Superar una ruptura de pareja puede insumir "duelo" de dos años
El psicólogo brasileño Luiz Schettini manifestó su preocupación por
el creciente número de separaciones de parejas que se registra actualmente, motivadas principalmente por el individualismo, la prisa por conseguir metas, el miedo al futuro y un desinterés en sortear obstáculos.
No obstante, reconoció que muchas veces es preferible la ruptura, «como una solución de carácter quirúrgico», ante la imposibilidad de recuperación, que puede dejar secuelas, «a veces como una marca y en otras como un marco para el comienzo de la reconstrucción».
El filósofo Luiz Schettini Filho, psicólogo clínico, profesor de psicología en la Universidad Federal de Pernambuco y teólogo, visitó nuestro país, invitado por el Movimiento Familiar Cristiano, para dictar una serie de charlas sobre las relaciones afectivas en la familia, las dificultades de convivencia de la pareja y las crisis originadas por la aparición de una ruptura.
Uno de los temas abordados por el experto son las secuelas aparecidas en la persona tras la separación.
Schettini aseguró que una persona que experimentó una separación puede construir una nueva vida, sin que esto signifique la obligación de empezar otra relación sentimental.
Según estudios científicos, superar una ruptura conlleva un período de entre seis meses a dos años, dijo el experto. Durante este tiempo, la pareja experimenta un duelo acompañado con sentimientos de sufrimientos y dolor, tanto para el que decide separarse como para el «abandonado», pero este último, generalmente es el que más sufre, indicó el psicólogo.
Explicó que la persona que toma la determinación de cortar una relación afronta mejor esta situación que su pareja, ya que pasó por un período de preparación, personal e interna. Según Schettini, el período de sufrimiento y de duelo por esta pérdida que puede darse en el individuo en forma inconsciente, se transforma en un mecanismo de defensa personal.
La culpa como estigma
De acuerdo con su experiencia, el que decide dejar al otro tiene un sentimiento de culpa por abandonarlo a la soledad y trata de convencerlo en la necesidad de la ruptura por una imposibilidad de convivencia.
«Muchas parejas no quieren la separación por causa de sus hijos. No me parece necesaria mantener la relación, ya que para los niños algunas situaciones de convivencia con sus padres se convierten en más dañosas y perjudiciales que la propia ruptura. Entonces, la separación pasa a ser un proceso necesario», explicó Schettini.
El experto es partidario de evitar la ruptura y no considera a ésta como deseable, pero aclaró que en ocasiones la disolución de un vínculo se convierte en una solución de carácter quirúrgico debido a la imposibilidad de recuperación de la pareja.
«Algunas veces se requiere en forma urgente una operación, en otras la persona necesita de una prótesis», ejemplificó sobre los casos de una ruptura imprescindible.
«No huir ante la dificultad»
No obstante, advirtió del peligro que conlleva recurrir a la separación para solucionar cualquier problema que surja en la convivencia, haciendo referencia al extendido comportamiento de «corte de una relación» ante la aparición de diferencias de opiniones y de gustos. «No es saludable», aclaró.
Propuso intentar la aplicación de todos los recursos posibles para la sobrevivencia de la pareja y sugirió «no huir ante la presencia de una dificultad». Enfatizó que todavía la familia sigue siendo lo primordial en las relaciones interpersonales y que ésta no puede funcionar solamente como la constitución de un grupo, sino que debe existir en sus integrantes una relación de afecto.
Cuando se produce una separación –dijo Schettini– los miembros de la pareja pueden cicatrizar sus heridas. Sin embargo, en algunos casos pueden quedar secuelas y «dejar una marca. Pero en otros, la cicatriz se convierte en un marco, para un nuevo comienzo de una reconstrucción».
Para el visitante brasileño existen múltiples causas que derivan en la crisis y separación de una pareja y en estos últimos años crecieron en incidencia las motivadas por el individualismo, el desarrollo de la ansiedad y el miedo a lo desconocido.
Explicó que actualmente las personas no consiguen trabajar en conjunto y llevar proyectos de vida compartidos. En otros casos, el crecimiento del número de personas ansiosas conspira contra el mantenimiento de una pareja.
Analizando las conductas contemporáneas, Schettini consideró que dos de las metas que se persiguen son alcanzar un título profesional o adquirir bienes materiales lo antes posible, cuando éstos requieren necesariamente de un proceso.
«Estos individuos» –explicó– «suelen ser frágiles y miedosos y carecen de un motivo por que luchar, lo que puede llevar al suicidio», afirmó Schettini, quien atribuyó estos comportamientos a una actitud de temor respecto al futuro, la crisis económica, la inseguridad y pérdida del empleo. *
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