Antropólogos reclaman actualizar educación sobre los indígenas
DANIEL MARTINEZ SOTO
Para especialistas de las disciplinas histórico-arqueológicas en el país, las autoridades de la docencia se encuentran verdaderamente omisas en el cambio de la imagen que los educandos reciben del pasado anterior a la llegada de los españoles. Más allá de los esfuerzos individuales de muchos docentes –tanto en Primaria como en Secundaria– lo cierto es que las directrices generales en materia indígena se mantienen tales y cuales fueron concebidas hace más de un siglo. Lo curioso o lo preocupante, es que la casi totalidad de los estudios arqueológicos de los últimos veinte años en el país dan por tierra con la simple imagen de grupos de salvajes nómades dedicados a poco más que bolear ñandúes, antes de la llegada de los conquistadores. Más allá incluso de costumbres y conocimientos que los indígenas tenían de su entorno –distintas las más de como se han contado hasta ahora, según la antropología más reciente– la aparición de un grupo de indios no catalogados, y entre los más evolucionados en la región es ya tan aceptado por los estudiosos como desconocido para quienes estudian sólo en textos «oficiales».
A nadie se le ocurre discutir que los charrúas existieron. Pero de allí a considerarlos los exponentes acabados de la prehistoria uruguaya, aparece ahora un abismo. Grupos étnicos, al este del actual territorio nacional, labraron la tierra, se asentaron durante milenios y erigieron miles –ahora se sabe son realmente miles–de cerritos para sus muertos.
A esto debe sumarse el descubrimiento de miles de pinturas rupestres en el departamento de Salto, el mayor hallazgo de esta índole en todo el sur del continente, algo inconcebible para simples «salvajes». A ello se agregan las últimas concepciones sobre los chanaes, grupos diferenciados física y culturalmente de los demás.
Tampoco se puede obviar la descalificación final del concepto de «garra charrúa», originada en una supuesta bravura genética de los aborígenes. El resultado es una serie de cambios en el conocimiento científico que, además de avalar el trabajo constante de la arqueología nacional, revela un desinterés a la fecha de las autoridades por actualizar conceptos.
Lo aceptado por cierto es que el concepto del indio nativo como antepuesto a todo concepto de civilización, es obsoleto. Pero también –creen los antropólogos– sigue siendo el dominante en las aulas. Así ahora, docentes universitarios –junto a sus alumnos– buscan cambiar la historia «oficial» y explicar lo que ahora se cree con certeza, era.
Un estudio abrió otro
Aun cuando desde hace años docentes de la Facultad de Humanidades bregan por cambiar aspectos de lo que se imparte a los uruguayos más jóvenes como «docencia oficial» en temas indígenas, la idea de buscar difundir públicamente las nuevas ideas es más reciente.
Entre los últimos emprendimientos –el que dio el espaldarazo a la idea de exteriorizar los descubrimientos– cabe citar un estudio realizado por estudiantes y profesores de Ciencias Antropológicas entre maestros, estudiantes de magisterio y alumnos en general, acerca del conocimiento que tenían sobre la prehistoria de estas tierras. La investigación reveló, término más o menos, que para el grupo entrevistado la referencia de 10.000 años en estos territorios no significaba nada. Es decir, se estudia y se educa como si en 10.000 años todo hubiera sido estático, nada hubiera cambiado.
«Los indios son siempre la misma cosa: siempre igual vestido, siempre comió lo mismo. Y hay un momento en el que simplemente se desvanece, porque no puede adaptarse a la civilización. Así se lo estudia. Es un error absolutamente grave, porque el proceso histórico es exactamente al revés». La afirmación es del arqueólogo y licenciado en Historia Leonel Cabrera, quien busca se alcancen cambios en la concepción que se enseña del pasado.
«El indio de estas tierras, concebido como un miserable culturalmente, muy primitivo, muy salvaje, con términos que en los libros de historia se repiten excesivamente, es absolutamente erróneo. La ciencia está en condiciones de probar totalmente lo contrario», asegura el docente de «Historia y Etno-historia de la Cuenca del Plata» de la Facultad de Humanidades.
Desconocidos de avanzada
Los aún innominados constructores de cerritos de indios, pretéritos habitantes de los actuales departamentos de Rocha, Treinta y Tres, Cerro Largo y Rivera, presentaban una sociedad compleja, que durante miles de años mantuvo una total armonía con el medio, afirman hoy los expertos. Sin grandes crisis alimenticias ni fenómenos que determinaran movilidades importantes, las huellas de su civilización muestran una adaptabilidad de buen nivel, inclusive con status sociales notorios. «En tanto hay diferencias notables en el tratamiento posterior a la muerte, es seguro que también había diferencias en la vida», afirma Cabrera.
Agrega que este grupo tenía una «expectativa de vida sumamente importante, mayor que la que tienen hoy los pueblos nativos africanos por ejemplo, mayor que los pueblos indígenas bolivianos», un dato sobre el cual ahora se tiene certeza «significativa». La opinión más actualizada –en tanto no se descubra algo nuevo– es que estos grupos nada tenían que ver con los charrúas, ni tampoco con otros grupos de raíces guaraníticas, como los que habitaron las costas de los grandes ríos al oeste uruguayo.
A medida que se han ido descubierto nuevas áreas cubiertas por cerritos de indios, los monumentos mortuorios comenzaron a ser contados por miles, diseminados en el sureste y parte del noreste uruguayo entrando al territorio brasileño casi hasta Porto Alegre. Entre lo que más sorprendió a los técnicos es que estos túmulos han exigido la movilización de millones de toneladas de sedimentos: hay cerritos de dos metros a otros de siete metros de altura, con diámetros de entre 30 y 40 metros. «Ello implica trabajo y tiempo, pero sobre todo, implica una permanencia en un lugar, el desarrollo de creencias espirituales y también una organización social: quienes amontonan tierra, cuándo, dónde, cómo. Así como grupos encargados de obtener alimento para esos constructores». Ello implica también cambiar el concepto de nuestros indios, exclusivamente en pequeños grupos en recorrida constante por un territorio casi despoblado.
En un solo cerrito se han verificado hasta18 enterramientos, lo que habla de la posibilidad de millones de personas. Una cultura de cuatro milenios que se mantuvo estable en lo que hoy llamamos Uruguay.
Quizás pueda imaginarse una necrópolis inconcebiblemente grande. Los arqueólogos prefieren pensar que el asentamiento sin variantes durante 4.000 años justifica tantos cerritos. *
En números
30 Es el número de licenciados en Ciencias Antropológicas, graduados en la Universidad de la República, actuando actualmente en el país, algunos de ellos especializados en Arqueología.
200 Es el número de estudiantes que ingresan cada año a la licenciatura. Aun cuando el índice de deserción es alto, acorde a los fondos y medios disponibles se entiende que en algunos años la plaza laboral estará saturada.
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