Desde el asiento de los bobos

Saludenló, al hombre azul

Por Horacio Buscaglia

 

Mateo murió el 16 de mayo de 1990.

El 9 de junio de 1999, con motivo de cumplirse los 30 años de aquel emblemático espectáculo llamado Musicasión que creáramos con Eduardo, la Junta Departamental de Montevideo no sólo homenajeó a Mateo y a los «creadores de la música contemporánea uruguaya», sino que en ese acto se decidió que el 16 de mayo fuera declarado el Día de la Música Popular Uruguaya.

En representación de Mateo, de Musicasión y de aquellos tiempos iniciáticos estuvimos en la Junta: Rada, Urbano y quien esto escribe, con la presencia de Gustavo Montemurro como representante de la continuidad de aquellos mojos y de aquellos sonidos, con las nuevas generaciones.

Fue realmente emocionante escuchar a ediles de todos los partidos hablar de Mateo y de la locura de las Musicasiones.

Al final les hicimos cantar, junto a todo el público presente, «El Príncipe Azul». La Junta Departamental de Montevideo era toda ternura.

Aquella vez nadie se dio por enterado.

En el día de ayer la Junta Departamental de Montevideo le hizo un nuevo homenaje a Eduardo Mateo. Otra vez el recuerdo, la emoción y la calidez ocuparon el vidriado recinto de la Junta.

Igual que aquel 9 de junio, muy pocos se dieron por enterados.

Es que así han sido siempre las cosas con los artistas nacionales. Y en particular con los que no suelen transar con «las leyes del mercado». «Leyes» económicas y artísticas.

Eduardo Mateo es hoy un claro símbolo del artista nacional. Símbolo por su talento creador, por su intransigente deseo de búsqueda y, también, por el hipócrita tratamiento que esta sociedad le ha dado.

Mateo murió en un rincón del Hospital de Clínicas, con ropa prestada. Mateo mendigó y vendió varias veces su guitarra para poder comer o dormir bajo techo. Mateo era el «loco» que a veces divertía y a veces molestaba. Hoy podemos leer en reseñas, libros, discos y antologías ¡cuánto respeto, cariño y comprensión sienten por él connotados músicos y periodistas! Claro, Mateo tuvo que morirse para que surgieran los merecidos elogios. Famosos y exitosos músicos no fueron capaces de grabarle aunque sea un tema como para que Eduardo se ganara el pan con dignidad. Ni que hablar que grabando temas de Mateo, en realidad se estarían haciendo un favor a ellos como músicos. ¡Qué lujo habría sido tener a Mateo de «telonero»! Y qué bien le hubiera hecho a él. Porque nadie vaya a creerse la leyenda, elaborada a partir de la «cola de paja» de quienes la difunden, de que a Mateo le gustaba vivir como vivía. Para él no había nada más gozoso que ganar su sustento con su música. Muchos prefieren la leyenda, así se sienten menos culpables. Y aclaremos: es cierto que Mateo se drogaba, que no se cuidaba lo suficiente, que tenía una personalidad compleja y que solía hacerse más el loco de lo que era.

Eso sí, él sabía con quién podía actuar sin «actuar».

También es cierto que aunque todos los que hoy se dicen sus «amigos», lo hubieran sido de verdad, probablemente Mateo se hubiera muerto el mismo día, a la misma hora y con las mismas características, pero pienso que quizás se hubiera llevado menos tristeza y menos humillación.

Mateo es un símbolo del artista nacional. En todos los sentidos.

El libro que lo «llevó a la fama» no está escrito por un uruguayo, sino por un brasileño y que además lo conoció poco y no era amigo de él. Bravo por Alencar, que hizo lo que nadie hizo, pero esto es todo un símbolo ¿verdad?

Todavía hay muchos artistas que –aunque sea por vergüenza– no debemos darnos el lujo de dejarlos caer en el olvido, y no hablo sólo de los fallecidos, hablo de esos seres que nos han regalado con su maravilloso arte, lo mejor de nuestras emociones, sueños y alegrías.

Recuerdo que aquel 9 de junio en la Junta Departamental, terminé diciendo que felicitaba a la Junta por atreverse a homenajear a unos divagantes como nosotros.

Me siento orgulloso, dije, de pertenecer a una ciudad cuyo gobierno es capaz de homenajear un inconsciente acto de amor y poesía.

Hoy vuelvo a sentirme orgulloso.

Sólo espero que todos, artistas, público, medios y gobernantes, nos sintamos así y se lo demostremos hoy, ahora, a quienes se lo merecen.

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