La agonía de los papas, un acontecimiento altamente mediático
La agonía de Pío XII, muerto el 9 de octubre de 1958, incluso llegó a provocar un escándalo, ya que su médico personal fue culpable de las filtraciones sobre el estado de salud de su augusto paciente, a cambio de dinero.
Riccardo Galeazzi-Lisi, médico titular del Papa, recibió dinero de un «pool» de agencias a cambio de informaciones sobre la salud de Pío XII, que padecía un hipo permanente, sin duda provocado por un cáncer de estómago.
El 6 de octubre, cuando el Papa se encontraba en la residencia estival de Castelgandolfo, no lejos de Roma, les alertó de que el estado de Pío XII se había deteriorado bruscamente.
Víctima de un ataque, el Papa empezó a agonizar al tiempo que los medios de comunicación se precipitaban a Castelgandolfo.
Ayer, el portavoz del Papa, Joaquín Navarro Valls, se encarga de dar las informaciones sobre la evolución del estado de Juan Pablo II, ofreciendo amplios detalles sobre el ambiente religioso que envolvía la agonía del papa polaco.
Pero en 1958, la comunicación se limitaba a la difusión de partes médicos firmados por tres doctores.
Galeazzi-Lisi, que también tomó las fotos de Pablo VI en su lecho de muerte, acordó con el pool que en caso de fallecimiento, emitiría una señal convenida en una ventana de la residencia. El 8 de octubre, una señal ambigua indujo al error a dos diarios italianos que anunciaron la muerte del Pontífice antes de tiempo.
El decano de los cardenales del Sacro Colegio, el francés Eugene Tisserand, expulsó entonces a los periodistas de Castelgandolfo y confió a un jesuita de Radio Vaticano la responsabilidad de administrar la información. Este jesuita, el padre Pellegrino, anunció la muerte de Pío XII en las escalinatas de Castelgandolfo en la noche del 9 de octubre.
Juan XXIII, que sufría desde hacía meses de un cáncer de próstata, se encamó sólo tres días antes de su muerte. Permaneció lúcido hasta el final. Sus hermanos lograron venir a su cabecera y la prensa contó que el Papa les habló en bergamasco, el dialecto de su infancia.
Durante estos tres días de agonía, los periodistas durmieron en la sala de prensa, que se encontraba a la sazón en el recinto de la ciudad del Vaticano, pegados a los escasos teléfonos para ser los primeros en dar la información. La muerte de Juan XXIII fue anunciada casi en directo por el portavoz del Vaticano, Luciano Casimirri, el 3 de junio de 1963.
Pablo VI fue operado de la próstata, al parecer por un cáncer, pero su final fue muy rápido. El domingo 6 de agosto de 1978, cuando pasaba el verano en Castelgandolfo, no apareció como era habitual para la bendición del ángelus.
Monseñor Pierfranco Pastore, el adjunto del portavoz, pues éste se encontraba de viaje en el extranjero, tranquilizó a los periodistas y habló de un malestar sin gravedad. Incluso dijo que ni siquiera el médico del Papa estaba con él, lo que era cierto.
Al final de la tarde, el estado de Pablo VI se deterioró bruscamente, y su muerte fue anunciada a las 21h00 en la sala de prensa.
En cuanto a Juan Pablo I, que subió al trono el 3 de setiembre de 1978, su fin brutal 25 días después, de un infarto fulminante, desconcertó a todo el mundo: una religiosa lo encontró por la mañana muerto en su cama, con los documentos sobre los que trabajaba en la mano.
Su secretario particular se había ausentado del Vaticano para traer sus cosas de Venecia, la diócesis que dirigía hasta su elección. La noticia de la muerte le llegó al director de una radio estatal italiana, que fue la primera en anunciarla. *
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