tienen del mundo los trabajadores».

Al igual que para el resto de sus compañeros, el secretario del sindicato de la salud sostuvo que, ante todo, se debe diferenciar la militancia gremial de la actividad política.

«Cuando el secretario de la FUS va a una ocupación, a una marcha, o a un paro, lo hace en carácter de dirigente sindical, no de dirigente político. ¿Por qué la derecha no mira cuando Ruperto Long era directivo del LATU, u otros integrantes de la burguesía que ocupan cargos legislativos o de gobierno? Es una falsa contradicción inventada por la derecha», subrayó Bermúdez.

En este sentido, rescató la independencia histórica del movimiento sindical –desde la creación del Congreso Nacional de Trabajadores (CNT) pasando por la fundación del Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT)– en la defensa de los intereses de la clase trabajadora.

«Somos muy respetuosos de las distintas expresiones políticas. Uno de mis mejores compañeros gremialistas es del Partido Colorado. Yo, siendo militante del Partido Comunista, me siento orgulloso de luchar codo a codo con este compañero, o con otros del Partido Nacional. Lo tengo muy claro. Eso lo marca la historia del movimiento sindical uruguayo», manifestó el dirigente de la salud.

«Uno es sindicalista y defiende los intereses de los trabajadores», señaló Silveira. «En ese marco, es lógico que integre un partido político, en este caso el Socialista, que entiendo es el que mejor defiende los intereses de los trabajadores. La fase sindical llega hasta cierto nivel y la conducción política del país no la hacen los gremios, sino los actores políticos. En este contexto, tratamos de incidir de la mejor manera», sostuvo el sindicalista.

«Otro escenario, los mismos roles»

De las expresiones de Castillo se desprende que el cuerpo legislativo parece no seducirle, aunque su partido político sí parece decidido a llevarlo a la Cámara baja. «De todas formas, el Partido quiere quedarse con la decisión de en qué momento voy a asumir la banca, si es que la obtengo. De plano está descartado que en los primeros años de gobierno no va a ocurrir», señaló el sindicalista.

No obstante, sostuvo que «alguna vez los sectores políticos de nuestro país, e incluso los sectores políticos de izquierda, vamos a tener que entender de una vez por todas que hay hombres y mujeres que tenemos asignados determinados roles en la vida. Me siento totalmente identificado con la tarea sindical. Me gusta defender los intereses de los trabajadores desde la
tribuna del movimiento sindical, aunque no veo una contradicción, ni reniego, de la actividad política parlamentaria».

En tanto, Castro, aclaró que primero resta esperar la resolución del congreso del PCU, para después evaluar, a nivel personal, la transición del ámbito gremial al ámbito político, pese a que a su juicio, la política no está divorciada de la actividad gremial.

«En todo caso, la actividad política se puede entender como una continuidad de la militancia gremial. No es una invención, es un hecho que se da en forma real, máxime teniendo en cuenta que, en definitiva, la solución a los grandes problemas nacionales se resuelven a nivel político. Tal vez sea un plano distinto, pero en definitiva tiene que ver con llegar al Parlamento para defender los intereses de los trabajadores. Tal como ha sido nuestra postura hasta el día de hoy», manifestó Castro.

Para el dirigente de la Unión Ferroviaria, el cambio de rol, en caso de concretarse, ratifica la conducta del movimiento sindical uruguayo.

«No cabe la menor duda de que quienes trabajamos en el movimiento sindical podemos mejorar las condiciones de los más desprotegidos. Por esa misma razón integro un partido de izquierda. No vamos a cambiar nuestra filosofía en caso de llegar al Parlamento. En todo caso, seremos una expresión genuina de los trabajadores en el Parlamento. Eso es una muletilla de los partidos tradicionales. Actuamos en función de los trabajadores», afirmó Silveira.

Al respecto, Bermúdez precisó que, en su condición de afiliado al Partido Comunista del Uruguay desde 1990, no va a ser diputado.

«Voy acompañar en un lugar de la lista como ciudadano afiliado a un partido político. En el Interior, caso Bella Unión, o Tacuarembó, las patronales son integradas por prominentes dirigentes del Frente Amplio. Sin embargo, con esas patronales hemos tenido fuertes discusiones. Esto reafirma la independencia de los trabajadores», afirmó el gremialista.

Por su parte, Castillo acotó que el tema también pasa por no descuidar, frente a la posibilidad de que la izquierda acceda por primera vez al gobierno nacional, las estructuras político partidarias ni las organizaciones sociales.

«Hay que pelear por el gobierno sin descuidar las demás cuestiones sociales de la vida del país. Va a ser un desafío histórico acceder al gobierno para el Frente Amplio. Pero pelear por la conquista del gobierno no supone el vale todo, o el abrazarnos con quien sea. Necesitamos claros referentes que continúen conduciendo esos sectores», afirmó Castillo.

De lo contrario, advirtió, el Encuentro Progresista-Frente Amplio podría cometer los mismos errores que la izquierda en otras partes del mundo. Un ejemplo claro al que refiere el dirigente fue la experiencia del Partido Socialista de España durante su anterior gobierno. Casi el cincuenta por ciento de los dirigentes sindicales eran candidatos políticos, lo que devino en un vaciamiento de cuadros de la estructura sindical.

«Al final, no hizo bien ninguna de las dos cosas. Y lo pagó muy caro. Después la derecha gobernó por casi tres períodos en ese país», afirmó el gremialista. *

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