Investigación revela que la educación no cumplió con metas sociales

Más cantidad que calidad

El Fondo Editorial Queduca, de la FUM presentará hoy, a la hora 18, el libro de la investigadora ecuatoriana Rosa María Torres, «Una década de Educación para todos, la tarea pendiente». El acto contará con la presencia de la autora y se realizará en la sala «Artigas» de la Junta Departamental de Montevideo.

El libro, prologado por el maestro uruguayo Miguel Soler, es una evaluación de los trabajos realizados en el mundo sobre los lineamientos de la Conferencia Mundial «Educación para Todos» (EpT), de Jomtien, Tailandia, celebrada en 1990, que fue organizado por la Unesco, Unicef, el Programa de Naciones Unidas para la Infancia (PNUD), y el Banco Mundial.

La autora explicó que la conferencia de EpT «vino a dinamizar un proceso de expansión y reforma educativa iniciado en muchos países en desarrollo mucho antes de 1990″. Indicó que si bien hubo avances en muchos aspectos o estancamiento y deterioro en otros, han aparecido nuevos problemas como resultado de las nuevas soluciones y la vulnerabilidad de lo alcanzado. «Parece más apropiado hablar de tendencias, tensiones, dilemas, contradicciones y desafíos aún por encarar», señala la autora.

Torres sostiene que a pesar de la difusión, «la EpT es a menudo malentendida como ‘escolaridad para todos’ y como equivalente a Educación Primaria Universal (EPU). Gran parte de la atención se ha depositado en incrementar la matrícula de la escuela primaria y reducir las disparidades de género».

La propuesta de Educación para Todos sostiene que las necesidades básicas de aprendizaje, que cada persona debe poder aprovechar, abarcan herramientas tales como los contenidos básicos de aprendizaje que requieren para sobrevivir, desarrollar sus capacidades, vivir y trabajar con dignidad, participar plenamente en el desarrollo, mejorar la calidad de sus vidas, tomar decisiones informadas y continuar aprendiendo.

Además, señala que la satisfacción de estas necesidades fortalece a las personas en sus capacidades y les confiere la responsabilidad de respetar y desarrollar su herencia cultural, lingüistica y espiritual. También se señala que el desarrollo educativo es la transmisión y el enriquecimiento de los valores culturales y morales comunes.

Otro punto manifiesta que la educación básica es más que un fin en sí mismo, «el cimiento del aprendizaje permanente y del desarrollo humano, sobre el cual los países pueden construir, de manera sistemática, otros niveles y tipos de educación y capacitación».

En torno a este marco conceptual, se acordaron diversas metas, que debían contar con al menos tres requerimientos: «la generación de un contexto de políticas de apoyo en el campo económico, social y cultural; la movilización de recursos financieros, públicos, privados y voluntarios, y el fortalecimiento de la solidaridad internacional, promoviendo relaciones económicas justas y equitativas para corregir las disparidades entre naciones, priorizando el apoyo a los países menos desarrollados y de menos ingresos».

Metas incumplidas

Torres explica que a pesar del eco que tuvo la propuesta, la EpT «no penetró en las esferas intermedias del sector educativo, no tocó a los docentes y mucho menos a la población en general».

«Al término de la década, era evidente la brecha entre lo avanzado y lo que debería haberse avanzado para acercarse a las metas, al menos a las dos metas que fueron expresamente planteadas para el año 2000: el acceso y la completación universales de la enseñanza primaria y la reducción de la tasa de analfabetismo», sostiene Torres.

En el análisis del impacto de las propuestas de EpT, la autora sostiene que «las lecturas que tendieron a primar y a traducirse en políticas y programas, se apegaron más a la tradición de la conservación y el mejoramiento que al desafío del replanteamiento y la transformación».

La autora es categórica: «la visión ampliada de la educación básica –que es en verdad una versión ampliada y renovada de la educación en general– no llegó aún a plasmarse». Entre los objetivos inalcanzados se señala, por ejemplo, que la educación de jóvenes y adultos ha sido arrinconada por las políticas educativas nacionales e internacionales, lo que significa «ignorar una vez más el punto de vista de la demanda educativa, la importancia de la familia como soporte fundamental del bienestar y del aprendizaje infantil, e incluso, en último término, como factor relevante en las condiciones de aprendizaje en el medio escolar».

Luego de esto, la autora sostienen que las políticas educativas continuaron planteandose como políticas y reformas escolares. Para Torres, se impuso una vez más «el peso de la ideología educativa convencional que asocia educación a educación escolar y aprendizaje a escuela, que se resiste a ver las otras educaciones y los otros ámbitos de aprendizaje que operan fuera de las aulas y del sistema escolar formal».

Posteriormente la investigadora afirma que las reformas educativas privilegiaron el punto de vista de la oferta educativa, antes que el de la demanda, las reformas curriculares sólo en pocos casos partieron de un auscultamiento de la situación y expectativas de los distintos grupos y actores sociales.

Torres sostiene que para mantener la vigencia de la EpT y llevarla a cabo es necesario «instaurar procesos complejos y sostenidos de transformación educativa, cultural, política y recursos financieros sino imaginación, visión de largo plazo, una política de alianzas, estrategias adecuadas y tiempos que van mucho más allá de una década».

En cuanto a las metas de EpT, la autora indica que la visión ampliada de la educación básica, el enfoque de necesidades básicas de aprendizaje y la concentración en el aprendizaje continúan siendo un desafío más allá del 2000 y están en consonancia con las necesidades del próximo siglo.

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