La soledad de Alvaro
Buena parte de las personas que abandonan sus departamentos para buscar nuevas oportunidades en Montevideo, permanece muy poco tiempo aquí. En algunos casos, seis o siete meses y en otros aún menos. Esa breve estadía les alcanza para comprobar que la capital uruguaya no es un paraíso terrenal.
Alvaro, de 29 años, cuyo nombre real se omite a expreso pedido, cuenta en la terminal Tres Cruces:
«Estuve cuatro meses. Vine entusiasmado pero me voy esta noche porque si sigo aquí me muero. Me habían dicho que en Montevideo podía salir adelante y me lo creí y ahora veo que no era verdad. No conseguí trabajo, gasté todo lo que traía y anduve rodando como perro vagabundo. Pero lo peor fue que me sentí solo. Aquí la mayoría está para la suya y no te da ni la mitad de una mano. Si tenés plata, todo bien, pero si no tenés, que Dios te ayude. De repente hasta te esquivan los familiares que tenés aquí. Vas, venís, luchás y nada, siempre nada. Yo lloré varias veces, solito en la pensión. Y lloré porque me dolía todo esto. Hay mucha gente pero estás solo y te mata la indiferencia. Fui un idiota.
Allá en Cerro Largo tengo familia y amigos y aunque nadie está muy bien por lo menos te dan cariño y amistad. ¿Aquí qué voy a hacer? Sin trabajo ni gente amiga ni nadie, ¿qué voy a hacer? Mejor me voy y me dejo de pavadas. Ya no quiero más. Si cuando llego alguien me pregunta si se puede venir a Montevideo, le voy a decir que venga si quiere morirse de angustia, de desesperación, de soledad». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad