Los consumidores "angustiados" hacen largas colas para pagar
En el mediodía del martes pasado, Isabel, María Mercedes, Esmeralda y Silvia eran cuatro de las más de treinta personas que esperaban desde las 9 de la mañana para firmar un convenio de pago en OSE.
En la oficina de cortes y reaperturas, en el hall de la sede central, las cuatro mujeres protestaban, más que por los montos adeudados, por la larga espera. «Es peor que en el hospital», dijo Silvia visiblemente cansada.
Un solo funcionario llamaba por número a los clientes para culminar los trámites que le permitieran firmar el convenio, luego de haber pasado y hacer una larga cola en otra ventanilla.
Esmeralda vive en el Cerro, es jubilada y gana $ 2.700 por mes. Debe $ 1.001 por dos meses de consumo de agua y su intención era refinanciarlo «en lo más que pueda». «Me parece mucho, pero acá le dicen primero pague y después reclame», dijo la señora.
Silvia trabaja en el Casmu y vino a refinanciar $ 3.000 de un sólo mes de consumo. Dijo que su contador está en el laboratorio del ente para ser revisado, pero mientras tanto, tiene que pagar. Aseguró que no tiene ningún elemento fuera de lo tradicional que justifique ese monto de facturación.
Estaba indignada por la espera y sostuvo que «si me llaman a votar para que no privaticen, no voy más».
María Mercedes debía tres meses y un total de $ 800. Es empleada doméstica y gana unos $ 1.300 por mes. Tiene siete hijos. Esperaba resignada su turno para hacer el convenio de refinanciación y dijo que nunca pidió una inspección para verificar su consumo y que ya no le parece raro lo que paga. «Si sube todos los días. En los otros (UTE y Antel) por lo menos te atienden rápido y bien».
Isabel esperaba para refinanciar $ 877 correspondiente a dos meses de consumo. Tiene el servicio cortado y aseguró que «los vecinos la ayudan dándole agua». «Si pagamos esto en invierno, en verano cuánto vamos a pagar», se preguntó.
En la oficina comercial de Antel de la calle Colonia, el mismo martes, había poca gente para refinanciar sus deudas. Sara, de 30 años, intentaba junto a su novio realizar un convenio ya que dejó de pagar el teléfono hacía dos años cuando se quedó sin trabajo. Aún no consiguió empleo, y no sabe si va a pedir el teléfono de nuevo, pero prefirió saldar lo atrasado «para no tener deudas».
Elsa (60 años), se fue al Interior y dejó a su hermana a cargo de sus cuentas. La hermana no pagó y ahora debe 3 mil pesos de teléfono. Es pensionista y gana $ 1.500 por mes. «Ahora casi no hago llamadas para no gastar. Esto de vivir pagando cuentas es horrible, me siento cansada».
Cristina (45 años) tiene 8 hijos. Debía $ 1.500 y tiene el servicio cortado. Vino a pagar en cuotas y aseguró que siempre «debe salir corriendo» el último día antes que se venzan las facturas para tener los servicios imprescindibles.
En la Oficina comercial de UTE de Mercedes y Cuareim los trámites eran normales. En la de la Unión, Catalina (74 años) con una jubilación de $ 2.500 averiguaba para refinanciar $ 3.000. Estaba visiblemente preocupada porque «no le gusta tener deudas», pero aseguró que «la cosa esta difícil y si nunca fue fácil pagar, ahora menos».
Elbia también se acercó a la puerta, pero se dio cuenta de que le faltaba la cédula y se volvía a su casa. Es empleada doméstica y gana $ 2.000. Tiene cuatro hijos menores. Debe $ 2.500 de luz y tiene el servicio cortado. Vino a refinanciar en el tiempo «que más se pueda» y asegura que trata de prender la luz «lo menos posible» para no gastar. De todos modos, como a la mayoría de los uruguayos, tener deudas «la angustia». La problemática varía, obviamente, según el barrio. Según un sondeo realizado por LA REPUBLICA, la situación más preocupante se da en las oficinas del interior del país. *
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