Clases, tests, entrevistas y diplomas para puestos laborales que al final no aparecen

Crisis genera "engaños" y cobran cursos con la promesa de empleo

Jorge Reynaldo Ramos estaba sin trabajo. A los 40 años y con tres hijos de 14, 11 y 8 años a cargo, «pelearla con uñas y dientes» es más que una expresión convencional. Apenas si el salario de su mujer, estaba parando la olla.

El domingo, consiguió el Gallo Luis, y decidió que encontraría algo. Lo que fuera, pero tenía que conseguirse un trabajo ya.

Buscaba lo que fuera, pero a pesar de sus conocimientos generales, el mercado laboral al que podía acceder era ínfimo.

Decidió entre los avisos que pedían guardias de seguridad. Eligió el que le parecía más serio, el que aparentemente garantizaba alguna ventaja para el trabajador sobre los otros. El lunes se presentó.

«Al principio todo iba bien. Pero a mí y a otra docena de aspirantes nos dijeron que el trabajo era nuestro, incluso en qué cadena de supermercados íbamos a trabajar. Pero nos anticiparon que debíamos hacer un curso, como exigencia imprescindible», relata Jorge Reynaldo.

El curso, faltaría más, debían pagarlo.

Les cobrarían 500 pesos a cada uno; trescientos pagaderos en el acto y los otros doscientos a descontar de los primeros haberes.

 

Todo por un trabajo

Así comenzó sus clases en el Instituto Uruguayo de Seguridad, sito en Convención 1382, oficina 611.

Durante cinco días hábiles corridos, asistió tres horas diarias a dos «materias» impartidas por sendos docentes: la abogada Ma. José Britz y un «perito» militar que se presentó como retirado de la Fuerza Aérea Uruguaya, cuyo nombre, Reynaldo no recuerda.

«Las clases eran básicamente con el militar, referidas a qué actitud asumir cuando ocurriera algo fuera de lo normal; con la abogada, eran las responsabilidades en que incurríamos legalmente, según asumiéramos una u otra conducta en las circunstancias de prevención para las que supuestamente íbamos a ser contratados», relata.

Agrega que existían serias dudas entre los alumnos, «en tanto muchas veces lo que nos decían en una clase que debíamos hacer, era lo que nos decían en la otra que si hacíamos, podíamos tener problemas legales. Llegamos a encarar a los que nos enseñaban ante esta situación: el ex militar nos dijo que él tenía la razón». Después supimos que la abogada había renunciado a seguir dando clases.

Cuando llegó el viernes, Jorge Reynaldo se diplomó.

Efectivamente, en letras negras que ocupan la quinta parte de una hoja tamaño oficio dice: DIPLOMA.

Debajo, en un diseño aproximado al de una bandera nacional (con un sol curiosamente parecido al de la bandera del Partido Colorado) se lee: «INSTITUTO URUGUAYO DE SEGURIDAD. El Instituto Uruguayo de Seguridad otorga el presente título a: Jorge Reynaldo CI Nº……, por haber aprobado el curso de: GUARDIA DE SEGURIDAD SIN ARMA. Según Acta Nº 25 del 27/06/2003″. La fecha y la firma de Gustavo Costa Cayetano Director.

A quien pudiera cuestionar alguna circunstancia de este curso, Jorge Reynaldo presenta otro documento de evaluación que también le fuera efectuado en el «instituto».

Bajo igual identificación del Instituto Uruguayo de Seguridad, el título en letras negras y subrayado: CERTIFICADO DE APTITUD PSIQUICA.

«El Sr. Jorge Reynaldo Ramos CI Nº…, ha sido evaluado psicológicamente (tests y entrevistas) para indagar si su estructura de personalidad es apropiada para el perfil de guardia de seguridad.

El mismo manifiesta cierto control de sus impulsos, con un nivel de agresividad adecuada para la resolución de situaciones acorde al cargo. En suma: SU PERFIL SE ADECUA PARA DESEMPEÑARSE COMO GUARDIA SIN ARMA. Expido el presente certificado en Montevideo, etc. etc. Firma: Lic. Angela Quartarolo Habilitación M.S.P. 475 L:34/2 F:159″.

Más allá de cualquier cuestionamiento técnico, que no es el objeto de esta nota, cabe preguntarse si una persona que «manifiesta cierto control de sus impulsos», no carecerá del control cierto imprescindible para una tarea de está índole en cualquier ocasión.

Curiosidad extra lo constituye el «nivel de agresividad adecuada (…) acorde al cargo». ¿Cuánto es el nivel de agresividad mínimo, para un guardia de seguridad sin arma?

LA REPUBLICA intentó contestar ésta y otras preguntas, pero el teléfono del Instituto, ha dejado de serlo, informa Antel. Tampoco hay otro alternativo.

A propósito: Jorge Reynaldo ni tampoco ninguno de sus doce compañeros del curso lograron jamás el puesto de guardia de seguridad que se les había comprometido si alcanzaban el diploma. Tampoco se les dieron más explicaciones. El Instituto, sigue buscando guardias en el Gallo Luis. *

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