Ferias de trueque se expanden a siete departamentos del Interior
Ferias barriales que ofrecen desde alimentos y ropa a servicios de medicina china, consolidan poco a poco en Uruguay un mercado popular donde no rigen las prácticas monetarias de la economía formal.
Estas ferias excluyen al dinero mediante un ingenioso mecanismo de intercambio que alienta la Red de Trueque Global Mutirrecíproco, colectivo sin identificación política ni religiosa.
Desde hace tres años, esta red vincula a las personas que adhieren al sistema y se nuclean en Clubes de Trueque, también llamados «nodos», informa uno de sus integrantes, el médico y psiquiatra Luis Fernández.
Montevideo ya acogió a 150 ferias de este tipo sólo en Sayago y Piedras Blancas, mientras que Marindia con otras tantas hizo de Canelones uno de los departamentos donde el sistema cuenta con más aceptación.
Pero esas cifras son apenas ejemplos, pues tanto en nuestra capital como en Canelones se realizan, con intensidad creciente, muchas otras en numerosos barrios, según indican fuentes de la red.
La experiencia también se abre paso con fuerza en Maldonado, San José, Rocha, Lavalleja y Paysandú, que ya tienen «nodos» en funcionamiento o en formación, dice Alvaro Antoniello, quien introdujo el sistema en Uruguay.
Cómo funciona
Quienes integran los «nodos» se autodenominan «prosumidores» (productores y consumidores a la vez) y pueden llevar su propia oferta a las ferias, que operan sin intermediarios ni comisionistas.
Cada «prosumidor» asigna un valor a lo que ofrece pero no en dinero sino en «créditos», pequeñas tarjetas que recibe gratuitamente cuando se integra a cualquiera de los «nodos», explica Rubén Rodriguez, otro impulsor de la red.
Creados para facilitar las transacciones, los «créditos» tienen valores equivalentes a la moneda de curso legal, sólo se usan en las ferias de trueque y no generan consecuencias jurídicas ni intereses ni cargos de ningún tipo.
Cuando una persona se integra a un «nodo» recibe 500 «créditos» para operar libremente en las ferias que organiza su grupo o cualquier otro integrado a este sistema de economía comunitaria alternativa.
A partir de esos 500 «créditos», la persona que ingresa al sistema genera más con sus transacciones en las ferias y de esta manera continúa con sus operaciones, que pueden ser bilaterales o multilaterales.
Si se retira del «nodo», debe devolver los «créditos» que posea y en caso de no tenerlos reintegrará su valor en especies, de acuerdo con la sencilla reglamentación que ordena la actividad de estos grupos.
Asistencia mutua
Este sistema ya en pleno auge también permite intercambiar, además de artículos y objetos diversos, numerosos saberes, desde asistencia médica a servicios de albañilería, peluquería y muchos más, subrayan integrantes de la red.
En el larguísimo catálogo de ofertas figuran, por ejemplo, clases de inglés y computación, fletes, diseño gráfico y carpintería junto a artículos de almacén, hortalizas, tortas caseras, trajes, vestidos, juguetes y artesanías.
Es muchísimo lo que se puede obtener a través del trueque en cualquiera de las ferias, nutridas permanentemente por una diversificada cantidad de ofrecimientos y demandas que abarcan centenares de rubros.
Pero el intercambio constante fomenta además relaciones personales fecundas que suelen generar proyectos grupales y emprendimientos autogestionarios muy importantes, subraya Antoniello.
Por ejemplo, no hace mucho surgió en ámbitos de la red una cooperativa de viviendas y esto demuestra hasta qué punto los «nodos» crean condiciones favorables para fermentales esfuerzos comunes, sostiene Fernández.
Así, con algo más de 700 «prosumidores» que no cesan de propagar este sistema en Montevideo y otros departamentos, los Clubes de Trueque cumplen una función social cuya esencia es no sólo el intercambio justo sino también y sobre todo la solidaridad y la ayuda mutua, coinciden en afirmar integrantes de la red.*
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