Una trabajadora sexual y una monja, reclaman derechos

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra

La actividad como trabajadora sexual implica que «muchas veces se especule con la necesidad económica que existe, (para que el cliente proponga) o para mantener relaciones sexuales sin preservativo».

Antes de hablar de sí misma, Susana Ribeiro subrayó la importancia de la «reglamentación para las zonas de ejercicio del trabajo sexual», aunque aclaró que «de hecho estas zonas ya existen».

Hizo hincapié en el Proyecto de Ley del Trabajo Sexual, que reconoce beneficios sociales «a los que la trabajadora tiene derecho».

Comenzó como trabajadora sexual hace 28 años. Ahora cumplió 48 y recordó que «primero probé trabajar en otros lados. Tenía una madre viuda, hermanas a quienes tenía que ayudar y un hijo. No tuve acceso a estudios superiores y no hubo más remedio que optar por esto».

Desde las instalaciones de Amepu, Ribeiro sostuvo que «a nadie le gusta el trabajo sexual, pero es un camino para las mujeres que, sin estudios, quieren una vida más o menos digna».

Luego de más de 20 años como meretriz, concluyó que «antes había más discriminación hacia la mujer que ejercía este oficio, aunque seguimos luchando porque somos mujeres y trabajadoras sexuales… Eso significa doble discriminación. Muchas veces, si la trabajadora quiere insertarse en el mercado laboral, realizando otros trabajos, no puede porque no tiene preparación».

Sin preservativo

En cuanto a la relación con el cliente, Ribeiro dijo que éste «muchas veces usa la necesidad que existe en la calle, para mantener relaciones sexuales sin preservativo». Agregó que «a veces las compañeras pasan días sin clientes y si se presenta esta situación, es difícil de manejar». Por ello, «tendría que existir una campaña publicitaria específica para el cliente».

La presidenta de Amepu narra que nunca estuvo supeditada a lo que dijera su pareja. «No entiendo que haya celos de mi pareja si yo gano más.

Los hombres con quienes pueda estar no importa si son jóvenes, grandes, viejos, lindos, ése es el trabajo. Con mi pareja al principio tuve muchas dificultades, pero después llegó el diálogo».

Ribeiro indicó que la trabajadora «no está sujeta a ningún horario y es libre de elegir el cliente».

El ideal de toda trabajadora –continuó– es darle lo mejor a sus hijos, aunque en general «la mujer que ejerce este oficio, no ha sabido enfocar el tema. Lo mejor es decir la verdad, si bien no olvidemos que «se tira abajo una imagen de la madre pura e intocable, que nuestra sociedad se encarga en resaltar». Amepu se creó, formalmente, el 5 de marzo de 1986. El fin desde entonces «es aclarar y abrir la cabeza de nuestras compañeras, porque no somos diferentes a las demás», sentenció.

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