Llegó a su fin ayer la 75a edición de las Fiestas Criollas del Prado y la 23a del Roosevelt con el marco impresionante de miles de personas que en uno y en otro espectáculo agotaron totalmente las localidades, y que –al cierre de esta edición– continuaban aún alargando en los escenarios y fogones de uno y otro, las fiestas de despedida. A pesar del mal estado de las pistas, por las lluvias caÃdas, se logró en uno y otro ruedo, excelentes faenas, con gran lucimiento de los jinetes como de las potradas, para orgullo de los tropilleros llegados desde todos los puntos del paÃs.
Pese a lo peligroso que significa –ya sea para el animal, como para el jinete y los propios trabajadores del campo– el estado fangoso del ruedo, no hubo que lamentar accidentes serios, más allá del lamentable episodio acontecido el sábado en el Parque Roosevelt cuando un brioso bagual de pelo bayo, en la desesperada lucha por librarse del jinete, dio contra uno de los vallados, recibiendo un golpe mortal.
En el recuerdo general de puntos en todas las categorÃas de competencia, este ano sin lugar a dudas, los mejores puntajes se los llevaron los baguales, fundamentalmente en las criollas del Prado, lo que habla por sà sólo del esmero, la sapiencia y la dedicación puesta al servicio del espectáculo por aquellos que tuvieron a su cargo la difÃcil tarea previa de la selección.
Como episodio ejemplarizante, destacamos la actitud del Jurado de las criollas del Prado que decidió descalificar y prohibir de por vida su participación en estas fiestas, a un jinete brasileno –que violando los reglamentos impuestos– “trabó” sus espuelas para favorecer su lucimiento personal en desmedro de la integridad fÃsica del animal, a quien se protege justamente prohibiendo este tipo de “artimanas”.
En otro orden de cosas, se debe también resaltar la tarea del nuevo capataz de Campo, don Diner Delgado, quien debió afrontar el más que difÃcil compromiso de reemplazar al experimentado Rómulo López (fallecido recientemente) y que fuera por larguÃsimos anos quien “manejara” el ruedo con personalÃsimo estilo.
Pero fue quizás en los escenarios donde se notaron los cambios más importantes, ya sea en el Prado como en el Parque Roosevelt. En el Prado, se marcó este ano una clara tendencia a retornar al “ombligo”, priorizando en el orden artÃstico toda aquella manifestación que directa o indirectamente está relacionada con el acontecer folclórico tradicional, incorporando incluso al Circo Criollo –una vieja aspiración– con la puesta en escena de obras de repertorio clásico. Payadores, grupos de danza, intérpretes criollos, figuras de primerÃsimo nivel, conformaron un criterio elogiable, a lo que se suma el “desmontaje” de la carpa de la “Unidad de Animación” que poco o nada tenÃa que hacer en estas fiestas y solamente servÃa para reducir a unas 300 o 400 personas, el privilegio de presenciar los espectáculos más importantes.
Las penas nocturnas, los distintos fogones que se alargan hasta la madrugada, mantuvieron como siempre su vigencia y su calor. Este ano no se llevó a cabo –como venÃa haciéndose– el Concurso de Payadores, pero serÃa de desear que se reimplantara, aunque teniendo muy en cuenta muchos ajustes imprescindibles en lo que tiene que ver con el jurado y sus fallos. Queda mucho para hacer, pero creemos que se está de una vez por todas en el buen camino.
Muy distinto es lo que aconteció en el Parque Roosevelt en relación con los espectáculos artÃsticos. Este ano, hubo un importante cambio en su estructura, ya que la responsabilidad de su organización estuvo a cargo del conocido empresario carnavalero E. Muino, de larga y meritoria trayectoria en las fiestas de Momo, donde es propietario de varios de los más importantes escenarios. Muino hizo un despliegue importante de contrataciones, incorporando al grupo argentino “Los Fronterizos” y al cantante Horacio Guarany. Luego complementó su espectáculo con grupos carnavaleros y otros como Los Iracundos. No sabemos si por mal asesoramiento o por disposición expresa, lo concreto es que fueron dejados de lado en su gran mayorÃa los principales protagonistas de siempre en estas fiestas criollas, los payadores y distintos intérpretes folclóricos tradicionalistas que apenas se escucharon en la enramada o en algún otro escenario menor. Aceptamos que cerró el ciclo con una noche de canto popular uruguayo con muchos de los más representativos intérpretes de esa modalidad cancionera, pero de todas formas, la ausencia senalada fue notoria.
Otro aspecto senalado a disgusto por muchos espectadores, fue el que el “tradicional libre acceso” del Roosevelt pasó este ano a ser simplemente un libre acceso a los caminos interiores de la feria, para recorrer stands. Para cualquier otro entretenimiento o espectáculo habÃa que abonar entrada (en el ruedo, como todos los anos, pero también en la carpa mayor y en la enramada para sentarse habÃa que pagar el derecho a mesa o si no presenciar el espectáculo de pie).
Siempre hay tiempo para corregir. Sabemos que anoche mismo, los Leones de Shangrilá y Parque Roosevelt empezaban a trabajar para la edición del 2001. Ojalá sirva esta experiencia.
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