Paciente acusa a médico de lucrar con los trasplantes
«No todas las operaciones hechas en el Militar han sido un éxito y según nuestra información, de los ocho trasplantes hepáticos que se han realizado allí, sólo dos personas aún están vivas», sostiene la carta entregada a LA REPUBLICA, por Juan Vernengo, integrante de la Asociación Pro Trasplante Hepático.
Para este paciente en lista de espera, las palabras de Torterolo referidas a que es beneficioso que los trasplantes se hagan en Uruguay para que «el dinero quede aquí», ocultan que ello «más bien sería beneficioso para la empresa que él encabeza, que cobrará las operaciones, pero no necesariamente para los pacientes, porque hasta ahora los resultados de los trasplantes que ha hecho son malos y verdaderamente inaceptables, si se los compara con los de otros centros médicos que él pretende desplazar».
De acuerdo a la misiva, un trasplante de hígado en Buenos Aires cuesta U$S 65 mil y no los 120 mil dichos por Torterolo en sus declaraciones a nuestro matutino.
«Pero los trasplantes en la empresa de Torterolo son mucho más caros si se tiene en cuenta una relación costo-beneficio, que es la óptica desde la cual se debería abordar el tema.
En Uruguay cuesta casi U$S 400 mil que un paciente salga vivo de un trasplante hepático (se han hecho ocho y sólo dos aún viven).
En Buenos Aires este costo es de 70 mil dólares, ya que el porcentaje de mortalidad es casi nulo y de cada 100 operados, 90 están vivos cinco años después de la intervención», afirma el denunciante.
Vernengo sostiene, en referencia al pedido de habilitación del centro de trasplantes hepáticos que «primero hay que trabajar y no pedir consideraciones especiales a las autoridades».
Distribución selectiva
Más adelante en la carta, que será entregada al ministro de Salud Pública, Vernengo cuestiona la política de asignación de órganos del Banco Nacional de Organos y Tejidos (BNOT): «En definitiva, hablemos en serio de temas tan delicados como las políticas que tiene el Banco Nacional de Organos para asignar las donaciones. Discutamos por qué su presidenta, la señora Inés Alvarez, quiere que los trasplantes sean en la empresa de Torterolo y no donde el Fondo Nacional de Recursos (FNR) considera que se ofrecen las mejores garantías. Hablemos por qué se le dan los órganos con prioridad a las personas que están en lista de espera en la empresa de Torterolo y no a quienes están aguardando una donación desde hace años en las listas de trasplante del FNR.
Este por ley, garantiza la cobertura médica de alta complejidad a todos los uruguayos, no sólo a los afiliados a las mutualistas.
Discutamos entre todos si es correcto utilizar los órganos que dona solidariamente la población para ejercer presión sobre los pacientes para que se operen en la fundación privada con fines de lucro que encabeza Torterolo.
Preguntemos por qué funcionarias públicas como la presidenta del BNOT y la delegada del Ministerio de Economía ante el FNR están interesadas en apoyar a la empresa que encabeza Torterolo en desmedro de otros centros de trasplantes que tienen mejores resultados».
Presiones
«Que se esté utilizando a enfermos para hacer marketing y ocultando las cifras reales de los resultados que ha logrado esta empresa que aspira a ser un centro de medicina altamente especializada no nos desalienta,nos impulsa con mayor fuerza a defendernos de todos los intentos que se hagan para transformarnos en un saco de monedas y revelarnos como lo que somos, personas que desean luchar por seguir viviendo.
Los razonamientos fantásticos, como que en la empresa que realiza los trasplantes en el Hospital Militar se hacen bien las operaciones y que todas son un éxito, sin importar que los pacientes mueran días o semanas después de los trasplantes, no nos da temor, nos dan argumentos para defendernos y seguir luchando.
Cuando un enfermo sale vivo de la operación y Torterolo aparece en la Televisión junto al trasplantado congratulándose del éxito del trasplante, nos alegramos más que él.
A los pocos días o semanas, cuando el paciente muere y nos enteramos secretamente del lamentable fallecimiento, pensamos que tenemos la obligación cada día más punzante y potente de luchar para que esto ya no suceda más en Uruguay.
Los enfermos no somos una herramienta de marketing para presionar a una instancia de gobierno.
No somos un botín de guerra. No queremos ser utilizados por empresas privadas para hacer ricos a grupos muy reducidos de médicos», añade Vernengo.
Por último denuncia las presiones a que son sometidos los usuarios del Hospital Militar.
«Hay un caso concreto, de una señora a la que su médica, integrante del equipo médico de la empresa de Torterolo, se negó a darle autorización a su trámite de trasplante ante el FNR. El razonamiento que la médica le hizo a la paciente fue simple y muy pragmático: si autorizo esto, pierdo el trabajo.
Y esto no es una calumnia dejada al pasar. Es un hecho y hay pruebas».
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