Escrito por: Francisco Connio

Cuando una mujer traspone esa barrera social que la margina de ciertas tareas que son realizadas sólo por “hombres” indudablemente es un hecho que merece ser destacado. MarÃa del Carmen Couselo, rompió con ese tabú marginal –con un poco de temor pero consciente del paso que estaba dando– y se transformó casi sin pensarlo en la primera mujer chofer de ómnibus.
Su turno de trabajo lo cumple en las lÃneas diferenciales de Cutcsa que unen la Aduana con La Paz, Villa GarcÃa o la Gruta de Lourdes.
La experiencia aún no ha sido totalmente asimilada por la sociedad, pero ella ya convenció a propios y extraños de que es capaz de conducir un ómnibus, aunque “permanentemente tenga la mirada de todos encima, esperando que cometa un error, una infracción e incluso hasta me observan cómo trato al pasajero” confiesa.
Su pelo negro sobre los hombros es la primera sorpresa para quienes indiferentemente suben al ómnibus y se disponen a pagar el boleto. Inmediatamente su rostro se ilumina con una sonrisa, cuando advierte casi divertidamente que el pasajero ya sintió el impacto. ¡Una mujer al volante!
MarÃa del Carmen contó a LA REPUBLICA que su pasión por manejar es una tarea que disfruta permanentemente y que de algún modo es un legado de familia. “Mi abuelo era omnibusero, mi padre también y mi esposo actualmente es chofer- cobrador”.
Por lo tanto “era lógico que terminara manejando” aunque reconoció la incidencia que tuvo para ello su marido Manuel.
“Mi padre tenÃa auto pero ¡pobre de mà que se lo tocara! Era como una reliquia y sólo lo sacaba los fines de semana. Por lo tanto era imposible que yo manejara. Luego de casada pasaron varios años antes de acceder a un vehÃculo propio, tras lo cual volvió al volante, sobre todo cuando sus hijos, Sebastián y MarÃa Belén (hoy de 17 y 15 años) estaban en edad escolar.
En 1997 surgió la posibilidad de ingresar a la empresa Cutcsa como guarda. Hoy esa compañÃa cuenta con 35 mujeres guardas. Mi esposo comenzó a decirme que me anotara para chofer, que tenÃa condiciones y que debÃa animarme.
Confiesa que en un primer momento la idea no le agradaba demasiado pero “tampoco me disgustaba”. Lo cierto es que me presenté, solicité el cambio de puesto y luego de los exámenes correspondientes me lo dieron sin problemas”.
Más allá de los nervios lógicos de una debutante, MarÃa del Carmen confiesa que le fue mejor de lo que pensaba.
“Los primeros dÃas era la mimada de todos. Los compañeros se acercaban a ver si necesitaba algo. Hoy ya se acostumbraron aunque no tanto los pasajeros”.
“Cuando suben al ómnibus me miran y cuando miro por el espejo, encuentro varios observadores.
Creo que todos quieren ver cómo manejo, si me paso algún semáforo, si freno en la cebra, si respondo mal a alguna persona o si no atraco contra el cordón. Me siento permanentemente observada, pero se van a acostumbrar”.
Los que tampoco aún no se acostumbran son varios choferes de otros ómnibus que incluso en algún cruce con semáforo hasta se bajan los lentes para comprobar que la que está al volante es una mujer.
Cauta, ordenada y aplicada estrictamente a las normas de tránsito, la conductora sostiene que “manejar en las calles montevideanas es muy difÃcil”. “El tránsito es muy desordenado, las calles no están dando a basto y como hay muchos vehÃculos, se hace realmente difÃcil. Pero, bueno, son las reglas del juego y las acepto como están” añade.
Aparte de este trabajo, se desempeña como administrativa en una empresa del rubro maderas y afirma que estar con la cabeza en dos trabajos diferentes le sirve como “desenchufe”.
“Siento que represento de alguna forma a la mujer. Hoy varias deben estar pensando en presentarse y solicitar el cambio de guarda a chofer y otras lo pensarán mucho cuando lean esta nota.
Es que hay un comienzo para cada cosa y asà como se sorprendieron cuando una mujer fue guarda, hoy eso ya pasa inadvertido. La novedad es ser chofer, pero espero que este ejemplo sea espejo para otras mujeres”, reflexionó la novel conductora.
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