
Entre hoy y mañana, la Iglesia Católica, en el marco de Semana Santa, celebrará el sacramento de la reconciliación. En esta instancia, los pecadores aceptan sus errores ante Dios, manifestando su arrepentimiento por sus “malas obras”.
Durante las próximas horas, miles de católicos exteriorizarán sus errores y buscarán la reconciliación a partir de la confesión, “con Dios y los demás”.
Ayer, la diócesis de Canelones adelantó una de las ceremonias más trascendentes de esta semana, que generalmente se realiza el “jueves santo”. En la Misa Crismal, el clero renueva sus compromisos sacerdotales con el “Todopoderoso”.
El conductor de la Iglesia canaria, monseñor Orlando Romero explicó a LA REPUBLICA que Dios no pretende la humillación del creyente cuando éste pide perdón por sus errores, sino que demuestre un poco de humildad al aceptar su falta, que puede perjudicarlo a él y a los demás”.
En los últimos dÃas, distintos actores sociales y polÃticos dieron su posición en torno a la posibilidad de que se pida perdón, para finiquitar el tema pendiente de los detenidos desaparecidos durante dictadura. Incluso el propio presidente Jorge Batlle afirmó que todos los actores que de alguna forma incidieron en el proceso que motivó las desapariciones, debÃan pedir perdón.
El pasado 14 de abril, el teniente general (r) Juan Rebollo preguntó en el Centro Militar por qué los responsables de actos terroristas no manifiestan su arrepentimiento y se comprometen a nunca más utilizar las armas. Mientras tanto, el ministro de Defensa, Luis Brezzo, dijo que si todos debÃan pedir perdón, que nadie lo hiciera. Afirmó, también, que el Estado no pedirá perdón por los hechos del pasado, ya que a su entender se considera que es un acto casi de humillación. “Esta idea no va con la idiosincrasia de los uruguayos”, fundamentó el ministro.
“Una cosa es la humillación y otra la humildad”, explicó el obispo de Canelones, quien afirmó que Dios no quiere ver humillado al arrepentido sino declarar en la confesión la realidad de la vida, que significa una aceptación de la verdad”.
Manifestarse arrepentido es un gesto de humildad que implica un acto de virilidad, hombrÃa y poner la cara frente a los demás, destacó el prelado.
Para Romero, “esta falta de cobardÃa, que se representa en el reconocimiento de errores, se convierte en plataforma para encontrarse con el ofendido y facilita lograr el perdón del prójimo”.
Catalogó de petulante a quien se considere “la corrección andante, libre de toda culpa”, recordando que Jesús, a pesar de ser “santo”, se mezcló con los pecadores.
Precisó que el sacramento de la reconciliación (confesión) cumple una función liberadora para sà mismo y la sociedad, reivindicando a las sociedades que reconocen sus fallas y limitaciones con humildad.
Mientras tanto, el sacerdote jesuita Luis Pérez Aguirre señaló que generalmente se asocia el perdón con debilidad, que aparece en quien lo pide sÃntomas de poquedad y cobardÃa. “Es una suerte de machismo nefasto no puede entender otra salida que la revancha o la violencia para no verse degradado o acomplejado”, dijo el religioso.
Explicó que no se pueden emplear idénticas categorÃas cuando hablamos de perdón o reconciliación y entramos en el nivel de una sociedad en conflicto. En este caso –sostuvo Aguirre– el perdón tienen que ser analizado desde categorÃas polÃticas. “No hay recetas mágicas. Allà está en juego el destino y la vida de muchos”.
Pero Aguirre estimó que “hay que medir los riesgos desde distintas perspectivas. Siempre habrá que superar el cÃrculo vicioso de las revanchas, de los desquites y venganzas, pero nunca a costa de incorporar sin más a la comunidad, al enemigo con su injusticia. El pastor nunca mete al lobo en el redil de las ovejas”, fundamentó el sacerdote.
Propuso una alternativa de solución al tema desaparecidos, mediante una dinámica utilizada por la Iglesia, previa a la concesión del perdón y la reconciliación con la comunidad. Al respecto, se refirió a la necesidad de asumir un examen de conciencia, arrepentirse del mal cometido, hacer firme el propósito de no volver a cometerlo, expresar la culpa ante la comunidad y Dios y cumplir con una penitencia reparadora por el daño cometido.
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