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"El viejo circo de Maroñas"

Lo llamaron el deporte de los reyes. Y por estos lados entusiasma también a los presidentes divertidos. Pero, dejando a un costado a personajes que entre carcajadas le dan a su pasión por los pingos, existió un tiempo en que el circo de Maroñas reventaba de tanta gente. Todos, ricos y pobres, dándole al caprichoso placer de la timba. Cuando allá por mediados del viejo siglo los tranvías acercaban a los aficionados al Hipódromo en su esplendor. Las líneas del «51» y el «54» llegaban con pasajeros colgados en las plataformas. Bajaban apresurados y se pasaban «datos» y «fijas». Con pasos nerviosos esquivaban los «mediotanques» de las parrilladas y las canastas de los vendedores de pasteles. La mayoría se había tragado, de apuro, un plato de ravioles caseros y apenas si le habían sentido el gusto al vaso de clarete. Es que había que llegar a la «primera», donde estaba «la fija». Personas que lucían el sombrero o un gancho de corbata que sabían les daría una suerte bárbara.

En sus bolsillos asomaban los suplementos o «biblias burreras» de El Plata o Acción. Todo es alboroto por las calles Guerra, Sainz Rosas y Gronardo. Muchos se encontraban en la placita de Besares para entrar juntos, cambiar «datos» y darse la mejor onda. Ya con la reunión en marcha, los que no podían con su genio y menos con la sedienta ansiedad, cruzaban al tradicional «Missouri» y una adentro y al toque. Si había un «clásico» internacional, el llamado pueblo Ituzaingó y su circo se estremecían. Días en que llegaban grandes favoritos de Brasil, Chile, y Argentina. Si se trataba del Premio Ramírez, las tribunas y el palco se llenaban de porteños que habían llegado en el Vapor de la Carrera. Por ahí andaban con sus trajes blancos, ranchos de paja y una fe tremenda en sus craks. La adrenalina y pulsaciones al mango. Y el popular locutor Macón transmitiendo a toda la Vieja Capital las querendonas emociones. El clamor se escuchaba por todo el barrio cuando daban la vuelta al codo de Villa Violeta y entraba «al derecho», ya casi frente a la estatua de «la degollada». Entre todo el amasijo de recuerdos aparece un pibe flaquito que hacía mandados para la farmacia del barrio y se colaba para acariciar a estrellas como «Cartaginés», «Cocles» y «Fierro Chifle». Andaba entre los fuertes aromas a madera de las caballerizas y charlaba con muchos gnomos de casaquillas coloridas. Y entre los «clandestinos» que hacían la suya, los ricachones del Palco y los fanáticos de las Populares, estaban las estrellas, Lalinde, el carbonero Alejandro López, los hermanos Batista y una visita muy querida, el genial «Pulpo» Leguisamo.

Los esperamos todos los sábados y domingos a las 19 horas, en 1410 AM LIBRE, con los auspicios del Departamento de Cultura de la IMM.

Coordinación: Angel Luis Greene     

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