Hora de decisiones y de reglamentar para el próximo Carnaval
Jurados, autoridades, periodistas, carnavaleros, todos, coincidimos en la necesidad de su reforma. Difícil conseguir tal consenso. Hoy existe y se debe aprovechar, claro, si hay sinceridad en el planteo del acuerdo.
2000 puede considerarse desde el punto de vista de los espectáculos brindados por los conjuntos, un año bueno.
Las presentaciones de los conjuntos tuvieron un nivel de jerarquía muy atractivo, aun cuando no hayan sido por lo menos en cantidad, de la significación de otros años.
No obstante ello, particularmente en lo referido a las presentaciones en el Teatro de Verano durante el concurso oficial, el gran público pudo disfrutar de grandes demostraciones.
Lubolos y parodistas sobresalieron
En cada categoría no fueron pocos los conjuntos que alcanzaron niveles de excelencia. Algunas en particular, caso la de negros y lubolos, concitaron tal vez como no lo hacían desde hace tiempo, un gran fervor en el público que siguió sus actuaciones. Incluso, la de agrupaciones que quedaron postergadas en sus aspiraciones en el concurso.
El aporte de los técnicos fue relevante y en definitiva los espectáculos adquirieron un brillo que permite augurar un reflorecimiento de la categoría, apuntando hacia las próximas temporadas.
También la categoría de parodistas tuvo varias propuestas excelentes y muy disfrutables y pasa a ser y dado alguna postergación que el público en general reprobó (caso Espantapájaros de Medianoche), una de las que deberá reformar el reglamento y abrir las puertas a nuevas propuestas, sin obligarlas a pagar derecho de piso por carencias que no están referidas a la esencia de la categoría.
Junto a la de parodistas, la de humoristas, una categoría que entiendo se superó con relación a la temporada anterior, a juzgar por su nivel de competitividad, también deberá reafirmar la esencia de sus espectáculos, esto es, hacer reír por sobre todo. Esto no implica cuestionar el resultado del concurso 2000, que en definitiva se definió en favor de Carlitos por la misma razón que tantas veces los postergó.
Revisar exigencias a revistas y mascaradas
Dentro de las categorías tradicionales, la de Revista marcó en mi opinión un decaecimiento con relación a la última temporada, si bien Milenio además de ganador amplio y justo, se haya manejado (en solitario) dentro de aquellos parámetros. La revisión de los niveles de exigencia para la participación en el concurso se impone, para lograr justificar su permanencia.
También las mascaradas musicales, pese al aporte real formulado por sus participantes en la actual temporada, en especial Géminis y De Todas Partes, deberá integrarse a más participantes para que también en este caso, pueda consolidarse esta apuesta y reconocerla como válida.
Murgas mantienen su liderazgo
Murgas por su propia significación, por la variedad de propuestas, por el reconocimiento de la gente, es y seguirá siendo la categoría más popular y más firmemente arraigada dentro de nuestro carnaval. Las incorporaciones y modificaciones a sus propuestas, entiendo la revitalizan cada año y la proyectan cada vez más arriba. No participo de que estas modificaciones atenten contra la esencia de la categoría. Por el contrario, la reafirman, poniendo el énfasis en mejorar los déficits.
A grandes rasgos el carnaval en lo que a participantes se refiere entiendo logra la atracción del público.
Deberá no obstante legislarse para que el público, verdadero motor de la festividad, sea más partícipe de la fiesta. Para que los escenarios de barrio sean un reflejo fiel de la calidad de los espectáculos que los conjuntos están capacitados para realizar y no un simple banco de prueba de chistes, cantos o bailes. La defensa de los espectadores es en definitiva la defensa de los actores.
A mayor y mejor nivel de espectáculos en los barrios habrá mayor y mejor respuesta del público en su concurrencia y en definitiva, el beneficio será recíproco.
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