El 62% de los liceales de tercer año alcanza un buen rendimiento
¿Qué esperan los jóvenes y sus familias sobre la educación?, fue el tema abordado en un seminario organizado por la Unidad Ejecutora de los Programas de Educación Media y Formación Docente de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), que se realizó en el Centro de Capacitación y Perfeccionamiento Docente de la calle Asilo.
En la oportunidad, fueron presentados los resultados del Censo Nacional de Aprendizajes de los terceros años del Ciclo Básico de 1999.
En este estudio fue posible identificar tres áreas problemáticas: el abandono escolar, la calidad de la educación y la desigualdad educativa.
El abandono escolar alude al problema de la capacidad de retención que tiene un sistema educativo y a sus eventuales consecuencias: deserción temprana o prematura, escaso incremento de los niveles de escolarización, falta de acumulación de recursos humanos e ineficiencia del sistema educativo.
En cuanto a la calidad de la educación, se estudió el grado de aprovechamiento de los aprendizajes medido por la relación existente entre las metas del sistema y el comportamiento real de los rendimientos estudiantiles.
La desigualdad educativa se refiere a los patrones de estratificación existentes, que se expresan en logros diferenciales alcanzados por los estudiantes.
Promediando los rendimientos en las cuatro áreas básicas de conocimiento, el 62% de los estudiantes obtuvo más del 50% de los puntajes máximos establecidos (rendimiento alto y alto medio).
Esto significa que seis de cada diez estudiantes alcanzan por lo menos niveles aceptables de rendimiento en el aprendizaje.
La disciplina que presenta las mayores dificultades es Ciencias Experimentales, seguido por Matemática, Idioma Español y Ciencias Sociales.
Asimismo, el clima del hogar, medido por el nivel educativo de la madre del estudiante, permite mostrar los efectos de otra fuente importante de variación del éxito o fracaso académico.
Existe una fuerte asociación entre el clima educativo del hogar y el aprendizaje, observándose mejores resultados entre los jóvenes de madres con mayores niveles de escolarización.
Asimismo, se percibe que el contexto educativo del centro incide en los aprendizajes, en el mismo sentido que lo hace el clima educativo del hogar.
Mientras que en los centros con una composición sociocultural más baja sólo un 32,4% de los alumnos obtienen un rendimiento alto, en los centros relativamente más favorecidos la proporción asciende a 82,5%.
Aquellos jóvenes que provienen de hogares con una mayor dotación de activos educativos o insertos en un medio social de composición más favorable, están en condiciones de obtener mejores aprendizajes.
En cuanto a la incidencia de los aprendizajes en las expectativas familiares, se determinó que el 70% de las familias espera que su hijo culmine un nivel de educación terciario.
En este sentido, cabe destacar que los datos demuestran que las metas de los estudiantes parecen situarse un poco por debajo de las aspiraciones de sus padres.
Los resultados demuestran también que los jóvenes provenientes de los hogares donde se establece un consenso familiar en torno a las metas educativas, obtienen mejores resultados en las pruebas de aprendizaje.
Otro factor relevante de la investigación es que existe entre el grupo de pares del estudiante una proporción importante de jóvenes que abandonaron el sistema, lo que disminuye sus probabilidades de alcanzar rendimientos en un orden del 5%, frente a aquellos cuyos amigos continúan estudiando. Por otro lado, el hecho de que los padres conozcan a los compañeros de clase de su hijo, incrementa las probabilidades de buenos resultados.
Del mismo modo, un factor que disminuye la probabilidad de buenos resultados, es cuando el joven manifiesta una escasa valoración de sí mismo, o cuando expresa un elevado malestar en relación a su situación personal en general y en el centro educativo en particular.
Se estableció que uno de los déficit de la educación es la baja capacidad de retención de los jóvenes que tiene el sistema educativo.
En este sentido, se estableció que del total de estudiantes ingresados a la enseñanza media (séptimo año de escolarización), un 29% abandona los estudios antes de completar el noveno año y un 39% no alcanzaría a finalizar el décimo año.
La deserción no es una decisión que se toma repentinamente, sino el resultado final de un proceso gradual en el cual inciden: la sensación de malestar o disconformidad con el ámbito educativo y la educación en general, la percepción de que la inversión en educación no reditúa, una visión pesimista de la ecuación esfuerzos-logros; una débil integración al ámbito educativo, una anticipación de «roles adultos» reales o potenciales y la acumulación de experiencias de fracaso escolar y baja autoestima.
La propensión al abandono escolar demuestra que casi una quinta parte de los estudiantes de tercer año de todos los establecimientos de enseñanza media del país, apenas continuarían estudiando un año más y casi una quinta parte adicional prolongaría los estudios por tres años más.
Compartí tu opinión con toda la comunidad