Aquellos canillitas
LUIS GRENE
La crisis y los cambios les pegaron duro. Quedan muy pocos de aquellos que metiendo pata recorrían los barrios, a puro pregón. También trepaban a los ómnibus y tranvías con los «papeles con letras» bajo el laburante brazo. Canillitas que por los días de la Vieja Capital metían duro y parejo. Mientras trillaban las calles, en su parada habían dejado un destartalado cajón sobre el que quedaban algunos diarios, apretados por una piedra. En la mañana y en la tarde, ahí estaban repartiendo sus diarios en los zaguanes, en los «llamadores» de metal de las puertas o entre el tejido de alambre de los jardines. Con la «carpeta» de la calle, pícaros y vivaces, sabían de todo un poco. Desde fútbol y carreras hasta de las guerras de Europa, también los detalles del último crimen, de todo se charlaba con el canillita del barrio.
Aunque sus figuras se fueron esfumando y el oficio tuvo que hacer molde, para adaptarse a los nuevos tiempos, algunos son personajes que la ciudad se niega a olvidar. Como el metedor Ríos que tenía su parada en 8 de Octubre y Larravide. Tanto metió que hasta tuvo su saloncito, con servicio de mensajería de entusiastas pibes ciclistas que entregaban cartas y paquetes a los vecinos.
También en la Villa de la Unión, frente al bar de Stratta, a la altura de Villagrán, estaba el Tito que en su reparto abarcaba el bravo Puerto Rico. Muy respetado, se metía de noche callejones adentro por esa comarca maleva cargando su gran paquete de diarios. Por Agraciada y Asencio, andaba el Japonés que tiraba de un carrito de madera, repleto de periódicos y revistas. Muy popular por todo Bella Vista, tuvo entre sus clientes al «mariscal» Nasazzi.
Salía del tradicional cafetín «La Recalada», en cuya puerta dejaba el cajoncito que marcaba su territorio. En el añejo Cordón, por Uruguay y Sierra, estaba el negrito Pichola, siempre con chistes y sus infaltables refuerzos de morcilla. Junto al recordado Bona, tuvieron en su reparto los conventillos e inquilinatos de Cerro Largo y al flamante edificio de la Caja de Jubilaciones. Por el Paso Molino, el chino con su pasión por el boxeo y en la puerta del Vaccaro, Carlitos de gran jopo y hasta vendiendo acolchados en cuotas. Muchos de esos gorriones en Carnaval se pintaban la cara, como el gran Pepino y sus voces sonaban en los tablados. Gracias al luchador Troitiño tuvieron un gremio fuerte y ahora mismo cada lector cómplice está sumando más nombres. Los esperamos los sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *
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