Rodeados por el dengue
La epidemia de dengue y su variedad hemorrágica seguirá propagándose en el continente americano durante el siglo XXI si los gobiernos no lanzan una campaña eficiente para combatir el virus, indicaron expertos durante el Noveno Congreso Internacional de Enfermedades Infecciosas que finalizó el viernes en Buenos Aires.
Los casos de dengue han aumentado en casi todos los países de América, a pesar de que la enfermedad prácticamente desapareció con un plan aplicado en 1962 para erradicar el mosquito Aedes aegypti transmisor del virus, aseguraron los expertos a la agencia noticiosa Reuter.
Sin embargo, la falta de coordinación entre los gobiernos, la escasez de recursos y la pérdida de conciencia del problema ha provocado un resurgimiento –agregaron– de ese tipo de fiebre tropical en la mayoría de los países del continente salvo Canadá, Chile, Bermudas, Uruguay y Cuba, donde está erradicada.
«Si seguimos con las condiciones actuales, vamos a tener problemas serios», destacó Eric Martínez, un especialista cubano autor de varios informes sobre la fiebre del dengue.
Esta, para la que no existe vacuna, causa dolores agudos en los músculos y articulaciones, fiebre altísima y dolores de cabeza.
Su variedad más virulenta llamada dengue hemorrágico puede causar hemorragias internas que en algunos casos llegan causar la muerte.
Según el Centro estadounidense para el Control y Prevención de Enfermedades, el número de casos de fiebre de dengue en toda América creció al doble entre 1997 y 1998, con 741.794 casos registrados contra 364.945.
Incluso en Estados Unidos, 90 laboratorios diagnosticaron casos de dengue en 1998, registrándose una muerte por la enfermedad.
Martínez destacó que las condiciones socioeconómicas, los servicios de salud pública y la prevención y vigilancia tienen que ser mejorados para combatir el mosquito y la enfermedad.
«Si esas cosas no ocurren, y aparentemente no están sucediendo, tendremos que decir que el Siglo XXI será como ningún otro en cuestiones de brotes epidémicos y epidemias de dengue y dengue hemorrágico», subrayó Martínez.
Además, el recalentamiento del planeta está aumentando las áreas geográficas en las que el mosquito puede vivir, añadió. «Este es un problema global», indicó.
La realidad nacional
En Uruguay, a partir de marzo de este año, se vivieron algunos retrasos en el combate a la larva del mosquito transmisor (Aedes aegypti), cuando se registró el cese de los directores departamentales de salud, encargados de coordinar la lucha contra el vector de la enfermedad.
El abandono inmediato del cargo, a pesar del pedido del Ministerio de Salud Pública (MSP) de que permanecieran hasta que culminara la reorganización, fue –según la subdirectora de la Dirección General de la Salud, Gloria Ruocco– la causa de algunas demoras en la aplicación de las medidas previstas.
Si bien en el país la enfermedad no existe, en nueve departamentos del interior (Colonia, Soriano, Río Negro, Paysandú, Salto, Tacuarembó, Rivera, Maldonado y Treinta y Tres) se registró la presencia de larvas de Aedes aegypti.
La campaña de erradicación de la larva del vector depende del combustible y agentes larvicidas (piretroides) que entrega el MSP a las intendencias y otros servicios que colaboran.
De acuerdo a lo manifestado por fuentes sanitarias de los departamentos involucrados, la preocupación de los vecinos radica en dos situaciones: el retraso en la prevención y erradicación de la larva, y el ingreso de turistas de regiones donde el mal está presente.
Todos los casos de dengue registrados en Uruguay –que en total fueron cuatro– resultaron de viajes de personas a países con focos epidémicos. El último, ocurrido este año, correspondió a un uruguayo que viajó a Bolivia.
Hasta ahora, los viajeros infectados no han podido contagiar a nadie, pues en el país no existe el mosquito que mediante picadura lo transmita a otro ser humano.
Lo riesgoso, indicaron fuentes ministeriales, es que va en aumento la cantidad de departamentos donde se encontraron larvas de Aedes aegypti.
Labor de todos
Francisco Pinheiro, miembro de la Organización Panamericana de la Salud, declaró que la participación de la comunidad y la conciencia sobre el dengue y sobre cómo combatirlo es crucial para su erradicación. «La conciencia de la comunidad es la piedra angular para la prevención», dijo.
Argentina se sumó recientemente a programas para informar a la población al temer un rebrote de la epidemia en el país (se detectaron varios casos en la provincia de Corrientes y otras del norte argentino), dado el aumento de casos en el vecino Paraguay, donde se calcula hay 10.000 infectados.
Las autoridades temen que dada la falta de coordinación entre los diferentes gobiernos regionales de Argentina el mosquito expanda su territorio y radio de acción. Mientras Buenos Aires, el distrito más rico del país, toma precauciones contra el virus, algunos de sus vecinos más pobres no pueden permitirse campañas para la erradicación.
«Hay una falta de voluntad para decir que se tiene que controlar con eficiencia el mosquito Aedes aegypti, dedicar fondos y, aún más importante, recursos humanos», destacó Alfredo Seijo, médico del Hospital Muñiz de Buenos Aires.
El enemigo
El dengue es una enfermedad fundamentalmente urbana. El combate del vector –principal medida de control– depende de la mano de obra y existen dificultades operacionales en las grandes ciudades cuando se intenta poner en juego un plan de control sistemático, sostiene un estudio de la Facultad de Medicina.
El proceso creciente de urbanización, con aumento de la densidad poblacional en las grandes ciudades, genera mayor posibilidad de transmisión del virus.
La producción cada vez mayor de recipientes descartables que provee abundantes criaderos del vector, el aumento de los viajes aéreos y del transporte, son –según el departamento de Bacterología y Virología de la Facultad de Medicina– otro factor de riesgo para la aparición de la enfermedad.
La transmisión del dengue es indirecta a través de los vectores biológicos mencionados. Se realiza por la picadura del mosquito hembra infectado. Estos se infectan cuando se alimentan de sangre contaminada, cuyas proteínas requieren para el desarrollo del huevo.
El Aedes aegypti está muy adaptado al ambiente urbano y pica durante el día. No es posible la transmisión por contacto directo con una persona infectada, ni por sus secrecciones, tampoco por compartir fuentes de agua o alimentos.
Las dos variedades de la infección son: dengue clásico y hemorrágico. El primero (tiene un período de 2 a 7 días de incubación) se caracteriza por fiebre elevada, cefaleas, mialgias intensas y generalizadas, artralgias con dolor cervical y lumbar, anorexia, náuseas, vómitos y dolor abdominal. Los síntomas respiratorios (tos, rinitis, faringitis) son frecuentes. Este tipo de dengue es usualmente benigno.
El hemorrágico (contraído por aquellos que ya tuvieron el clásico, es decir, por reinfección) provoca un descenso del nivel de plaquetas (responsables de la coagulación sanguínea).
Los síntomas iniciales son análogos a los del dengue clásico, pero las manifestaciones hemorrágicas evolucionan rápidamente. Son leves en la mayoría de los casos (prueba del lazo positiva, petequias, epíxtasis) pudiendo llegar a presencia de hemorragias en la piel, tubo digestivo, sistema nervioso, aparato urinario, o incluso serosas con derrame pleural.
En los casos graves, rápidamente o después de un descenso de la fiebre entre el 3º y 7º día, el es
tado del paciente empeora repentinamente, presentándose cianosis, taquipnea, hipotensión, hepatomegalia, hemorragias múltiples, falla circulatoria y muerte.
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