"Clonaron" una tarjeta de crédito y le cargaron U$S 10 mil a su cuenta
Cuando revisaba su correo atrasado y fijó la vista en el sobre del estado de cuenta mensual de su tarjeta de crédito, el doctor Jorge Irisity no percibió que, como música de fondo de esa escena de su vida, sonaban los acordes de la serie «En la Dimensión Desconocida». Al abrir la correspondencia, la factura de su Oca-Visa del mes de marzo incluía gastos por más de U$S 10 mil.
Abogado y consultor internacional en economía de empresas públicas, Irisity recién había llegado del exterior, al finalizar un contrato que lo mantuvo durante varios meses al frente de un equipo de asesoramiento requerido por el gobierno de República Dominicana. Durante ese tiempo no había controlado el movimiento que se registraba en su cuenta.
Hombre de leyes y dotado de singular paciencia (supo resistir largas sesiones parlamentarias en las ocasiones en que le tocó ingresar al Senado como suplente de Reinaldo Gargano o José Korzeniak), Irisity realizó los trámites de reclamo como cualquier otro mortal sin influencias.
Pese a su inicial escepticismo, confirmó que el servicio de atención al cliente de Oca Casa Financiera lo trató «maravillosamente» y que el propio gerente, Alvaro de Ferrari, le dijo que se despreocupara del tema, que la cuenta no le sería cobrada mientras se confirmaba la validez o falsedad de los bouchers respectivos en los lugares donde se concretaron las transacciones.
Una pizza demasiado cara
Irisity pasó de la sorpresa al asombro cuando a Oca fue llegando el origen de sus supuestos gastos: «Aparecieron cuentas en España, donde no viajo desde hace cinco años y, lo que se me adjudica en República Dominicana corresponde a períodos en los que, o no estaba en ese país, o pertenece a sitios donde nunca estuve, comercios que no existen, o compras que nunca hice».
A través de una colega dominicana, Irisity logró obtener copias de algunos gastos insólitos entre los que se incluye una compra por mil dólares en una ferretería, otra cuenta por una cifra similar por una consulta médica, la adquisición de gasolina equivalente a unos sesenta tanques llenos, o fastuosas cenas en restaurantes de lujo.
Lo curioso es que Irisity no perdió nunca su tarjeta de crédito y sólo recuerda haberse separado una vez del documento: «Cuando pagué unas pizzas para el equipo de la consultora y el vendedor desapareció unos segundos de mi vista con la tarjeta… Serían las pizzas más caras de la historia», se resigna.
La tarjeta de crédito de Irisity fue «clonada»: se copió el contenido de la banda magnética, se mantuvo el número 4916 6910 4844 5002, se modificó una letra al apellido otorgando la titularidad a un supuesto ARISITY/JORGE y se inventó una nueva firma que, incluso, es diferente en sendos recibos de compra recuperados en Dominicana.
El sistema asume la pérdida
Todo tipo de irregularidad en el sistema financiero uruguayo se encuentra bajo la órbita de la Superintendencia de Servicios Financieros del Banco Central del Uruguay, donde se realizan los contralores respectivos ante denuncias concretas. El superintendente, Carlos Fernández Becchino, reconoció a LA REPUBLICA que las estafas contra las tarjetas de crédito son una realidad en Uruguay y en el mundo.
«A mí mismo me ha pasado y días atrás le sucedió a mi hijo en Estados Unidos», confesó Fernández Becchino, para quien la tranquilidad al usuario está dada en que las instituciones bancarias y financieras se hacen responsables por las pérdidas que ocasionan las estafas de las que puedan ser víctimas sus clientes.
Voceros de Visanet Uruguay, la sociedad que administra y centraliza la atención a los comercios locales, explicaron a LA REPUBLICA que aunque pueden registrarse casos de estafa en las tarjetas de crédito, el sistema es más seguro que el cheque y otras transacciones económicas.
En Uruguay, el sistema Visa está compuesto por 510 mil tarjetas emitidas por 16 instituciones financieras que acreditan seis millones y medio de transacciones económicas anuales en los 26.600 comercios adheridos, en lo que constituye un volumen de ventas de U$S 372 millones por año.
Las fuentes señalaron que el nivel de defraudación «apenas» llega al uno por mil. Eso implica, según esas cifras de ventas anuales divulgadas por Sistarbanc, la empresa que en Uruguay administra los productos Visa para los bancos, que el monto de estafas a tarjetas de crédito en nuestro país se sitúa en unos U$S 372 mil por año.
«Skimming» y «tarjeta inteligente»
La historia de Irisity es sólo un caso concreto en Uruguay de un problema que hoy preocupa al globalizado mundo. El jueves 28 de junio en la edición internet del Madridiario se da cuenta de la situación de conmoción que se vive estos días en España como consecuencia de operativos policiales en Madrid y Barcelona que desbarataron una banda de estafadores de tarjetas de crédito.
«Con un soporte informático adecuado y un ‘compinche’ en un comercio, las bandas magnéticas donde se almacenan los datos bancarios pueden ser copiadas y transferidas a una tarjeta ‘virgen’ que es posible adquirir en cualquier papelería», se alertó
En el argot policial el proceso de copiado de información se denomina «skimming». Para los ladrones la ventaja de este sistema es que el propietario de la tarjeta descubre que le han robado meses más tarde, cuando cargan en su cuenta las compras realizadas con sus datos.
En España en la denominada «Operación Casino», siete personas fueron detenidas y se incautó material suficiente para efectuar robos por un valor de 2.000 millones de pesetas (U$S 10 millones). Se afirma que sólo en el año 2000 el fraude por robos con tarjetas falsificadas ascendió en España a 7.500 millones de pesetas (U$S 37.5 millones ).
Para la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios hispana, los sistemas de seguridad del «dinero de plástico» son «débiles y vulnerables» lo que puede crear alarma social, por lo que exigen que los «bancos asuman las consecuencias de un sistema inseguro y obsoleto».
Las financieras aceptan las pérdidas, porque les resultaría más costoso cambiar las medidas de seguridad de millones de tarjetas y terminales en todo el mundo.
El sistema que sustituirá en pocos años al actual pago diferido es el de las llamadas «Tarjetas Inteligentes» que ya se están implementando en Inglaterra y se pretenden imponer simultáneamente en el año 2005 en toda la Unión Europea. Se trata de tarjetas con un chip de silicio incorporado, un microprocesador, que se conectará directamente al terminal del comercio, del cajero o del banco.
El futuro sistema implicará mayores niveles de seguridad, pero las tarjetas inteligentes deben recargarse con electricidad y obligarán a sustituir todo el sistema actual con nuevos lectores especiales. Dos desventajas que pueden ser el talón de Aquiles donde hackers y estafadores ya estarán apuntando sus flechas. *
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