Multitudinaria jornada inaugural en el Prado

Miles de personas asistieron ayer domingo a la jornada inaugural de la septuagésima quinta Edición de la Semana Criolla, tradicional fiesta organizada por la Intendencia Municipal de Montevideo, que este año ha sido denominada «Rómulo López» en homenaje a quien fuera durante 24 años capataz de campo de dicho evento y que falleciera el pasado año. Con la dirección del nuevo capataz, don Dímer Delgado, experimentado y muy respetado trabajador rural, nuevamente este año los mejores jinetes del país probarán su destreza en el lomo de los más bravos potros de 18 tropillas de 20 reservados cada una, llegadas desde todos los puntos del país. Las pruebas este año se dilucidarán en cuatro categorías: Basto Oriental, Pelo, Basto Argentino y Gurupa.

La ceremonia inaugural

La ceremonia inaugural, por lo emotivo de las circunstancias especiales este año, se prolongó más de lo previsto, sin que ello desmereciera para nada el brillo de la misma. Con la presencia del intendente municipal, señor Alberto Rosselli, la fiesta se inició con el ingreso al ruedo de representantes de distintas colectividades indígenas, de inmigrantes y de asociados tradicionalistas, todas ellas con sus respectivos estandartes. Se dio lectura luego al tradicional mensaje que expresa el significado de la fiesta y después decenas de palomas fueron liberadas en un significativo e implícito mensaje de libertad.

Los grupos tradicionalistas bailaron una ranchera criolla en el centro del ruedo y luego llegó el momento del ingreso al mismo del capataz de campo, don Dímer Delgado, con su personal, portando las banderas nacionales mientras una diana del Regimiento Histórico de Blandengues se hacía escuchar cuando se izaba el Pabellón Nacional en el mástil principal. Después se procedió a la interpretación del Himno Nacional, que miles de espectadores corearon emocionadamente. Posteriormente la presidenta de la Junta Departamental de Montevideo, a iniciativa de este concejo deliberante, procedió al desubrimiento de una placa recordatoria de homenaje a don Rómulo López. Culminada la breve ceremonia, el capataz de campo, don Dímer Delgado, solicitó como es su comstumbre la autorización al intendente de Montevideo para dar comienzo a la fiesta. Segundos después, apenas entraba en el ruedo, a galope tendido desde los tubos, un potro que se resistió tenazmente en el palenque a ser dominado por los fuertes brazos del gauchaje. Fue esa lucha inicial, el presagio de una jornada llena de emociones.

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