Hoy parte el embajador itinerante
El comandante del Velero Escuela, capitán de navío Federico Lebel, nos recibió en medio del trajinar propio de la inminente partida. Criollo de mar, el mate estuvo presente durante toda la entrevista, algo que saborea con placer, el mismo que siente al hablar de todo lo referente a este viaje de instrucción.»Vamos a realizar el crucero número 21, y el primero del siglo XXI de instrucción, llevando a los 19 guardiamarinas, egresados en diciembre de 2000.
Pero a ello se suman 11 invitados especiales, conformado por un estudiante de la Universidad de la República, uno de la UTU, un oficial del Ejército uruguayo, uno de la aviación, tres oficiales europeos y cuatro latinoamericanos designados por sus propias instituciones. Ellos se integran a una tripulación de 54 hombres entre el personal subalterno y oficiales del Capitán Miranda. «Hay algo que tenemos claro todos, invitados y tripulación, este es un viaje de estudio y trabajo, de disciplina y de tareas de equipo y no un crucero de placer. Representamos al país como marinos y ciudadanos, llevando la producción fabril, artesanal y cultural que hacen nuestros compatriotas», sostiene el capitán Lebel.
La derrota
Ningún viaje de este velero tiene la misma derrota, término usado por los marinos para designar la trayectoria del viaje. En esta oportunidad la mayoría de los puertos a los que arribarán se encuentran en la zona del Mediterráneo y uno de ellos es el puerto de Trieste. El capitán Lebel sostiene que la Academia Marítima de Trieste ha sido una permanente colaboradora del nuestra Armada, aportando equipos y conocimientos para el viejo anhelo uruguayo de la plataforma continental que permitiría a nuestro país en 2004, aumentar en 200 millas la extensión de sus aguas y contar con un territorio marítimo mayor que el suelo.
También los puertos de Recife, Las Palmas, Lisboa, Rhodas, El Pireo, Mónaco, Palermo, Tenerife y Bahía serán escalas obligadas del velero uruguayo.
La oferta uruguaya En los últimos veinte años el Capitán Miranda ha adquirido un carácter emblemático para los uruguayos que sienten que este barco se ha convertido en una importante herramienta de política exterior para nuestro país y muchos gustan denominarlo «buque insignia».
«En los términos de navegación, buque insignia es aquel en donde va el comandante de la flota, puede ser un buque grande o chico — nos aclara el capitán Lebel–. Sucede que este barco es respetado con mucho cariño por la población de nuestro país. Nos representa en diversos acontecimientos diplomáticos y deportivos, pero también es vidriera de diversos productos uruguayos, a los que ahora se agregan las artesanías y obras de arte.
Siempre estamos en la tarea de mostrar lo que hacemos los uruguayos a todos los que nos visitan y esto ha dado buenos resultados, carne, vinos, textiles encuentran interesados. Allí está nuestro trabajo, facilitarle a ese interesado y posible comprador, todo, para que comience a hacer los contactos necesarios. Llevamos puesta la camiseta celeste por los mares del mundo», nos dice un sonriente capitán.
La tradición
Entre los productos que lleva el velero en sus bodegas se encuentra la infaltable yerba, no para mostrar o vender, sino para sentirse uruguayo por esos mares de Dios. También se llevan algunos instrumentos musicales, como la guitarra o una cuerda de tamboriles. Incluso entre las tareas de los dos cocineros se encuentra el de hacer todas las mañanas pan con grasa y croissant, para el mate mañanero. «Para no olvidarnos de nuestras entrañables tradiciones,» dice el capitán Lebel.
Tal vez en el momento en que el lector comience a leer esta nota, el Velero Escuela Capitán Miranda haya izado sus velas y puesto proa al puerto de Recife, primera escala de su viaje. Durante casi seis meses, 84 hombres, debajo de las blancas alas de sus velas, vivirán las alternativas de una experiencia que pocos tienen el placer y el valor de disfrutar. Volverán a tocar el puerto de Montevideo el 9 de noviembre.
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