Una modalidad que se extiende por el mundo pero que sólo unos pocos delincuentes pueden concretarla

El modus operandi del secuestro extorsivo

La entrega de una persona, luego de haber sido secuestrada, parece hoy tan inevitable que las grandes empresas, bancarias o no, grandes instituciones y algunos grupos familiares económicos, han dispuesto lo que llaman internamente un «fondo perdido», para salir de la emergencia cuando se presenta esta modalidad delictiva.

Salvando las distancias, es como el seguro para el auto: cuanto más caro es el vehículo, más cuesta, pero es imprescindible tenerlo, so pena de vivir pendiente del mismo limitando su disfrute. Y si es un modelo único, histórico o insustituible, peor aun.

Este «fondo perdido» o «fondo de contingencia inesperada» está disponible sólo por orden expresa de la máxima jerarquía de la organización a la que le secuestran un ejecutivo o a alguien de su familia.

El modus operandi es típico para estos casos de secuestro extorsivo: un coordinador que debe estar fuera del país, y distintos grupos que no se conocen entre sí: un grupo secuestrador, un grupo contenedor y un grupo entregador.

Primero hacen un «estudio de mercado»: detectado el objetivo (nivel de importancia, empresa empleadora, disponibilidad de fondo perdido o de contingencia), se radiografía su actividad diaria por meses  no menos de 10 , incluyendo las vacaciones o licencia.

Estudian el país y su sistema preventivo-represivo, la rapidez de respuesta ante un aviso de posible secuestro y el nivel de colaboración de la población (vecinos) respecto de la policía local o nacional (vecinos alerta).

Una vez diseñada la operación, se terceriza, con delincuentes locales de cierto perfil, el secuestro de la persona, pagando al contado. A su vez, este grupo la entrega a otro grupo que la contiene (asegura su salud, alimentación, contención psicológica), y finalmente el grupo que la entregará, que nunca es el mismo. Los grupos ni se conocen entre sí.

Es posible que en el grupo de contención esté la única persona que conozca al coordinador externo.

El coordinador externo no puede operar desde el país donde se produzca el secuestro, a pesar de que fue quien decidió el país, la ciudad, el objetivo y el monto.

La razón de la externalidad es sencilla: poder cobrar el precio de la entrega de la persona fuera de la ley del país donde vive el objetivo y donde se produce el delito.

El volumen de dinero es importante, pues estas operaciones conllevan una inversión no menor a los 200 mil dólares, que, aunque no se gasten, deben estar disponibles para realizar la operación del secuestro y el pago a los grupos de operación tercerizados.

Una vez concretado el secuestro de la persona, el coordinador, desde el exterior, lidera la operación, y será éste quien entere a la familia, establezca condiciones y fije el monto.

La familia deberá recurrir en silencio a las jerarquías, y sólo le estará permitido pedir una «prueba de vida» de la persona secuestrada, pues los ejecutivos de la empresa y algún asesor en seguridad tomarán el control financiero del rescate, liberando los fondos. Los fondos serán depositados (transferidos) a una cuenta no nominada, que a su vez la volcará de manera instantánea e infinita en otras hasta que finalmente alguien recogerá el dinero pedido por el rescate, todo fuera del país donde se realizó el secuestro. Los gastos aquí ya estarán pagados del «fondo de inversión» del coordinador externo del secuestro.

Se acuerda un «chivo expiatorio» en el país, por si la operación delictiva es exitosa pero hay intención de la empresa que paga de cortar esa línea de intimación.

Todo esto, si efectivamente hay un dinero disponible y no ocurre como en la película «Prueba de vida» (ver recuadro). *

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