Proyecto de reproducción asistida desafía a ministro del Opus Dei
La inseminación artificial, la fecundación in vitro y la transferencia de embriones en el útero de la madre son parte de las técnicas que procura regular el proyecto de ley de Reproducción Humana Asistida que discutirá próximamente el Parlamento.
Durante la legislatura pasada, el proyecto del senador Alberto Cid sufrió postergaciones, además de un fuerte debate, pero reingresó este año a la Comisión de Salud de la Cámara Alta.
Respecto a la incidencia que puede tener el ministro de Salud Pública en el Proyecto de Reproducción Asistida, al identificarse éste con la congregación religiosa Opus Dei, de corte conservador, el senador Cid señaló: «En las comisiones no se reflejan las posiciones de los ministros». Agregó que «el Herrerismo fue el único sector que se opuso al Proyecto, ya que el Foro Batllista era proclive a su aprobación».
En 1992, el entonces ministro de Defensa Nacional, Mariano Brito, también perteneciente al Opus Dei, interrumpió el servicio de Reproducción Asistida en el Hospital Militar, por estar en desacuerdo con las técnicas de fecundación artificial.
En cuanto a la posición del Herrerismo en esta legislatura, la Comisión de Salud tiene como representante a Julia Pou. La senadora señaló a LA REPUBLICA que esperará a tener el proyecto para luego opinar. Sin embargo dijo tener una «opinión formada sobre el tema», la cual implica «un marco ético necesario».
Al recordársele que el Herrerismo fue el único sector que se opuso al proyecto, Pou indicó que no quiere guiarse «por comentarios».
Aprobación sí, aprobación no
El senador Cid declaró el año pasado que al no existir posibilidades de que en la legislatura (anterior) se aprobara el proyecto de ley, propuso en la Cámara Alta evitar su consideración.
Los puntos más polémicos que habían desatado el debate fueron que la iniciativa considera a la mujer «soltera» pasible de someterse a técnicas de reproducción asistida. Por otra parte, el tema del anonimato de la donación del esperma suponía, para quienes rechazaban este punto, una filiación oculta, pues el niño sería registrado por la pareja que decide procrear bajo las técnicas nombradas, desconociendo al padre biológico.
Alberto Cid reconoció que el proyecto «no soluciona este punto», pero consideró que «si en un futuro el hijo decide conocer al padre biológico, no se estaría incentivando la donación voluntaria de esperma».
El senador comentó que existe una salida al problema y que es utilizada en Suiza, donde una vez enterado el niño de su origen, ya mayor de edad, puede buscar a su padre, aunque esto no implique obligaciones para el progenitor». Cid relativizó este punto al señalar que «esta solución es compleja porque hay que considerar la posibilidad de aparición de una tercera persona en la vida familiar», como lo es el verdadero padre del niño.
Comunidad cristiana dividida
Los cuestionamientos a la norma fueron el año anterior, de orden ético y moral. La Iglesia Católica del Uruguay manifestó su rechazo oficial al proyecto de ley de Reproducción Asistida, argumentando que la misma promueve la procreación de nuevos huérfanos de padres desconocidos e irreconocibles. En la Conferencia Episcopal, los prelados reconocieron que existe un vacío legal en la materia.
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