El presbítero Diego Víquez habló de humanizar al neoliberalismo

La Iglesia Católica elabora un modelo social alternativo

Según el sacerdote costarricense Diego Víquez, de visita en Uruguay, este sistema «es una máquina de hacer plata, pero como tal no tiene alma».

Sobre los desaparecidos, tras reconocer el esfuezo de Uruguay y de la Comisión para la Paz, afirmó que luego de pasar un tiempo prudencial «para calmar los ánimos» es obligación, por la credibiildad del sistema democrático, identificar a los responsables de muertes y desapariciones y someterlos a la Justicia.

El sacerdote católico costarricense presbítero Diego Víquez visitó la semana pasada nuestro país en calidad de asesor de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) y como responsable en Costa Rica de una experiencia piloto que propone la formación política de ciudadanos para alcanzar una «sociedad de justicia social».

El religioso está divulgando este proyecto en América Latina a pedido especial de las propias autoridades católicas del continente, y cuya propuesta será analizada a nivel eclesial en noviembre en la ciudad de Bogotá-Colombia. Tiene como objetivo ser una alternativa al neoliberalismo y a los «vicios» del Estado benefactor. Víquez ya estuvo en Chile, y en Uruguay brindó dos charlas en su breve estadía.

En entrevista con LA REPUBLICA, el sacerdote costarricense manifestó que varios sectores de la sociedad en toda Latinoamérica perciben la necesidad de buscar nuevos modelos para desarrollar en sus respectivos países. La doctrina social de la Iglesia, según su entender, es una herramienta útil para aplicar sistemas alternativos que otorguen una igualdad de oportunidades.

En Costa Rica la tarea del Instituto de Estudios Eticos para el Desarrollo, que él preside, es la transmisión de estos principios cristianos a diferentes actores sociales, llámense políticos, empresarios, gremios o población en general, con el objetivo de «renovar» a los ciudadanos. «Hay que formar democracias auténticas con demócratas auténticos», señaló nuestro entrevistado. «Para llegar a estas instancias es fundamental la inclusión y la participación ciudadana en el orden político, económico y social, o de lo contrario no se vivirá en una estricta democracia», enfatizó.

Reconoció que su país desde la década de los 80 se adaptó al sistema neoliberal ante el «agotamiento» del Estado benefactor, «que no es malo en sí mismo, sino que experimentó un crecimiento exagerado de la burocracia y tuvo problemas de corrupción.» El nuevo modelo pretende combatir la inflación, reformar el Estado y la recaudación fiscal, explicó. Actualmente en Costa Rica se están aplicando medidas correctivas beneficiando al mercado interno y apostando al modelo agroindustrial, los recursos pesqueros, el turismo y el capital humano. No existe un alto porcentaje de desempleo ya que el Estado es un gran empleador, ni se produce una gran cantidad de despidos ni privatizaciones, porque la sociedad se opuso hace más de un año a la venta de la compañía telefónica.

Explicó que tras la caída de la bolsa de valores de Wall Street, las autoridades en Costa Rica se dieron cuenta de que el mercado no era perfecto, por lo cual se debía regular con el involucramiento del Estado para generar una sociedad cada vez más justa.

El religioso afirmó que durante decenios el Estado benefactor tuvo una función positiva para los ciudadanos, pero llegó un momento en que creció demasiado y hubo que hacer cambios.

«Saquemos las cosas buenas del Estado benefactor y agreguemos el dinamismo económico del sistema liberal», enfatizó

«El neoliberalismo es una máquina de hacer plata, sí, pero precisamente como máquina no tiene alma.

Por esto es que necesitábamos agregárselo nosotros», sentenció el religioso. *

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