En Uruguay un promedio de 40 personas por año recibe un hígado para seguir viviendo

Impuesto a bebidas alcohólicas financiaría trasplantes hepáticos

La idea de incorporar impuestos a las bebidas alcohólicas surgió por ser éstas la causa fundamental generadora de enfermedades como cirrosis y que casi siempre derivan en trasplantes. Actualmente el Programa de Trasplante Hepático no está incluido en la financiación del Fondo Nacional de Recursos (FNR), mecanismo que costea intervenciones quirúrgicas altamente especializadas. La Fundación de Enfermedades Hepáticas y Trasplantes pudo financiar, hasta ahora, los gastos de las tres intervenciones pero no dispone de más fondos. En Buenos Aires, el promedio de gastos por intervención es de U$S 120 mil. En nuestro país se hizo una propuesta al FNR por U$S 70 mil por operación, con la esperanza de poder llegar a un acuerdo y seguir adelante con las intervenciones, pero aún no hay respuesta.

Cuatro intervenciones

El director del equipo hepático del Hospital Militar, Edgardo Torterolo, dijo a LA REPUBLICA que mantener a un paciente en las distintas instancias de una enfermedad es muchas veces más costoso que pagar el trasplante. Aseguró que mandar pacientes a centros especializados de Buenos Aires resulta más oneroso y las probabilidades de efectivizar la intervención, en tiempo y forma, son mucho menores ya que habitualmente las listas de espera tienen un promedio de 300 personas.

En 1998 se realizó en Uruguay el primer trasplante de hígado a una mujer pero una complicación de la arteria hepática determinó su fallecimiento. El segundo caso tuvo complicaciones por una infección posoperatoria y también murió. El tercer intento se produjo a principios de febrero pasado, en un individuo con una encefalopatía provocada por una cirrosis alcohólica. Este paciente, luego de una internación de nueve días, fue el primero en lograr el alta médica. El cuarto paciente intervenido fue dado de alta el viernes 3 de marzo. Según Torterolo, todas las intervenciones fueron exitosas y los fallecimientos en los dos primeros casos no tuvieron relación con una mala praxis sino con complicaciones ajenas al procedimiento quirúrgico.

Con el doctor Torterolo mantuvimos la siguiente entrevista.

–¿Cómo se han venido financiando los trasplantes hepáticos con la dificultad que presenta el Fondo Nacional de Recursos?

–Los trasplantes que se han hecho hasta el momento fueron gratuitos en lo que respecta a los honorarios de los médicos. Los gastos han corrido por cuenta de la Sanidad Interna y del Hospital Militar pero es una situación que no puede mantenerse indefinidamente. Creo que los grupos de trabajo, como éste, cuando se están formando, tienen dificultades y el mayor problema que tenemos es la financiación de las operaciones. En este momento el Fondo Nacional de Recursos está desfinanciado y hasta le debía dinero al Instituto de Buenos Aires.

–¿Cree que el gobierno no toma conciencia de la realidad que usted plantea?

–Hay que darse cuenta que un programa de trasplante en Uruguay es altamente beneficioso para la población, porque no tiene esperas extensas, y para el país, porque el dinero se queda acá y los procedimientos terminan siendo más baratos que mandar al paciente al exterior o mantenerlo enfermo en el país sin operarlo.

–¿El asunto también es cómo solventar los trasplantes sin aumentar las cuotas mutuales?

–La solución sería la creación de una ley que grave las bebidas alcohólicas. Cuando un enfermo se muere por una falla hepatocítica, en general el fallecimiento es después de haber provocado muchos gastos al país porque los tratamientos son muy costosos para que cualquier institución les haga frente.

–¿El fallecimiento de los dos primeros pacientes que sufrieron trasplantes puede interpretarse como que el equipo uruguayo no maneja correctamente la técnica? ¿Teme que la opinión pública pueda hacer esa lectura?

–No. Nosotros trasplantamos bien y a veces es bueno aclarar las cosas para que la gente esté bien informada. Todas las operaciones fueron un éxito y los fallecidos no murieron porque los operamos mal, no hubo un fracaso de nuestra parte sino que surgieron complicaciones posoperatorias. Nosotros somos un equipo multidisciplinario conformado por más de 40 personas, donde la mayoría fue formada en los mejores centros de trasplante del mundo.

En lo personal, estoy estudiando la técnica desde hace más de 20 años.

–¿Cómo se determina en los hechos la compatibilidad entre el donante y el receptor?

–Hay una primera etapa de diagnóstico. Después se chequea el órgano mediante una biopsia. La operación hepática es complicada por varias razones y el enfermo siempre presenta un hígado duro y retraído con mucha pérdida de sangre, lo que entre otras cosas genera una operación extensa.

Sólo los pacientes con hepatopatías terminales son los candidatos al trasplante. Una de las causas que llevan al trasplante es la cirrosis, que es la transformación fibrosa del hígado y la aparición de tumores y hemorragias, entre muchas otras.

–¿Cuándo se recurre a un donante vivo?

–Ese tipo de trasplante únicamente es posible en caso de familiares directos y comprobadamente compatibles. Habitualmente es una técnica utilizada en niños, porque el hígado se regenera. Se extrae un trozo de hígado del donante y se lo implanta al niño, esperando que se regenere y crezca con él. Los casos en que se realiza a un adulto son pocos porque una persona mayor necesita más órgano para poder vivir.

–¿Y cuál es la expectativa real de vida de quien recibe un trasplante?

–Todo depende de la enfermedad de origen por la cual se realizó la operación.

La medicación que ingiere el paciente genera posibles riesgos de infección y tumores linfáticos, así que hay que cuidarlo muy bien.

La mortandad en estos pacientes es del 10% y la expectativa de vida posoperación puede ser muy extensa y con una calidad muy buena.

–¿Qué le plantea el paciente frente a la operación?

–Cuando una persona no quiere recibir un trasplante no hay que operarlo, porque es contraproducente.

Si el enfermo no tiene confianza o tiene mucho miedo, seguramente va a salir mal. Hay que tratar de revertirle el miedo y prepararlo psicológicamente para recibir el órgano de otra persona.

–¿A los pacientes les interesa saber de quién proviene el órgano?

–Por el momento ningún paciente me ha planteado saber la procedencia del órgano que le dimos. En general, es gente muy agradecida que toma conciencia que el hígado nuevo le salvó la vida.

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