Su programa
CIUDAD DEL VATICANO, AFP
La víspera de ser elegido Papa, el t
cardenal Joseph Ratzinger pronunció una homilía que dio muchas pistas sobre su programa de pontificado y en la que pidió una Iglesia fuerte frente a los «vientos de cambio» del mundo moderno y a la «dictadura del relativismo».
A esta predicación, firme y de tono inmovilista y algo apocalíptico, se añadió la pronunciada días antes en el funeral de Juan Pablo II ante una plaza inundada de fieles en el que presentó un lado desconocido, más humano y tierno, al recordar al difunto Pontífice.
Ambas homilías fueron sin duda su mejor carta de presentación para el Cónclave, del que salió convertido en Benedicto XVI.
«Tener una fe clara y conforme al credo de la Iglesia es con frecuencia etiquetado como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir, el dejarse llevar de aquí para allá por cualquier viento de doctrina, aparece como la única manera de comportarse en la actualidad», aseguró Ratzinger, hablando probablemente por él mismo.
Conocido por ser un feroz guardián del dogma y acérrimo defensor de una Iglesia firme que triunfe frente a las amenazas, el religioso alemán defendió la ortodoxia y arremetió contra las «modas de pensamiento» que amenazan el catolicismo y la aparición de «nuevas sectas» que engañan al hombre.
«La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada por olas que van de un extremo a otro, desde el marxismo al liberalismo pasando por el libertinaje, el colectivismo, el individualismo radical y el ateísmo», aseguró.
El cardenal pidió a los católicos que maduren en la fe y sepan transmitirla. Su texto, claro, directo y teológicamente ejemplar, según los expertos, fue un análisis duro de la sociedad moderna, que «no reconoce nada como definitivo» y prioriza lo caduco y puramente material. *
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