LA NEGATIVA DE ESTADOS UNIDOS AL ACUERDO DE KYOTO RESULTA NEFASTA PARA NUESTRO PAIS

En 50 años Montevideo se quedará sin playas y Rocha sin bañados

El protocolo de Kyoto puede sonar tan lejano a los uruguayos, como el mismo nombre de la ciudad japonesa donde se firmó. Sin embargo, la aceptación o no, de estas normas por los países del mundo, decidirá el futuro de uno de los bienes más preciados por los uruguayos: las playas.

Tampoco somos los peor afectados: hoy, naciones isleñas de Oceanía, reclaman a diario ante Naciones Unidas por el hundimiento progresivo e incesante de sus tierras. El mismo mar que les alimenta, comienza a devorar sus áreas bajas a expensas del calentamiento global, un fenómeno atribuido en buena parte a las emisiones industriales, mayoritariamente de los países más desarrollados.

El protocolo de Kyoto, un acuerdo firmado por 84 países en 1997, apuntó en su origen a contener las emisiones de «gases que favorecen el efecto invernadero», estableciendo una reducción global de un 5,2 por ciento de las emisiones de gases, antes de 2012.

De continuar las emisiones, los científicos alertan que el efecto invernadero (recalentamiento terrestre, donde el calor solar entra a la atmósfera pero no sale debido a la concentración de gases) hará que la temperatura del planeta siga subiendo. Ello está ya generando el derretimiento del hielo polar y subpolar. Las masas de agua hacen ya subir el nivel de mares y océanos, a un ritmo que permite calcular una suba de medio metro en los próximos cincuenta años. Los países costeros se verán seriamente afectados.

En cincuenta años, las playas de la costa uruguaya desaparecerán.

Correrán igual suerte los «bañados» de Rocha. Este sistema de humedales, alberga y alimenta a casi la mitad de la fauna silvestre que aún existe en nuestro país y ha sido catalogado Patrimonio de la Humanidad por Unesco.

En tanto los datos más optimistas de la ciencia colocan el nivel del mar cincuenta centímetros por encima del actual dentro de cincuenta años, otros cálculos alarman aun más. Dentro de cien años –y de no detenerse el actual proceso de calentamiento atmosférico el agua subirá cuando menos un par de metros por encima de su actual ras.

El peso de Estados Unidos

Gracias a Estados Unidos es posible que las mejores intenciones de las naciones industrializadas para frenar esta crisis fracasen. La potencia más industrializada del mundo no firmó el Protocolo de Kyoto, más aun, lo boicotea.

Estados Unidos, con sólo el 4,6% de la población mundial emite el 24% del anhídrido carbónico del mundo, más de 20 toneladas por habitante cada año. Las emisiones de «gases de efecto invernadero» estadounidenses aumentaron un 21,8% tan sólo en el período 1990-1998, El Protocolo de Kyoto obliga a Estados Unidos a reducir sus emisiones en un 7 %.

Gobiernos demócratas y republicanos –principalmente los últimos– incapaces de enfrentar a la industria petroquímica y automovilística, los principales sostenes de sus campañas políticas, emplean todo tipo de artimañas (sumideros, mecanismos de flexibilidad) para facilitar su estilo consumista y despilfarrador, a costa de afectar en forma irreversible el planeta.

Detrás de Estados Unidos, la Unión Europea aun cuando resulta más perjudicada –debe reducir sus emisiones un 8% para 2012– busca una línea de aceptación de las condiciones que mejoren la situación. Las naciones comunitarias, junto a cinco países (Canadá, Suiza, Islandia, Noruega y Nueva Zelanda) anunciaron también el aporte de 410 millones de dólares –de aquí a 2005– para ayudar a combatir los efectos del cambio climático entre países en desarrollo.

Uruguay al día

Nuestro país ha cumplido con todas las normas y previsiones internacionales, al emitir gases de efecto invernadero. Ello ha sido insistentemente citado por sucesivos jerarcas.

Cierto es también que la industria nacional –que otrora generó gases– ha, literalmente, desaparecido.

Otra causa del efecto invernadero, la quema de combustibles derivados del petróleo, tampoco ha tenido un aumento sensible, principalmente debido a la pobreza y a la emigración. El consumo de nafta «ecológica», según fuentes de Ancap, se mantiene sin aumento destacable.

Técnicamente el peor problema de los uruguayos –desde el punto de vista de la emisión de gases– es natural: las flatulencias del ganado.

Cabe reconocer –concreto y positivo– el reciclaje de los sistemas de refrigeración, que se fabrican y venden en el país, equipándolos con líquidos congelantes cuyos gases no afecten el ambiente.

Paralelamente, el desarrollo de la forestación –colocando a Uruguay entre los países con aumento de bosques, base del reciclaje atmosférico– da puntos a la situación uruguaya en la materia.

Entre los países desarrollados –sólo dos cumplieron con sus deberes al nivel «uruguayo»–, aunque con circunstancias diametralmente opuestas a la nuestra en sus economías: Noruega y Suiza.

Más allá de los cuestionamientos socioeconómicos de cada país en particular, lo cierto es que todos los escenarios futuros elaborados por los científicos para el planeta coinciden en un severo deterioro de las condiciones de vida, en caso de no disminuir las emisiones gaseosas. Países como Uruguay, verán cambiar su clima que se subtropicalizará, con inviernos más cortos de días más fríos y veranos más calientes y extensos. El sistema de lluvias se alterará y la desertificación de latitudes inmediatamente superiores a la nuestra influirá en los sistemas hídricos con mermas de importancia en los mayores ríos uruguayos. *

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