El rector Guarga fue informado con anticipación

Jorge Batlle confía en los universitarios "renovadores"

El presidente de la República, Jorge Batlle, cumplió la promesa hecha el año pasado en ocasión de los festejos de los 150 años de instalación de la Universidad estatal y designó a varios universitarios para cargos de responsabilidad en su administración.

Gonzálo González, ex decano de la facultad de Agronomía, ocupa la titularidad del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y Eduardo Touyá, ex decano de Medicina, es el nuevo director general de Salud del Ministerio de Salud Pública (MSP).

A ellos se agregaría el también ex decano de Agronomía, Alvaro Díaz, quien asumiría la presidencia de un renovado Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt).Según fuentes del edificio Libertad, los nombramientos se hicieron con conocimiento previo del rector de la Universidad, Rafael Guarga, y serían indicativos de un nuevo relacionamiento entre el Poder Ejecutivo y la mayor casa mayor de estudios.

La característica de los hombres llamados por Batlle es la de haber pertenecido a la corriente «renovadora» de la Universidad, y a su vez fueron los principales contendores de Guarga en las últimas elecciones universitarias (1997). En esa oportunidad el cantidato a rector de los renovadores fue precisamente Eduardo Touyá.

Esta tendencia se conoció en 1993 a partir de un llamamiento publicado en la prensa y firmado entonces por cuatro decanos: Díaz (Agronomía), Mario Wschebor (Ciencias), Roberto Scarzi (Veterinaria) y Touyá (Medicina). González (sucesor de Díaz en Agronomía hasta su nombramiento al frente del MGAP) se sumó en el último período a los «renovadores».

Sus planteos fueron muy críticos con la conducción del entonces rector Jorge Brovetto, a quien acusaban de ser responsable del «estancamiento» de la institución y de las dificultades de relacionamiento con el poder político. Con esta corriente surgió por primera vez tras la aprobación de la Ley Orgánica de 1958, una explicación plausible al retaceo de los fondos estatales para la Universidad; en diversos documentos y declaraciones, sus dirigentes sostuvieron que no se podía pedir dinero para hacer lo mismo que se hacía desde 40 años atrás.

Plantearon, además, la creación de nuevas universidades públicas, la eliminación de un esquema feudalizado en facultades y –en el documento original– propusieron la creación de un consejo superior para la educación universitaria, con participación de delegados del ejecutivo.

Si bien la nominación de universitarios reconocidos y que ocuparon puestos de gobierno en la casa mayor de estudios significa una modificación con la actitud asumida por Ejecutivos anteriores, también es cierto que aquella recayó en los hombres que se opusieron a la línea mayoritaria en la Universidad.

La interrogante es, según algunos miembros de la comunidad académica, si la nueva política supone un reconocimiento a la actividad universitaria en la idea de una colaboración más estrecha con ella, o es parte de una estrategia destinada a captar a los desconformes. Lo que sí parece real es el abandono de la concepción sanguinettista de considerar a la Universidad estatal como un bloque hostil.

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