Cotugno reivindicó derechos del niño por nacer

Católicos realizaron "escrache" al aborto

En el marco de esta fecha, el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, exhortó a sus fieles desde la Catedral a luchar contra el «siniestro baile de la cultura de la muerte» y «tomar el ejemplo de María, la madre de Cristo, que aceptó libremente concebir al hijo de Dios como Hombre».

Ante la presencia de mujeres embarazadas, matrimonios jóvenes y niños, el arzobispo solicitó «desde la perspectiva de la obediencia sagrada, participar de la naturaleza divina y valorizar el don de la vida».

La comunidad católica de Montevideo unió esfuerzos para realizar una frontal lucha contra las clínicas ilegales de aborto y hacer un llamado a la sociedad a defender el derecho de aquellos que todavía no nacieron, basándose en la Constitución de la República que establece claramente que «la vida comienza en el momento de la concepción.»

Por la mañana, integrantes de la organización católica Pro-Vida Esperanza Uruguay repartieron cientos de volantes informando el motivo de la movilización e instando a reflexionar acerca de la importancia de proteger a la mujer embarazada y a su bebé. Sitiaron varias clínicas abortivas clandestinas donde intentaron alertar a la población sobre las consecuencias físicas y psíquicas que genera la interrupción de un embarazo, según la visión de los católicos.

La campaña antiaborto llevó a que estas casas clandestinas cerraran sus puertas durante la jornada de ayer y suspendieran todo tipo de tratamiento planificado para la jornada.

LA REPUBLICA publicó en 1998 una serie de artículos denunciando las actividades riesgosas realizadas por clínicas clandestinas de aborto debido a la falta de garantías en el procedimiento de la intervención quirúrgica que puede originar riesgo de muerte para las pacientes.

Una de las clínicas donde se realizó una investigación periodística por parte de nuestro diario sobre su actividad ilegal es la ubicada en Nicaragua 1572 y Fernández Crespo. A partir de las 10 horas de ayer, un grupo de católicos se instaló en su frente y comenzó a repartir cientos de volantes antiabortivos en defensa del niño por nacer. Pro Vida también desarrolló esta campaña en una clínica situada en la avenida 8 de Octubre. Miembros de esta organización señalaron a LA REPUBLICA que también funcionan empresas ilegales en Pocitos en la calle Cavia, en la avenida Ricaldoni frente al Parque Batlle y en 18 de Julio y Ejido.

Frente a la casa donde una placa de bronce reza: «Sanatorio Doyen`s – Quirúrgico, Ginecológico, Asistencia Libre» decenas de volantes se distribuían en la vereda y en la calle. Algunos de ellos fueron introducidos al interior de la clínica por debajo de la puerta. Afuera, los peatones se inclinaban para recoger el volante, mientras otros, instados por los católicos, recibían la papeleta al tiempo que escuchaban su prédica contra el aborto.

Guardias de seguridad que trabajan en las cercanías de la clínica manifestaron a las «activistas católicas» que del 1572 de la calle Nicaragua «solían observar algo extraño, con mujeres embarazadas que entraban y salían frecuentemente del lugar». En el correr de la mañana, dos pacientes de esta casa llegaron hasta la puerta de la empresa, tocaron timbre y quedaron asombradas de que nadie las recibiera.

No salía nadie y las dos jóvenes, una de ellas menor de 20 años, se fueron para volver minutos después. Volvieron a llamar a la clínica sin obtener respuesta. Interrogadas por las católicas indicaron con cautela que hoy tenían hora para atenderse y no se explicaban por qué no estaba abierto. Aseguraron no saber que allí se practican abortos y argumentaron su presencia a que solicitaron ponerse el dispositivo intrauterino.

Quizá el testimonio más conmovedor del día fueron las afirmaciones de una señora al señalar que su marido la obligó a practicarse un aborto y que después de mucho tiempo aún no puede olvidar lo que le sucedió y evita hablar del tema a raíz de una secuela psicológica.

En la Catedral

Cercano al mediodía, decenas de jóvenes matrimonios, incluso algunas madres embarazadas, se presentaron en la Catedral para escuchar la homilía de monseñor Nicolás Cotugno por el Día del Niño por Nacer. Algunos niños corrían al costado del templo mientras que un ginecólogo jubilado que caminaba ayudado por sus muletas de hierro señaló a LA REPUBLICA que la intervención abortiva es la peor operación ginecológica porque conlleva los mayores riesgos. «Además de lo físico que puede ser fatal, arrancar al niño del vientre de la madre puede generarle graves problemas psicológicas difíciles de solucionar e incluso provocar trastornos mentales», explicó el profesional retirado.

Pasadas las 12 horas ingresó monseñor Cotugno al principal templo religioso de los católicos. Una joven embarazada subió al templo y comenzó a leer un párrafo bíblico.

El sacerdote Antonio Bonzani citó un párrafo del Evangelio según el cual el angel Gabriel le dio el anuncio de la gestación sin pecado del hijo de Dios y que se produciría un milagro como el experimentado por la «vieja Isabel» que aunque parecía estar estéril estaba embarazada de seis meses.

El arzobispo recordó que se cumplían 2000 años de la concepción virginal de Cristo y enfatizó que María realizó el «acto de libertad más grande de la humanidad» al dejar que Dios la utilizara para crear a su hijo.

El prelado acotó que Dios crea la vida por la eternidad y ningún poder humano «podrá opacar ni interrumpirla» ya que sobre ésta no hay nada. «No tenemos potestad para ser juez de conductas pero sí somos servidores del Evangelio», exclamó Cotugno antes de referirse a las madre: «Tienen la experiencia humana de la maternidad que permite conocer el sentir de María al llevar en su vientre y acunar en sus brazos al Dios encarnado».

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