Elecciones en España, después de la masacre

Difícil será superar el trauma causado por la criminal masacre de Madrid, aparte de la tristeza por las víctimas inocentes y el dolor de sus familiares. A nivel político, urge una especulación del efecto del atentado en las elecciones legislativas del domingo 14 de marzo.

Según las encuestas, el Partido Popular ganaría los comicios. El único enigma que, al parecer, restaba por dilucidar es si lograría la mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario al capturar el necesario número de 176 diputados, la mitad más uno de la Cámara baja, compuesta de 350 escaños.

En cualquier caso, tres escenarios alternativos se presentaban en el horizonte: (1) la mayoría absoluta del PP, que le permitiría a Mariano Rajoy formar gobierno; (2) un número de escaños inferior al 50% del Congreso, con lo que debería estudiar qué formación minoritaria (la conservadora Coalición Canaria, según razonables predicciones) le prestaría el apoyo para la investidura. Menos probable era la tercera posibilidad consistente en una mayoría relativa, pero superada por la suma de los escaños conseguidos por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Izquierda Unida y quizá otra formación con la que consiga aliarse para presentar una alternativa de gobierno.

La explícita promesa del líder socialista José Luis Rodríguez Zapatero de no optar por esta maniobra (similar a la recientemente implementada en Cataluña) si no consigue simultáneamente la mayoría del voto popular, convierte esta posibilidad en mera hipótesis, todavía más después de la tragedia. A este «ranking» de probabilidades se ha llegado por la evaluación de la conducta del gobierno de José María Aznar quien, de forma encomiable y digna de ejemplo, no se presenta a la reelección.

Entre los problemas de los socialistas para alcanzar un relativo triunfo siguen destacando dos, paradójicamente relacionados con anteriores comicios autonómicos. El primero fue la fuga protagonizada por un par de sus candidatos en las elecciones autonómicas de Madrid, revalidadas por el PP en desempate. Así se erosionó la credibilidad del PSOE, incapaz de garantizar la lealtad de quienes se incluían en sus listas.

La segunda fue una consecuencia de la apuesta de los socialistas catalanes a formar el pasado noviembre una coalición con los independentistas de Esquerra Republicana y antiguos comunistas, para defenestrar a los conservadores nacionalistas del gobierno autónomo catalán. La polémica estalló cuando el líder de Esquerra, Josep Lluís Carod Rovira fue detectado entrevistándose con la cúpula de ETA en Francia. El hecho de que Carod, Conseller en Cap («primer ministro») era en esos momentos Presidente en funciones de la Generalitat, en ausencia de Pasqual Maragall, y no haberle informado, dañó todavía más las posibilidades del PSOE. Posteriormente, ETA anunció que suspendía los atentados en Cataluña. Todo cobra una dramática relevancia.

La mayor ventaja del PP es la percepción de mejora económica en España, aunque políticamente pudiera sufrir por su parte las consecuencias de serle atribuible una buena parte de la crispación generalizada. No solamente ha crecido el clima de enfrentamiento por discrepancias ante el tema autonómico, sino también a causa de parcelas sensibles de la identidad nacional, como el papel de la religión, el concepto centralista del Estado, y al descuido de la protección social. Mientras no se preveía impacto notable acerca del hondo desacuerdo con respecto a la alianza ejecutada por Aznar con Bush con respecto a la guerra de Irak, el atentado puede producir una incidencia importante.

En primer lugar, se puede generar un aumento notable en el porcentaje de votación, que se preveía en torno al 65-75%. Si se superara esa cifra de forma importante (lo cual antes del atentado hubiera favorecido al PSOE), los cálculos apuntan a que ciertos indecisos darían un respaldo decisivo para que el PP consiguiera la mayoría absoluta. Esto, paradójicamente, dejaría al gobierno en una situación incómoda, ya que se le podría señalar, impotente e injustamente, de haberse beneficiado electoralmente por la tragedia. Significativamente, la derrota clara del PSOE no le perjudicaría tanto como haberla sufrido sin el atentado. Un refuerzo del pacto antiterrorista entre los dos partidos después de las elecciones pudiera elevar la credibilidad de los socialistas con miras a una posterior oportunidad.

Queda por ver, por otra parte, qué incidencia tendrá el crimen en el porcentaje de votos que consiga Esquerra Republicana, que de un solo diputado en el Congreso se calculaba que podía obtener seis, con lo que se convertía en la quinta fuerza política de España, a la altura del Partido Nacionalista Vasco (PNV). Si no llega a un nivel aceptable, se podrá interpretar como castigo de un electorado nacionalista que votaba a los moderados de Convergencia i Unió, antes liderado por el expresidente Jordi Pujol, lo que reforzaría todavía más el mandato para el PP, abrumado por el peso de la púrpura. *

(*) Joaquín Roy es catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami ([email protected]).

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