En un escenario laboral en crisis, las Pymes ocupan al 50% de los trabajadores

La última esperanza de un trabajo legal

Esta experiencia avanza de tal modo en nuestro país que – más tarde o más temprano- «todos seremos Pymes».

Más allá de la necesidad de actualización de los últimos números –de un lustro atrás– en los que menos del 1% de las empresas están fuera de esa categoría, lo cierto es que la tendencia avanza.

Si excluimos al sector agropecuario, la mitad de la población económicamente activa recibe sus ingresos de una micro, pequeña o mediana empresa.

Considerando que el Estado ha dejado de ser una fuente de empleos como lo fue históricamente y que las grandes empresas no parecen tener expectativas de generación de plazas laborales abundantes, las Pymes parecen ser la nueva opción.

Para acceder a esta novedosa modalidad empresarial, hay que seguir pasos muy concretos.

Básicamente, para ello existe la Dirección Nacional de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas (Dinapyme). Bajo la órbita del Ministerio de Industria y Energía, el ente tiene por objeto «fomentar, apoyar y promover» el desarrollo de emprendimientos con sólo dos condiciones: que tengan o vayan a tener menos de 19 trabajadores, incluyendo a los patronos y que su giro no supere los U$S180.000 anuales.

Las cifras puede parecer algo atemorizantes para quien desea iniciar un emprendimiento, pero cabe consignar que los límites son «por lo alto» y en ningún caso por modestos: una sola persona que desee desarrollar una idea de ganancias aparentemente ínfimas, pero suficientes para él, es también aceptado.

¿Cuál es la misión concreta de Dinapyme? Promover mejoras, mejorar las posibilidades de éxito de cualquier emprendimiento que se entienda viable o, como dice su ley de creación, «promover mejoras en sus aspectos gestionales, tecnológicos, económico-financieros y de recursos humanos que incrementen su competitividad a nivel nacional e internacional». En buen romance, es quizás una de las pocas posibilidades actuales de –sin padrinos ni apoyos– encontrar una fuente de trabajo.

La clave: información

Aunque Dynapime divide en áreas temáticas su sistema de asistencia a todo aquel que tenga desde una simple idea hasta un plan en desarrollo, bien podría decirse que la clave está en su servicio de información. Es decir, todo el que golpea a las puertas del organismo, en primer término recibirá toda la información disponible sobre la idea que intenta desarrollar.

Bajo ese contexto –denominado Información Empresarial– se puede saber si existen posibilidades de un segundo paso: la Evaluación de los proyectos de Inversión. Tan atemorizante título constituye, sin embargo, la base para saber si vale o no la pena desarrollar esa idea, la diferencia simple entre avanzar o fundirse.

Con la información en la mano y la evaluación «positiva» acerca de lo que se pretende, se abre un abanico de instancias imprescindibles para alcanzar éxito en la competencia comercial, desde la gestión empresarial a gerenciamiento y estudios de mercado y desde la innovación tecnológica a la capacitación empresarial.

Todo ello sin olvidar, naturalmente, el acceso a créditos e incluso a los consorcios de exportación. Todas las puertas pueden ser abiertas. Sólo hace falta golpear en ellas.

Si a alguien sigue sonando remoto, a estas alturas del texto, la posibilidad de intentar el desarrollo de esa idea que desde siempre le ha rondado la cabeza recuerde, que el 99,7% de las empresas uruguayas son micro, pequeñas y medianas. Y que la mayoría comenzó –como esté quizás el lector en este momento– en una idea que no encontraba vía para desarrollarse. Y de atenernos a los ejemplos de la empresas con mayor éxito en los últimos años, sin dudas que nadie podrá pecar de audaz a la hora de proponer algo.

Algunos casos que ameritan ser mencionados de nuevas actividades lucrativas son: la cría de ñandúes –hoy en plena fase expansiva y exportadora– la artesanía en toda su extensión, que gana nuevos mercados en Europa, la apicultura, que pasó de ser simple labor complementaria a central en algunas áreas agrícolas, el software, donde la computación dejó de ser privilegio del primer mundo y es también uruguaya y autopartes, con sectores de la metalurgia en crisis ahora exportando al Mercosur.

La lista continúa, zigzagueando entre áreas tradicionales a desconocidas del gran público. Con nombres de simples vecinos, a personalidades más que conocidas. Después de todo, la primera dama también supo desarrollar su propia Pyme. *

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