Mujeres, mujeres, mujeres
Mucho se ha hablado, escrito y discutido, acerca del rol de la mujer en el Carnaval uruguayo. Es un tema complejo, y, por tanto, no se puede simplificar. Pero sí tirar algunas puntas para fomentar la discusión y, por ahí, intentar ablandar cabezas un tanto estructuradas.
Aparentemente, se dice, se abren espacios a la mujer, o, mejor dicho, ésta los va conquistando. Pero muchas veces esta realidad no es tal.
Pongamos el ejemplo en parodistas. Grupos como Momosapiens, que supieron tener mujeres durante varios años entre sus componentes, se han jugado en los últimos años, a una estructura más convencional del parodismo donde la mujer quedó excluida.
Ni que hablar que parodistas más tradicionales abran sus puertas a mujeres. Rompería la imagen para la cual trabajan arduamente, y además, no les interesa.
Otro caso, por suerte bastante distinto, es el de humoristas. A partir del surgimiento de los Buby´s comenzaron a abrirse brechas en esta categoría. Hoy, prácticamente, casi todos cuentan con algunas mujeres entre sus componentes.
Creo que en cuanto a lubolos y revistas el tema pasa por otro lado, ya que las mujeres siempre han estado presentes, y no es el fin analizarlo en esta nota.
Pasemos entonces, a la murga. Felizmente Araca incorporó este año a una nueva mujer, lo que significa dos féminas dentro del plantel. Lo mismo sucede en la Divina Comedia y en Curtidores. Sin duda que es un gran avance. ¿Pero qué pasa con murgas «abiertas y progresistas» como Falta y Resto, Diablos Verdes, Contrafarsa, A Contramano, La Gran Siete? Murgas con buenos discursos, populares, en lucha por los derechos humanos, abiertas, etc., etc.
Es interesante observar que Diablos Verdes fue la primera murga que incorporó a una mujer dentro de su seno. Eso fue en el año 75 y la afortunada, Mary da Cuña. Hace 25 años que no repite la hazaña. Pregunto, ¿no enriquecería las propuestas, los cuplés, las posibilidades, las voces, el espectáculo, la incorporación de mujeres? ¿Por qué no romper de una vez algunas estruc-duras e invitar mujeres a participar? ¿No se confía en la capacidad?
Hay buenas mujeres actrices, cantantes, bailarinas, eso ha quedado demostrado, aun con las pocas oportunidades que hemos tenido.
Personalmente, he tenido la ventaja y la suerte de haber estado durante tres años en los templos de Momo. Pude observar, pude aprender, también sufrir, y pude gozar la experiencia alucinante del carnaval. Los ensayos, los tablados, tan distintos entre sí, los gurises pidiendo que les pintes las caras, las mujeres emocionadas y shockeadas por verse reflejadas, los hombres en silencio esperando, no todos, que les rindamos cuentas, también algún personaje que nos manda a lavar los platos; la experiencia del camión, cantando y cantando con la emoción de estar representando a todo un género; la vuelta al club o al sindicato cansadas pero contentas, con la sensación del deber cumplido; el Teatro de Verano, qué maravilla, con ese público expectante, siete mil cabezas sólo para nosotras durante casi una hora, el momento de trasmitir, de jugártela, de gritar bien fuerte ¡acá estamos, carajo!
Oportunidades: ¿dónde?
Sin duda y a pesar de todo la experiencia es única.
Muchas personas preguntan acerca de la no permanencia de distintos grupos de mujeres (como Fulanas y Menganas o La Bolilla que faltaba) en el carnaval. Muchas veces con rabia, como si hubiésemos dejado pasar la oportunidad por pura pereza. Y está bueno poder aclarar algunos puntos.
La realidad indica que sacar un grupo de carnaval cuesta cada vez más, a hombres y a mujeres. Creo que el carnaval ha entrado en una rosca de la cual va a ser muy difícil salir si entre todos no achicamos y bajamos un poco la cabeza.
En mi concepción de este arte popular no entran algunas cosas que pasan por ahí. Conjuntos que gastan tanta plata (mucho más de lo que pueden sacar con el premio) en vestuario, como si les entrara una locura vertiginosa, con la cual es imposible competir. Hay un montón de conjuntos que confeccionan doble vestuario: uno para los tablados y otro para el Teatro de Verano, este último por supuesto todo brillo, a todo trapo. No sólo me parece errado conceptualmente, sino que deja a conjuntos menos pudientes en una especie de extraña evidencia.
Calidad de espectáculo
Muchas veces sucede lo mismo con el espectáculo. Parece que la entrada al tablado (aunque valga lo mismo que a las populares del Teatro) no requiere del mismo espectáculo, del mismo respeto. Y los conjuntos no deberían olvidar que comen porque los tablados les dan de comer. Entonces, a espectáculos cada vez más caros, los conjuntos van subiendo sus precios, los dueños de los tablados suben a su vez las entradas para poder financiarlos, la entrada cada vez más cara la paga el público carnavalero. Público que tiene que elegir cuándo ir, porque es realmente un lujo.
El problema es que se tolere. Que no nos demos cuenta que si se sigue así «este Carnaval se autodestruirá en cinco segundos». Es muy obvia la merma de tablados año a año, y es muy obvio que así va a continuar.
Pero supongo, que como en todo, sanear una organización como ésta, no es cosa fácil. Hay poderes, arreglos, necesidades arrastradas de mucho tiempo. Pero no hay solución posible si no se tiene realmente clara la necesidad de una. Y acá no se puede responsabilizar a nadie más que a nosotros mismos, los carnavaleros, nosotros tenemos el problema, nosotros tenemos que encontrar la solución. Clarito.
Con las ganas prontas
Y volviendo entonces al tema de la mujer espero que se entienda que no es pereza, es falta de recursos, es falta de apoyo de los mismos carnavaleros. Muchas veces te dan para arriba, pero en el fondo hay algo de condescendencia, algo de «pobres, hacen lo que pueden, son mujeres». Este año quedamos muchas embuchadas, con las ganas prontas y las gargantas afiladas. Básicamente, fue por falta de apoyo. Porque no se trata sólo de armar un grupo y ponerlo a funcionar, hay que insertarse en los códigos carnavaleros e intentar que te den la llave de acceso. Y eso, precisamente, es lo más difícil. Esperemos que en este milenio nos reciban con más candor.
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