Adolescentes mejoran rendimiento si entran un poco más tarde a clase
El análisis del rendimiento de miles de adolescentes de Minneapolis permitió determinar que una demora en el inicio de las clases mejora la concurrencia y el rendimiento.
El trabajo se realizó comparando los datos de los últimos cuatro años escolares con los anteriores a 1997, cuando la Superintendencia de la metrópolis de Minnesota concedió a los alumnos la «gracia» de dormir una hora y media más.
La investigación da la razón a quienes desde hace tiempo proponen no levantar a los adolescentes al alba.
«Su reloj biológico es distinto que el de los niños y también que el de los adultos. Con los horarios actuales duermen demasiado poco», dijo Richard Gelula, del National Sleep Foundation, quien auspició que el proceso encaminado por Minneapolis se extienda a las escuelas de todo el país.
Hasta ahora sólo se trataba de un razonamiento dictado por el sentido común, ya que la falta de sueño influye sobre el humor, la capacidad de concentración, la frecuencia de errores y la velocidad de aprendizaje.
Jamás sin embargo esta presunción había sido cuantificada como con el estudio de Minneapolis.
Antes de 1997 los alumnos de Minneapolis entraban a clase a las 7.15 de la mañana y con la reforma a las 8.40 horas.
El estudio demuestra que el comportamiento y las capacidades de aprendizaje de los adolescentes mejoran si se les permite recuperarse de las fatigas del día anterior.
En Minneapolis los administradores escolares están orgullosos de los resultados de la reforma.
«La asistencia mejoró netamente desde que retrasamos la campanilla de inicio de las clases», dijo Kyla Walshtrom, una investigadora de la Universidad de Minnesota que estudió el problema.
Walshtrom analizó los datos sobre la asistencia de los adolescentes anotados en las escuelas superiores: el 83% que concurría regularmente a clase antes de 1997, creció al 87% en el año escolar 1999-2000.
Un estudio más escrupuloso sobre la muestra de 3.000 estudiantes descubrió que los chicos mejoraban el rendimiento y daban menores señales de depresión si se les permitía dormir un poco más a la mañana.
La investigación de Walshtrom refutó además la opinión de los escépticos, según quienes si los chicos comenzaban más tarde las clases ello se iba a reflejar en un retardo en la hora que se iban a acostar.
«Independientemente del horario escolar, en promedio los estudiantes de Minneapolis siguieron acostándose a las 22.45 también después de la reforma», dijo la investigadora. *
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