En el mundo, el 6% de niños y jóvenes padece la enfermedad

La depresión en niños y adolescentes suele ser tomada como algo «natural» por los padres, para determinadas etapas de la vida. En realidad, la depresión es la antesala del suicidio.

Hoy en el mundo, la autoeliminación es la sexta causa de muerte entre los niños y adolescentes de entre 5 y 14 años de edad, la tercera causa en el tramo comprendido entre los 15 y los 24 años.

La Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente advierte que en el mundo casi el 6% de niños y jóvenes sufre depresión.

En Uruguay las cifras bien podrían ser más altas, según los análisis existentes.

Cuando los más pequeños o los jóvenes están sometidos a tensiones intensas de vida, cuando experimentan pérdidas –que pueden ser desde en el ámbito amistoso al divorcio de los padres– hasta cuando se mudan de domicilio dependiendo de cada uno, la asimilación a experiencias de vida es distinta. Aun cuando a los padres pueda parecerles que es «normal» y que «el tiempo arregla todo», estas situaciones suelen ser sumamente riesgosas.

La situación puede ser más compleja aún, ya que, según advierten los médicos, «la depresión en los niños y los jóvenes se presenta de forma distinta que en los adultos».

Ante ello, recomiendan prestar atención y no dudar en hacer una consulta al especialista, cuando se presentan los siguientes síntomas:

* Tristeza constante, lloriqueos, llantos reiterados sin razón aparente.

* Pérdida de interés en las actividades favoritas.

* Aburrimiento constante, pérdida de energía.

* Aislamiento social, comunicación pobre con los demás.

* Baja autoestima, culpabilidad, descuido generalizado en lo propio.

* Pobreza de concentración, disminución sensible en el rendimiento.

Entre los preadolescentes y quienes ingresaron ya en la adolescencia, es un síntoma común el hablar de que «la vida no tiene sentido», que «sería preferible estar muerto».

Los técnicos aconsejan no pasar por alto estas advertencias que, aunque en otros tiempos no eran consideradas serias, los tiempos –y las presiones– han cambiado.

Asimismo, enfatizan que el diagnóstico y el tratamiento temprano en las edades más jóvenes son vitales para lograr éxito y –en las peores circunstancias– evitar una tragedia.*

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