Este año se "quebraron" históricas tasas de desempleo en el Uruguay
Recuerda Guerra que en el primer trimestre del año se comenzó con una ya alarmante tasa de desempleo del 14.8%. Pero, el último dato del año (correspondiente al trimestre agosto-octubre), la sitúa en 19.2%, una cifra que coloca al Uruguay como el quinto país en el mundo con mayor tasa de desempleo, luego de Macedonia, Argelia, Yugoslavia y Argentina durante ese período. Hoy Argentina tiene una tasa de desempleo del 17.3%, por lo que Uruguay quedaría en cuarto lugar.
Las notificaciones oficiales que emanan del Instituto Nacional de Estadística, sólo cubren a la población urbana (ciudades con más de 5000 habitantes), dejando por lo tanto de lado al país rural. En segundo lugar, porque toda proyección al resto del país encuentra límites coyunturales, como es el caso de esa verdadera caja negra que representa la migración en las cifras oficiales.
Estas dos razones nos obligan a movernos con algunos supuestos, a saber: idénticas tasas en país urbano y país rural, y una población en edad de trabajar similar todo el año. De acuerdo a las proyecciones del INE; desconociendo por lo tanto el impacto de la mayor migración durante este año, indica Guerra.
Grave situación
En el primer trimestre del año con los desocupados llegaban a ser 231.545. Desde entonces, y con el correr de los meses, la situación se agravó en forma constante. Es así que los desempleados, de acuerdo a los últimos datos, llegan a ser 287.432 personas.
Para el profesional lo peor del año, sin embargo, es que el aumento del desempleo ha ido a la par de una caída vertiginosa en el número de ocupados. Lo que marca una conducta atípica a la vivida, por ejemplo, en la primera mitad de la década de los noventa, donde coexistieron aumentos de desempleo con mayor número de ocupados (esta conducta es explicable por un mayor aumento en la Población Económicamente Activa – PEA).
Este dato de la PEA es también significativo, explica Guerra. Las últimas encuestas van señalando una caída paulatina en el número de personas que están incluidas o quieren incluirse en el mercado de trabajo. Parece claro que los tiempos de recesión económica aumentan considerablemente la cantidad de «desalentados», esto es, personas desocupadas (ya sea despedidos o buscadores de trabajo por primera vez), que no entienden razonable perder tiempo y dinero en buscar un trabajo que muy difícilmente pueden llegar a conseguir.
¿Políticas activas?
Para Guerra es llamativo que en el marco de este año, tan terrible en materia de empleo, el escaso protagonismo del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (MTSS). A lo que se le debe agregar la ausencia significativa de políticas activas de empleo.
Sostiene en su trabajo Guerra que el primer objetivo de corto plazo debería ser no tanto la reducción del desempleo sino el aumento de la tasa de empleo. «Somos de la idea que las políticas activas de empleo -por ejemplo, creando fuentes de trabajo con sentido social- en marcos recesivos no conducen inmediatamente a la caída en las tasas de desempleo. Justamente porque son un mensaje alentador para varias decenas de miles de personas que engrosan lo que llamábamos ‘desempleo invisible’ y que hasta ahora forman parte de la ‘población inactiva’. El dato esperanzador debería venir de la mano del aumento en el número de ocupados, con la certeza que en el mediano plazo afecte positivamente la reducción del desempleo».
Para que ese cambio sea significativo, agrega el investigador, el otro mecanismo que debiera explorarse en estas circunstancias es, además la creación de políticas alternativas generadoras de trabajo.
«Si bien no nos podemos extender en este tema, valgan citar tres ejes propuestos: 1) Medidas dirigidas a la reflexión sobre el tiempo de trabajo y a su reducción; 2) Medidas dirigidas a la reflexión sobre la desvinculación de trabajo e ingresos; y 3) Medidas vinculadas a la potenciación de espacios desmercantilizados o con lógicas mercantiles alternativas»; indica Guerra.
Y, agrega, que «quienes pensamos en la pertinencia de este tipo de medidas, partimos de la base que estamos en presencia de una crisis de empleo que va más allá de la recesión, y que por lo tanto no es posible superar mediante políticas convencionales. O, en palabras de Gorz, «No hay que esperar nada de los tratamientos sintomáticos de la crisis, pues ya no hay más crisis: se ha instalado un nuevo sistema que tiende a abolir masivamente el trabajo».
Finalmente dice Guerra que si algo positivo deja este trago amargo del 2002, es que definitivamente se han acallado las voces simplistas que insistían en la liberalización del mercado de trabajo y en la flexibilidad total, como vía para el aumento del empleo.
Cualquier salida de aquí en más, por fortuna, deberá pensarse en clave de «pensamiento complejo».
Compartí tu opinión con toda la comunidad