Nos vemos infieles
Una encuesta realizada hace dos años y que fuera presentada en el decimocuarto Congreso Mundial de Sexología realizado a fines de 1999 en Hong Kong, analizó el comportamiento sexual y conducta de los uruguayos ante el fenómeno de la infidelidad en la pareja.
El trabajo involucró a 1.268 participantes, residentes en distintos departamentos, de los cuales el 55% correspondía al sexo masculino y el restante 45% al sexo femenino.
De los entrevistados el 49% correspondía a casados, el 28% a solteros, 4% separados,4% viudos, 7 % vivía en unión libre (es decir en pareja pero sin formalizar el matrimonio) y el 8% estaba divorciado.
Una de las preguntas específicas refería a qué haría uno si se entera que su pareja le es infiel, a lo que se daban tres opciones de respuesta. Se termina la relación, depende de las circunstancias, perdona y vuelve a empezar. Una clara mayoría (64%) respondió que terminaría con la relación, casi la tercera parte (28%) respondió que habría que ver en qué circunstancia le fueron infiel, un 6% está dispuesto a perdonar a su pareja y reemprender el camino juntos y un 2% se abstuvo de responder.
La sexóloga Olga Vázquez observó como considerable el número de personas que habiendo sido infieles a lo largo de su vida y en varias oportunidades están dispuestos/as a terminar la relación, mientras que aquellos que han sido fieles son más «tolerantes ante la infidelidad admitiendo que todo dependería de las circunstancias».
Del estudio se desprende además que el sector de varones jóvenes es el que se muestra más proclive a perdonar y volver a empezar ante casos de engaño.
A esto se suma que un 87% de los consultados respondió que considera que los uruguayos son infieles, contra un 13% que entiende lo contrario. Sin embargo ante la pregunta de si «a lo largo de su vida ha sido fiel», afirmativamente contestó el 59% y un 41 % respondió en forma negativa.
Vázquez explicó que «estos datos son interesantes porque nos revelan que prevalece una suerte de desdoblamiento entre la percepción que el individuo tiene del comportamiento mayoritario de la comunidad a la que pertenece (la mayoría de los uruguayos es infiel) y la confesión de parte. Conforme a lo que los encuestados dicen de sí mismos, los uruguayos no serían infieles, pero cuando se refieren a los compatriotas con abstracción, afirman lo contrario». «Por otra parte existe la percepción genérica de que en esta época las mujeres son más infieles que antes». «Conviene hacer notar que las únicas que admiten esta realidad en calidad de actores son únicamente, en número muy respetable, las mujeres jóvenes. Los jóvenes convalidan este testimonio», señaló Vázquez.
Otra de las preguntas de la investigación consultó acerca de si «considera que el hombre ha sido menos juzgado que la mujer por ser infiel», a lo que el 80% respondió afirmativamente, un 19% se inclinó por la negativa y 1% se abstuvo de responder.
El trabajo también requirió la opinión sobre los lugares donde se originan las situaciones de infidelidad. Un 28% dijo que en centros de diversión, un 27% en el trabajo y un 12% entendió que todos los lugares podrían ser propicios para que se generaran situaciones de infidelidad.
Respecto a las causas por la que una persona es infiel, un 20% de los encuestados entendió que se debe a problemas de comunicación en la pareja y diferencias en las necesidades sexuales, un 19 % lo atribuyó únicamente a problemas de comunicación y un 11% entiende que se llega a ser infiel en la necesidad de buscar nuevos desafíos en su vida.
Vázquez destacó que un 3% de mujeres y varones eligió otros motivos para explicar la infidelidad y señaló el aspecto económico, dándose esta respuesta particularmente en el Interior del país.
La especialista comentó que «ambos sexos coinciden en que la falta de comunicación es sin duda una razón determinante, pero al lado de ellos, los varones afirman que otro motivo es la insatisfacción o incongruencia de necesidades sexuales, mientras que las mujeres encuentran como segunda causa para ser infieles el afán por vivir nuevos desafíos, vértigos diferentes».
Ante la consulta de si en alguna de las oportunidades en que fue infiel sintió «culpa o remordimiento», un número significativo de infieles respondió que sintió remordimiento en la primera ocasión y reconoció que ese sentimiento se disipó en los encuentros posteriores.
A modo de conclusión, la sexóloga Olga Vázquez comentó que si bien la infidelidad está instalada en el comportamiento de los uruguayos y aun cuando ha habido una evolución en ese sentido de las franjas etarias más jóvenes, no hay lo que nítidamente podemos denominar legitimación del fenómeno en nuestro país. La culpa o el remordimiento son los pobres bálsamos que momentáneamente alivian la conciencia moral de nuestra comunidad que, empeñosamente, se niega a reconocerse a sí misma, tal como es.
El conflicto entre el ser y el deber ser, entre lo que realmente es y lo que muchos quisieran que fuera, no está resuelto entre los uruguayos y es necesario que todos aquellos profesionales que trabajamos con la salud sexual lo tengamos claro, concluyó. Vázquez señaló que la cooperación de los entrevistados fue casi total, salvo en determinados lugares del Interior del país donde un cierto número de varones de entre 50 y 70 años ofreció una «clara resistencia a responder al cuestionario» de 13 preguntas. *
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