Homenaje póstumo a Juan Gutiérrez

Vendió bonos de rifas, instaló un carro de chorizos, y hasta puso dinero de su propio bolsillo. Todo hizo Juan Gutiérrez para terminar de pagar, sin la ayuda de nadie, el local del sindicato de Obreros Curtidores. Murió ayer. Hoy será homenajeado por todos.

El terrorismo de Estado se había instalado en Uruguay. Corría 1974 y Gutiérrez había sido destituido. El local del sindicato, comprado a pura cuota, en 1972, corría riesgo de desaparecer, al igual que los compañeros arrasados por la represión fascista.

Nadie se lo propuso. Nadie se lo pidió. Gutiérrez asumió como propia la tarea. No escatimó esfuerzos humanos ni materiales. Pero logró mantener abierto el local sindical que luego se transformaría en un centro de referencia para los militantes contra la dictadura.

Había sido durante años secretario general de la Unión de Obreros Curtidores. Su cargo ya no existía. El sindicato estaba proscrito. Sólo quedaba en pie el local. Gutiérrez tuvo que llegar al extremo de hacerse cargo hasta del pago de la contribución inmobiliaria.

Hoy será velado donde vivió: la Cooperativa 3 de abril, en Luis Batlle Berres y Camino de Las Tropas. El entierro será en el Cementerio del Cerro. Un homenaje póstumo hará justicia a su memoria.

A las 11 de la mañana, el cortejo fúnebre desviará su trayecto para detenerse frente al aguerrido local sindical, en la calle Santa Lucía 4874 esquina Aldao. Allí estarán todos: viejos compañeros de luchas y los nuevos curtidores que cumplirán un paro zonal. Es que Gutiérrez fue uno de esos militantes, tan imprescindibles como humildes, que hacen posible el progreso de la Historia, y además enseñan, con su ejemplo, el camino de la dignidad obrera. *

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