NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ, HUNDIDA EN 1752, TRANSPORTABA MONEDAS Y LINGOTES DE ORO

Intentan rescatar millonario botín de fragata portuguesa del siglo XVIII

La larga historia del hundimiento de la fragata portuguesa, fletada por el gobierno español para el traslado de oro y ganado parece llegar a su fin. Tras una incansable búsqueda de la embarcación, donde numerosos buzos perdieron la vida bajo las aguas intentando conseguir el millonario contrabando que el capitán Fonseca pensaba llevarse a España, el investigador Ruben Collado ubicó a Nuestra Señora de la Luz, con un poco de fortuna y otro poco de intuición, hundida un metro bajo la arena e incrustada en un canal de baja profundidad en playa Carrasco. La bodega de la embarcación fue ubicada pocas décadas después del hundimiento, donde estaban depositadas 11.000 monedas de oro que formaban parte del embarque oficial. El resto de la fragata jamás había sido encontrado.

La expedición del Preciado, buque expedicionario de Collado, comenzó en 1992, ubicando parte de la embarcación y las primeras monedas de oro junto a varios cañones frente a la playa La Mulata. Luego la búsqueda se estancó, hasta hace tres años cuando recorriendo la zona aparecieron algunas señales que podrían vislumbrar una esperanza. Fue entonces cuando se encontraron fibras vegetales con las que se confeccionaban los cabos de fondeo, denominados Piazabal. Rastrearon el lugar y en un canal que con el paso de los años tiende a desaparecer, se toparon con uno de los cabos de Nuestra Señora de la Luz que estaba sujetando un pedazo del casco. Realizaron una maniobra con una embarcación que puede levantar hasta 4.000 kilos pero no pudieron sacarla de las arenas del fondo. Decidieron entonces utilizar equipos lanza-agua para aflojar el Piazabal, para después sacarlo. Así se llegó a esta etapa de la expedición que tras recolectar varios elementos de la fragata se abocará a obtener las 53.000 monedas de oro y rescatar el resto de la embarcación hundida. Ruben Collado manifestó a LA REPUBLICA que su idea es construir un parque temático en Montevideo, con las piezas que puedan rescatarse debajo de las aguas, similar a los que existen en Suecia e Inglaterra que exhiben sendos navíos.

Relato de una fragata

El 2 de julio de 1752, la fragata Nuestra Señora de la Luz –nave de origen portugués fletada por el gobierno español– se encontraba en la boca del puerto de Montevideo lista para partir a Cádiz, España.

Sobre las 6 de la tarde de ese día, se desencadenó un violento temporal del suroeste del lado de Buenos Aires, en el momento en que estaban terminando de cargar ganado bovino en pie. En tierra se encontraba el capitán de la fragata, Feliciano Fonseca, con un sacerdote y 20 hombres entre pasajeros y tripulantes. Intentaron por cuatro veces llegar hasta Nuestra Señora de la Luz pero el temporal y el oleaje era tan fuerte que tuvieron que desistir de embarcar. Una hora después se perdió todo contacto visual con la fragata.

A la mañana siguiente, las autoridades de tierra y el capitán Fonseca vieron que la fragata no se encontraba a la vista y todos presumieron que las 170 personas que estaban embarcadas habían usado la táctica de «correr al temporal», para después de dos o tres días volver nuevamente al puerto.

Sin embargo pasaban los días y la fragata no aparecía; las patrullas recorrían la costa a caballo pero no encontraban ningún vestigio de naufragio, cada día que pasaba la preocupación de las autoridades era mayor dado que en la bodega de la fragata se habían embarcado más de un millón de la época en monedas de oro y plata, lingotes de plata y unos 20 lingotes de oro.

Después de varias semanas comenzaron a aparecer en el Río de la Plata, en la desembocadura del arroyo Pando, parte de los mástiles y arboladuras e inclusive, el bote destrozado de Nuestra Señora de la Luz.

Ante la evidencia de que la fragata había naufragado, varios barcos que estaban en el puerto de Montevideo intentaron ubicar a la fragata accidentada hasta que frente a la Isla de Flores se encontró la bodega de nuestra Señora de la Luz.

Comenzaron los trabajos de rescate del navío y su botín. Participaron pescadores que cobrarían el 3% de los valores rescatados. Trabajaron en esta operación un total de 20 buzos durante 38 años. El resto del buque nunca fue encontrado.

Veinticuatro operaciones intentaron ubicar la popa del barco donde el capitán Fonseca llevaba un contrabando que era muchas veces superior al tesoro real.

El contrabando era de 53.000 monedas de oro, y 400 kilos de oro puro en lingotes entre otros valores.

La expedición del Preciado ubicó hace unos días, «en un sitio para nada pensado», el resto de la embarcación en un canal de poca profundidad. Ayer sacaron un cañón, y unos 60 o 70 metros de los cabos de Piazabal con un diámetro aproximado de 15 centímetros. También se recuperaron anclas torcidas.*

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