Cinco escrutinios de votos y dos fumatas negras previas

El cónclave que eligió a Juan Pablo II en 1978

Karol Wojtyla, el primer papa no italiano desde 1523, fue elevado al solio pontificio tras el brevísimo reinado de Juan Pablo I, que murió 33 días después de su elección.

Del cónclave secreto que lo eligió en la Capilla Sixtina, según la religión católica por intercesión del Espíritu Santo, se conocen algunos datos y reconstrucciones de la prensa.

Wojtyla llegó al cónclave a último momento, poco antes de que se cerraran sus puertas, «casi tirado por las orejas por el Espíritu Santo», comentarían luego los electores.

Dentro el ánimo general era de pesar, por tener que reunirse para elegir un nuevo papa tras la prematura muerte de Luciani, según publicaron los diarios.

En particular, los purpurados estuvieron desconcertados en el primer día, por la publicación de una entrevista crítica para con el Concilio Vaticano II y el colegio de obispos brindada por el arzobispo de Génova, Giuseppe Siri, que estuvo cerca de ser designado jefe de la Iglesia Católica en el cónclave que eligió a Luciani.

Los dichos de Siri, cuya publicación estaba planeada para un día después del cierre de las puertas del cónclave -donde los cardenales permanecen incomunicados hasta el nombramiento de un nuevo Papa-, pero que se adelantó al 14 de octubre, eliminaron las posibilidades de Siri de ser elegido, según analistas.

Según las mismas fuentes, Siri y el arzobispo de Florencia, Giovanni Benelli, mantuvieron un enfrentamiento verbal por lo que, constatada la imposibilidad de conseguir un consenso general para la elección de un cardenal italiano, se optó por el giro «radical» de nombrar a un extranjero.

Debido al secreto del cónclave, la elección de Wojtyla sigue siendo un hecho poco claro, ya que entre los cardenales era más apreciado otro purpurado polaco, Stefan Wyszynski.

Una vez nombrado, Wojtyla debió vestir el hábito blanco propio de los papas y dirigirse a la llamada «Sacristía de las Lágrimas», que se encuentra junto a la Capilla Sixtina.

«Percibimos la elección de un no italiano como una elección muy inteligente, providencial, otro elemento positivo fue la rapidez de la designación, (guiada por) una feliz intuición, como había sucedido un mes antes con el papa Luciani», sostuvo el cardenal Salvatore Pappalardo.

Sin embargo, la prensa de entonces recogió el hecho de que no todos los cardenales estaban conscientes de la importancia de su elección, mencionando la anécdota del cardenal Mario Casariego, quien preguntó a Siri: «¿quién es este Botiglia?», confundiendo el nombre de Wojtyla.

«Ahora sabrá quién es Botiglia», cuentan las crónicas que contestó Siri mientras el nuevo Papa era saludado por los electores.

A continuación, la «fumata blanca» dio la señal de la elección al pueblo de Roma, y a las 18.45 locales el protodiácono Pericle Felice presentó al nuevo Papa en la Basílica de San Pedro con la frase latina «annuntio vobis gaudium magnum, habemus papam: Sancta Ecclesia Cardinale Carolum Wojtyla» («Les anuncio una gran noticia, tenemos Papa: el cardenal de la Santa Iglesia Karol Wojtyla»).

Se trataba de un nombre desconocido para la mayoría de los fieles y los periodistas, varios de los cuales interpretaron que se trataba de un purpurado africano, antes de que quedara claro que se trataba del arzobispo de Cracovia.

Los periodistas presentes en la ocasión recuerdan haber llamado de inmediato a la embajada polaca para averiguar la pronunciación correcta del apellido del nuevo papa.

Wojtyla, de 58 años, pocos para un papa, conquistó la simpatía de los católicos italianos rápidamente, pidiendo perdón por su uso imperfecto de ese idioma y agregando: «si me equivoco, corríjanme», un comentario que reprodujeron todas las crónicas de la época.

La elección del nombre papal de Juan Pablo II también fue un acto carismático, efectuado en honor a Luciani. *

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