Pescadores denuncian que lobos de mar depredan riqueza ictícola
«En dos o tres años más ya no habrá más peces, eliminando las posibilidades de trabajo de pescadores artesanales los que ya hoy ven cada vez más difícil sus posibilidades de captura», afirmó el pescador de Barra de Valizas Eduardo Veiga, quien reclamó la instauración de la industria lobera en el país a partir de la matanza regulada de ejemplares de dicha especie.
Veiga señaló que actualmente los lobos marinos son el enemigo principal de los pescadores artesanales, los que en pocos años –desde que se prohibió su matanza– aumentaron en número generando serios perjuicios a los pescadores y compitiendo en la captura del pescado.
Los animales, consumidores de grandes cantidades de peces, además de estar a la expectativa para acercarse al producido de las barcas en cada una de las salidas, provocan serios destrozos en las artes de pesca.
El reclamo público formulado por el pescador artesanal a LA REPUBLICA, es acompañado a su vez por varios trabajadores del mar de la zona, que soportan esta situación y ven cómo se les dificulta cada vez más la captura y la llegada a tierra con el fruto de su sacrificada tarea.
Veiga entiende que la falta de soluciones para este hecho concreto se enmarca en un cuadro general de un país que sigue demostrando que «vive de espaldas al mar».
Ya que la reimplantación de la industria lobera no insume grandes inversiones, sería una forma de controlar el número de la especies y generadora de buena cantidad de puestos de trabajo.
Eduardo Veiga recordó, además, su participación como funcionario de la ex ILPE (Industrias Loberas y Pesqueras del Estado), trabajando en tareas de matanza y la faena de lobos cuando ésta estaba permitida. Asegura que la adecuada gestión de este recurso sería de mucha utilidad por las razones expuestas anteriormente.
La piel, un buen negocio
Cabe recordar que, en su momento, la matanza de lobos se realizó en el departamento de Rocha con la posterior industrialización del producto de la faena. Lo más condiciado de los ejemplares adultos es su piel, que tiene una muy buena receptividad internacional, a precios muy ventajosos. Hace algunos años, el Poder Ejecutivo eliminó la posibilidad de matanza atendiendo a la conservación de la especie, la que no tiene –según el testimonio de los pescadores– deprededadores naturales. Por tal motivo, desde que entró a regir la prohibición hasta ahora, la existencia de lobos ha aumentado considerablemente, generando un perjuicio importante a la labor de pescadores artesanales. Como ejemplo de la política «de espaldas al mar» que señala en sus declaraciones, Veiga indicó que «cuando se promocionan ciertos sectores de la costa rochense aparece el mar, una roca y un lobo y no se tiene en cuenta que son estos animales los que en los últimos años han generado un perjuicio importante a las comunidades de pescadores artesanales en la zona». Este hecho fue calificado como el de mayor necesidad de soluciones a corto plazo ya que el recurso pesquero no es el mismo de años atrás, aunque señala que hay otros factores que también han contribuido a un empobrecimiento de los pescadores artesanales para quienes ya no es tan redituable dedicarse a esta actividad. Ejemplo de esta situación es que en la zona, la mayoría de los pescadores se dedican también a otras actividades ya que la pesca no se da todos los días.
El riesgo de pescar
Para muchos turistas que llegan en temporada estival a las costas de Rocha la tarea que realizan pescadores artesanales de la comunidad de Valizas, Polonio o Punta del Diablo tiene mucho de pintoresco.
Es uno de los atractivos turísticos de esa zona de la costa, que suele alentar comentarios referidos al riesgo de la tarea del pescador artesanal.
Cuando se consulta a los pescadores de esas comunidades, éstos hacen referencia al riesgo, pero no a la exposición a peligros inminentes por la realización de esas tareas, sino por el riesgo económico que implica poner una barca en el mar con el escaso recurso y los riesgos, como la destrucción de artes de pesca ante la presencia de los lobos marinos.
La salida de una embarcación tiene un costo de 1.500 pesos y no es seguro que siempre se logre una captura que permita cubrir los gastos.
«Muchas veces las barcas vuelven vacías», asegura Eduardo Veiga, señalando que en cada salida «el pescador sabe que corre el riesgo de perder dinero». Generalmente, el costo de la salida la cubre sólo el pescador, no aquellos que trabajan a porcentaje de la producción de la salida, por lo que el no pescar implica la pérdida de tiempo para los dos o tres que acompañan al dueño de la barca y la pérdida de tiempo y dinero para el propietario de la embarcación. *
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