Una mañana "diferente"

El día comenzó agitado en el barrio Carrasco, un vaivén de periodistas, de policías y de curiosos, hacían un marco pintoresco frente a la casa de Valentina Simon.

La alegría de todos se veía desde afuera, el balcón de la casa lucía una bandera blanca con letras pintadas en negro que decía: «Vale, TQM tus amigos».

El portón verde permanecía cerrado, un par de policías hacían guardia frente a él, alejando de forma simpática a los periodistas que pretendían alguna palabra de parte de la joven secuestrada.

Decenas de amigos, entraban y salían constantemente de la casa con una sonrisa en la cara, que marcaba claramente que Valentina, «estaba bien».

Llegó el mediodía y el almuerzo no se hizo esperar, dos motos de La Pasiva ingresaron entre la nube de periodistas para entregar el «Delivery». Panchos, húngaras, papas fritas, y refrescos con hielo fue lo solicitado.

Pero de Valentina, nada.

«Valentina está descansando, no va a poder hablarles, entiendo que estén trabajando pero no va a salir», fueron las palabras de un hombre que salió de la casa. Los ruegos no se hicieron esperar, ¡que se asome!, ¡una foto y nos vamos! El hombre puso cara de «trataré de hacer algo» y entró.

Un minuto más tarde ocurrió lo que todos esperaban: Valentina se asomó al balcón con una gran sonrisa en su rostro, acompañada por un puñado de amigas. Posó para las cámaras, como si nada hubiera ocurrido, como si los días en el sótano de esa casa hubieran sido unas lindas vacaciones en algún soleado balneario. Una de las periodistas presentes se atrevió a gritarle: «¿cómo estás?», y ella respondió: «Â¡Mejor que nunca!», cosa que por supuesto llamó la atención. *

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