"Yo no soy el gran inquisidor"
«Queridos hermanos y hermanas, después del gran papa Juan Pablo II, los cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor», fueron las primeras palabras del nuevo pontífice desde el balcón de la basílica del Vaticano antes más de 100.000 fieles.
Elegido en la tarde de este martes en la tercera ronda de votaciones en el segundo día del Cónclave, el nuevo Papa ha demostrado siempre su intransigencia en cuanto al dogma católico y al mismo tiempo ha sido un teólogo preocupado por lograr soluciones a la crisis que vive la Iglesia Católica.
No es casualidad que Ratzinger presidiera desde 1981 hasta la muerte de Karol Wojtyla, el pasado día 2 de abril, la célebre Congregación para la Doctrina de la Fe, heredera del Santo Oficio de la Inquisición.
Juan Pablo II le encargó el mismo año la redacción de los textos de meditación del camino de la cruz para la Semana Santa, y Ratzinger le entregó un informe en el que fustigó las «manchas», «el orgullo» y la «autosuficiencia» en la Iglesia.
Era uno de los tres cardenales con derecho a voto en este Cónclave que no había sido nombrado por Juan Pablo II, del que fue amigo personal, consejero y brazo derecho.
El llamado guardián del dogma, de ojos azules y mirada tímida, que combatió el sacerdocio femenino y condenó la homosexualidad, prohibió la comunión a los divorciados que se vuelven a casar y luchó contra el crecimiento de los laicos dentro de la Iglesia, no se considera un duro.
«Yo no soy el gran inquisidor y tampoco me siento una Casandra cuando examino los factores negativos en la Iglesia», suele decir de sí mismo.
En la homilía que pronunció en la misa ‘pro eligiendo Pontifice’ que dio el lunes inicio al Cónclave, Ratzinger arremetió contra la «dictadura del relativismo».
«Se está constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus deseos», dijo.
En lo que se consideró como su programa electoral antes de entrar al Cónclave, el hoy Papa agregó: «Tener una fe clara, según el credo de la Iglesia, es con frecuencia etiquetado como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir, el dejarse llevar de aquí para allá por cualquier viento de doctrina, aparece como la única actitud a la altura de los tiempos modernos».
Ni su conservadurismo ni su delicada salud han supuesto un obstáculo para su elección en el Cónclave.
En 2002, conforme a la regla vaticana válida para los cardenales de más de 75 años, Ratzinger presentó su dimisión a Juan Pablo II, pero éste le pidió que se quedara.
Nacido el 16 de abril de 1927 en Marktl am Inn, en la diócesis de Passau, en Baviera, Ratzinger fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951, nombrado arzobispo de Múnich en marzo de 1977 y proclamado cardenal el 27 de junio de 1977 por el papa Pablo VI.
En el marco de las luchas dentro de la fe católica, Ratzinger se opuso con vigor a la «teología de la liberación», profesada por uno de sus alumnos, el brasileño Leonardo Boff, y a los disidentes, como el teólogo Hans Kung.
Su conservadurismo amenazó a veces con crear crisis políticas.
En 2004, Ratzinger se opuso a la entrada de Turquía en la Unión Europea, calificándola de «enorme error» y de «decisión contra la historia».
Asimismo, en 1984, Ratzinger vio como «una vergüenza de nuestra época los regímenes comunistas llegados al poder en nombre de la liberación del hombre».
Frente a una Iglesia en crisis, el cardenal alemán preconiza un acercamiento con los movimientos católicos más radicales.
«Cuanto más una religión se acerca al mundo, más deviene superflua», afirmó en octubre de 2004 en el semanario italiano Panorama.
«En cambio, los nuevos movimientos cristianos, como los evangelistas, los carismáticos o las iglesias libres en Alemania están en pleno desarrollo porque defienden con uñas y dientes los grandes valores morales contra la evolución de las mentalidades», subrayó. *
El teólogo suizo-alemán Hans Kueng se mostró ayer martes «enormemente decepcionado» por la elección del cardenal alemán Joseph Ratzinger como nuevo Papa, según declaraciones a la prensa alemana en la ciudad universitaria de Tubinga.
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