Cómo fue el atentado de ayer

Eran las 2 y 30 de la madrugada de ayer. Ya habían partido al interior del país las camionetas trasladando los ejemplares. Los 11 canilludos (sucursaleros) se aprestaban a retirar los ejemplares para distribuirlos en Montevideo. Estaban aliviados porque la dirección de LA REPUBLICA les había comunicado que suspendía hasta nuevo aviso su plan de bajar a $15 el precio de los diarios los días sábados y martes, a los efectos de encontrar un acuerdo definitivo con el sindicato. Todo estaba pronto para la distribución. Hasta que alguien se puso a leer el diario y observó que la edición incluía el texto completo de la carta que Fasano le había enviado horas antes a Eddie Espert anunciándole que postergaba provisoriamente el plan de los $15 y le transmitía en tono firme aunque respetuoso sus discrepancias con la oposición del sindicato a un precio que garantizaba el acceso del diario a los sectores más postergados de la población.

A partir de ese momento todo fue tensión, nerviosismo y consultas telefónicas apresuradas. El encargado de turno de los sucursaleros comunicó de inmediato a Espert que el diario publicaba el texto íntegro de la carta de Fasano. Espert montó en ira y dio sin hesitar la orden liberticida: «El diario no sale, si está esa carta el diario no sale».

Todos los presentes quedaron fríos. Se trataba del primer acto de censura desde la caída de la dictadura. Las decenas de trabajadores gráficos y de expedición presentes, así como los canilludos que esperaban el diario tuvieron conciencia de la desmesura cometida porque su jefe y conductor discrepaba con el contenido del diario.

Los canilludos se retiraron. Fasano, desconociendo lo que iba a pasar, después de supervisar los últimos detalles de los ejemplares ya impresos, se había retirado a su domicilio minutos antes del atropello.

A los 2 minutos de llegar a su domicilio se le comunicó la noticia del atentado. A partir de ese momento ningún minuto fue descanso.

Redactó desde su casa el comunicado a la opinión pública y convocó a todos sus colaboradores a organizar la distribución de la totalidad de la edición.

Decidió regalar íntegramente la edición que fue distribuida en todos los rincones de Montevideo. Esta vez no hubo devolución de los canillitas. Distribuida por manos solidarias la distribución se agotó rápidamente. Las centenares de personas que acudieron a la sede del diario a comprar su ejemplar quisieron en la mayoría de los casos abonar el costo correspondiente, retirándose agradecidas ante la negativa de nuestro personal que tenía orden expresa de regalar los ejemplares. *

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