Judíos y cristianos alertaron sobre consecuencias de la globalización
Se estima que en el «Primer Mundo» sólo el 20% de la población económicamente activa ingresará al mercado de trabajo en las próximas décadas debido a la sustitución del hombre por las máquinas, lo que provocará la destrucción de cada vez más personas.
Estos conceptos fueron vertidos ayer en uno de los talleres del Encuentro Internacional de Judíos y Cristianos celebrado en Montevideo, denominado «Pobreza y Marginación», que fue moderado por parte del reverendo holandés Dick Pruiksma y tuvo la participación de líderes religiosos cristianos y judíos de Argentina, Uruguay, Perú y Estados Unidos.
Por momentos las exposiciones incluyeron contenidos de corte apocalíptico, presagiando una masiva pérdida de fuentes de trabajo y presentando como ejemplo que de cinco personas con similares capacidades formativas sólo una ingresará al mercado laboral.
El resto será expulsado. «La pérdida de fuentes de empleo lleva implícita la destrucción de las personas, las que responderán con violencia a la propia violencia del sistema que los expulsó, tanto sea ésta personal, mafiosa o política», manifestó un pastor evangélico, que expuso su particular análisis de la situación de la pobreza en nuestro continente.
Los religiosos concluyeron que no hay alternativas al sistema globalizado imperante en nuestras sociedades y se preguntaron cómo pueden aquellos que comparten los mismos valores, enfrentarse a los que «crean las leyes, manejan el poder político y militar, causantes de esta dramática realidad».
Sobre cuál podría ser la mejor estrategia para revertir las causas de la reproducción de la pobreza, enfatizaron en la necesidad de lograr consensos éticos: «De lo contrario no habrá cambio ni salida.» Los cristianos y judíos mencionaron como un dato contradictorio de la realidad en relación a la pobreza que precisamente son los países que juran en nombre de la Constitución y la Biblia los que más fuertemente aplican un modelo neoliberal globalizado.
Un exponente judío fue directo en su apreciación sobre el problema de la pobreza: «Se trata de una incorrecta distribución de la riqueza», y reconoció lo dificultoso de modificar la injusticia social. Para el representante de la colectividad judía, el origen de la profunda competencia vigente en sociedades como la uruguaya, proviene de China que aplica una mano de obra barata pagando semanalmente U$S 7 y trabajando sábado y domingos. «Por más que nuestro país devalúe su moneda para poder vender sus productos, le será imposible colocar sus productos debido a la desigual competencia», acotó.
Según este exponente los grandes supermercados en Uruguay dañaron la estructura de la clase media y muchos judíos se quedaron sin su comercio y pasaron a recluirse en sus casas y sacaron a sus hijos de los colegios privados porque no pueden pagar la mensualidad.
El obispo anglicano de Perú, Williams Godfrey, que en 1997 condujo la diócesis en nuestro país, afirmó que el pueblo uruguayo está desarraigado y sin una identidad firme que no le permite afrontar sus problemas de pobreza.
Por el contrario –fundamentó–, en Perú, un país más castigado por las pésimas condiciones de vida, se perciben signos de esperanzas gracias a la preservación de sus valores y una fortaleza en su identidad. *
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