LOS OCUPANTES TIENEN PLANIFICADAS TAREAS DIARIAS PARA MEJORAR EL LICEO

Los jóvenes del Cerro defienden su rebeldía

Hace siete días que más de 200 estudiantes ocupan el viejo liceo del Cerro. LA REPUBLICA dialogó con un grupo de ellos, más allá de la ocupación, sobre su situación como jóvenes en el Uruguay de hoy y sus aspiraciones.

Estefani (15 años), Pablo (18 años), Eduardo (13 años), Noelia (15 años), Gonzalo (17 años) son algunos de los ocupantes.

Todos, excepto Noelia, habían ocupado el año pasado incluso señalaron que algunos de los estudiantes ya habían apoyado las ocupaciones del año 96. La mayoría de los alumnos del Liceo 11 son del Cerro, algunos de Casabó, La Paloma y La Teja.

Opciones y futuro

Noelia cursa sexto año de derecho en el turno nocturno, quiere hacer la Facultad de Psicología, pero también ha pensado en irse del país.

Actualmente realiza tareas de limpieza dos veces a la semana pero dice que eso no le alcanza.

Estefani cursa tercer año, quiere ser abogada, y también manejó la idea de irse aunque no tiene muy claro a dónde, «pero si tengo la posibilidad me voy». Además de estudiar trabaja con sus padres en un taller de artesanías, «no nos va muy bien pero la vamos llevando».

Gonzalo está en cuarto año y también piensa llegar a la Facultad de Derecho. Coincidió con sus compañeros en que ante la mínima posibilidad se iría de Uruguay.

«Cada vez estudiar en este país es más difícil, te ponen trabas en la Universidad y en toda la enseñanza pública y cada vez te cuesta más recibirte», comentó.

En cuanto a las exigencias y al nivel educativo que reciben los estudiantes destacaron que existe un claro desfasaje entre el liceo y la Universidad así como entre el ciclo básico y bachillerato. Señalaron que tendría que ser más parejo el nivel de exigencia.

Pablo cursa sexto año en la orientación Medicina y buscará recibirse de psicólogo. A diferencia de los demás no ha pensado en irse.

«No me parece que esa sea la solución, además me da un poco de miedo irme a otro lado. Acá por lo menos me siento seguro, sé que está todo mal pero lo conozco» remarcó.

Convivencia

Ante la pregunta de cómo resulta la convivencia dentro del local, Pablo dijo que «este año mucho mejor que el año pasado».

«El año pasado fueron 17 días y este año van 7, lo cual nos ayudó a todos a adaptarnos mejor».

Destacaron que este año son más estudiantes ocupando y creen que esto se debe a que «se fue el miedo». «El año pasado muchos tenían miedo y creyeron que no iban a conseguir cosas. Pero de a poco fuimos consiguiendo más apoyo».

Noelia explicó que para la ocupación se han dividido en distintas comisiones: de propaganda, de seguridad, de cocina, de limpieza y de finanzas. El día para los ocupantes empieza a las 9 de la mañana cuando se desayuna. Luego se organiza la limpieza, se prepara la comida del mediodía y después se sale a volantear y se hacen talleres y asambleas.

Además cada día tiene una actividad específica: el primer día de ocupación se pintó el frente del liceo, luego se lijaron los bancos, y se proyecta para las próximas jornadas pintar el hall.

En cuanto a las salidas típicas de los fínes de semana los ocupantes señalaron que ir a bailar no es lo frecuente, «por que cada salida implica tener plata y la cosa está difícil».

Señalaron que como todos los sábados se habían fijado asambleas, se reunían allí y después muchas veces iban a una radio comunitaria de la zona a pasar información y música.

Los gustos musicales son variados pero rondan entre el hip-hop, la cumbia y el rock argentino «la cosa anda entre los Redonditos y la Autentika».

La organización estudiantil

«Cuantos más seamos y cuanto más organizados estemos vamos a obtener más resultados positivos, es complicado por que al tener distintas realidades, distintos centros, distintas personas, es difícil encauzar todo en un solo movimiento», señalan los estudiantes que dialogaron con nuestro medio.

«Estamos todos de acuerdo con los reclamos pero lo que es difícil es coordinar un método de lucha».

Consultados acerca de cuáles creían que eran los motivos por los que habían obtenidos algunos logros, Noelia lo adjudicó a que se trata de «gente saludable que tiene fuerza».

Para Gonzalo, el Cerro trae una historia sindical fuerte por saladeros, por los frigoríficos. «Nos hemos criado con los cuentos de nuestros padres de las luchas de los sindicatos. Son cosas que a la hora de decidir tiran y fuerte».

Pablo manifestó que «si en tu casa la mentalidad es la de charlar con tus viejos de los problemas es una cosa, pero si llegás y te ponés a mirar Gran Hermano es otra».

«Creo que al estar en un barrio más progresista, más luchador, la mentalidad es otra. La persona tiene que tener la mentalidad de que luchando se consiguen cosas y cosas mejores y si no es así vas a poder dormirte tranquilo de que por lo menos la peleaste», señaló Pablo. *

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