El adjetivo apropiado o un lugar común
Hace unos días, el secretario de redacción vino a verme al borde del colapso diciendo: «Mendieta, auxílieme, ¿no habrá otro adjetivo para calificar un incendio que no sea pavoroso o voraz?» Luego de pensar un buen rato, no hallé nada más apropiado que devastador y no tuve más remedio que admitir que hay una gama limitada de calificativos para ciertos sustantivos, y que asimismo, determinados adjetivos no pueden aplicarse sino a contados sustantivos.
Partiendo del caso concreto del sustantivo incendio, ¿de qué otro adjetivo podría razonablemente acompañarse? Un siniestro puede generar un gran susto (pavor), las llamas suelen devorar todo material inflamable y el resultado final es de destrucción. A nadie se le ocurriría decir de un incendio que es fabuloso o magnífico, por ejemplo.
Asimismo, el adjetivo devastador puede ir sin problemas junto a otros sustantivos que nombran catástrofes y cataclismos (terremotos, guerras). Pero ¿puede decirse lo mismo de voraz o de pavoroso? Haga memoria el lector y lo desafío a que encuentre en enunciados propios de un lenguaje corriente algún sustantivo acompañado de esos adjetivos.
Prescindiendo de aquellos grupos que tienen una semántica propia, como es el caso de lugar común, noble bruto, planta baja, fruta seca, piedra angular, etcétera, he encontrado otros casos que avalan lo que sostengo. Veámoslos.
El adjetivo pundonoroso, por ejemplo, jamás lo he visto ni oído aplicado a otro sustantivo que no sea militar.
Una pérdida, cuando es sinónimo de fallecimiento, no puede ser sino irreparable. Y cuando se trata de anunciar esa pérdida irreparable, solemos decir que cumplimos con el penoso deber de participarla.
Las ceremonias suelen ser casi sin excepción sencillas pero emotivas. No es habitual que se califique a una ceremonia de compleja pero frívola…
Asimismo, sólo de una mujer se dice que es fría y calculadora; parecerían ser dos condiciones exclusivas de las féminas, lo cual no debe llamarnos la atención teniendo en cuenta el machismo que caracteriza a la sociedad actual.
Otra pareja recurrente en las crónicas policiales es la formada por el sustantivo antecedentes precedido del adjetivo profusos, y la también habitual (prácticamente sinónima de la anterior) integrada por prontuario y frondoso.
Cuando volvemos a las puteadas de la licencia anual, no hallamos mejor forma de referirnos a ella que como a un merecido descanso, aunque hayamos pasado once meses haciendo sebo…
No es común decir que la Torre de Antel es una obra ingente, pero a la hora de hablar de esfuerzos, resulta inevitable anteponerle ese adjetivo. ¿No está de acuerdo, Pereira?
Totalmente. Yo, un suponer, hago indigentes esfuerzos pa’ que usté mande la vuelta, y no hay caso…
¡Qué lo parió!
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